La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde. / afp

El BCE prepara una nueva herramienta anticrisis para proteger la deuda periférica

El organismo monetario sigue sin detallar cómo será ese vehículo en concreto y confirma mayor flexibilidad en la reinversión del programa de compras de deuda de emergencia

Clara Alba
CLARA ALBA

El Banco Central Europeo (BCE) mueve ficha para evitar que el miedo al frenazo económico con el fin de los estímulos que en los últimos días ha golpeado los mercados periféricos acabe despertando viejos fantasmas de la crisis de deuda soberana de 2012.

El organismo monetario convocó este miércoles una reunión de urgencia en la que acordó reinvertir «con flexibilidad» los vencimientos de los bonos que adquirió durante la pandemia bajo el programa PEPP, por sus siglas en inglés.

Es decir, los vencimientos de esa cartera que ronda los 1,7 billones de euros se utilizarán para comprar, sobre todo, deuda de países como España, Italia o Grecia, sin que primen criterios como el peso de cada economía en la región.

La institución reconoce que la pandemia ha dejado vulnerabilidades duraderas en la zona euro, por lo que la medida se aplicará «para preservar la correcta transmisión de la política monetaria, condición previa para que el BCE pueda cumplir su mandato de estabilidad de precios».

La propia Christine Lagarde ya lanzó esta idea en la reunión del organismo de la pasada semana, consciente del riesgo que supone para estos países más endeudados la rápida subida de sus primas de riesgo, indicadores que reflejan la rentabilidad extra que los inversores exigen por comprar deuda de un país respecto a la alemana, principal referencia de la región.

«En el mercado crece la preocupación por el aumento de los costes de la deuda y la alta inflación, que pesarán mucho en el crecimiento económico, con el mayor aumento en la diferencia en los rendimientos de los bonos italianos y alemanes desde principios de 2020», recuerda Sergio Ávila, analista de IG.

En el caso español, el bono superó esta semana el 3% por primera vez desde 2014. Y la prima de riesgo ha pasado de los 70 puntos básicos a comienzos de año a los 137 puntos básicos de los últimos días.

Mayor ha sido la escalada en la referencia italiana, disparada de 160 puntos básicos a 250 en apenas dos meses.

El simple anuncio por sorpresa del encuentro del BCE provocó desde primera hora el rebote en las bolsas y una mayor calma en los mercados de deuda. En concreto, la rentabilidad del bono español a diez años llegó a bajar un 7% en los mejores momentos de la sesión, hasta el 2,81%, mientras que la prima de riesgo nacional se relajó hasta los 123 puntos básicos.

Un plan sin hoja de ruta

Los expertos, no obstante, coinciden en que no hay que lanzar las campanas al vuelo. Sobre todo porque en su escueto comunicado -de apenas dos párrafos-, el BCE no ha dado ningún detalle sobre la herramienta con la que se intentará evitar el descontrol de los mercados de deuda.

El organismo confirmó que ha dado el mandato a sus comités para «acelerar el diseño de un nuevo instrumento» de 'antifragmentación'. ¿El problema? Que no se sabe ni el vehículo concreto, ni cómo, ni cuándo lo implementará. Los analistas de la gestora DWS apuntan, además, a que «esto debería dar al BCE la oportunidad de subir los tipos de forma más rápida y agresiva», anticipando que el organismo podría detallar su nuevo instrumento ya en julio, cuando se prevé el primer alza del precio del dinero desde 2011.

Los movimientos a partir de ahora tendrán que ser medidos al milímetro. Sobre todo en un entorno en el que la Reserva Federal (Fed) estadounidense va muy por delante en este nuevo ciclo. Y es que el miedo a que los esfuerzos de los bancos centrales por frenar una inflación desbocada terminen por dañar la recuperación pueden seguir causando estragos en los mercados.

Es evidente que el recuerdo de la Europa a dos velocidades que se vivió hace una década -con España, Italia, Grecia y Portugal completamente fuera del radar de los inversores- está lejos de repetirse. Pero Lagarde es consciente de que los mercados son imprevisibles. Y de que, tras años de políticas expansivas, el BCE no dispone del mismo arsenal con el que contó en aquel momento Mario Draghi para salvar la situación.