El sector lleva meses reclamando mayor apoyo de las administraciones para poder sobrevivir a la actual coyuntura. / C7

Los ganaderos advierten de un invierno «sin alfalfa»

La sequía en la península ha reducido los pastos y llevado al sector a nivel nacional a tirar de alfalfa, disparando la demanda y los precios

Silvia Fernández
SILVIA FERNÁNDEZ Las Palmas de Gran Canaria

La crisis del sector ganadero de Canarias se agrava a consecuencia de la sequía de los últimos meses en la península y que ha recortado de forma sustancial la producción de pastos y forrajes.

Los ganaderos penínsulares se ven obligados a tirar de alfalta y como bien es sabido, a igual oferta y más demanda, los precios que ya estaban disparado suben aún más. Para este invierno, sin embargo, el problema fundamental no parece que vaya a ser el precio sino la falta del producto. « Va a haber una escasez y eso es muy peligroso«.

PROBLEMA QUE SE AGRAVA

  • Costes La sequía en la península ha recortado la producción de pastos en la península y llevado a los ganaderos peninsulares a tirar de alfalfa, con lo que la demanda crece

  • Problema El aumento de la demanda está tirando al alza de los precios. En marzo la tonelada de alfalfa costaba 300 euros, tres meses después, eran 350 y ahora está a 480 euros.

  • Leche El sector advierte de que el problema este invierno no serán los altos precios sino la falta de alfalfa. Alimentar con otro producto recortará la leche.

La cosa pinta grave», indica Omar Viña, el vicepresidente de la Asociación Empresarial de Ganadería e Industrias Lácteas de Canarias (Aegil).

Según explica, o las a dministraciones se involucran «de verdad» con el sector o sencillamente van a empezar a desaparecer explotaciones ganaderas en las islas ante una situación « insostenible». Viña señala que hoy un 30% de los animales está yendo al matadero ante la incapacidad de los ganaderos de alimentarles y la situación «va a ir a peor».

«El que cierre no va volver a abrir», advierte. La tonelada de alfalfa estaba en marzo a 300 euros; tres meses después costaba 350 y en las últimas semanas, ha consecuencia de la sequía y la falta de pasto en la península se ha disparado hasta los 480 euros.

«El problema en 2023 es que no vamos a tener para dar a comer a los animales», indica Mario Rodríguez, propietario de una pequeña explotación ganadera en Gran Canaria y miembro de Aegil.

Desde esta organización se ha emprendido toda una cruzada a nivel de las administraciones de cara a lograr el mayor apoyo posible para sobrevivir a esta coyuntura.

En las últimas semanas sus representantes han mantenido encuentro con los cabildos y el Gobierno de Canarias para lograr que a nivel nacional se haga presión de cara a lograr que se amplíen los plazos de las ayudas reconocidas para el sector en el marco de la guerra de Ucrania y también los topes. Hasta ahora se conceden como máximo 35.000 euros por explotación agrícola y hasta el 31 de diciembre. «La situación actual y las consecuencias que ha generado no se van a resolver en diciembre», advierte.

Desde este colectivo también se está reclamando a los cabildos que unifiquen las ayudas que dan al sector para evitar la « competencial desleal» que se está dando entre productores de las distintas islas. Según indican, los cabildos de Tenerife y La Palma son las que menos ayudan a sus ganaderos. «Si unos cabildos pueden ¿por qué otros no?», se pregutna Viña.

Según indica, Lanzarote es la isla que más ayuda da, con un importe de 400 euros por unidad ganadera mayor (UGM); en segundo lugar se sitúa Fuerteventura, con 360 euros por UGM y a continuación, Gran Canaria, con unos 200 euros de UGM.

El Hierro da 259 euros por UGM pero a esto hay que sumar otros 200.000 euros al sector lechero y que aumenta en 10 céntimos por litro el precio de la leche que el ganadero. En cuanto a La Palma y Tenerife apenas llega la ayuda a los 100 euros por UGM.

«Esta diferencia de ayudas provoca competencia desleal entre los propios productores, ya que a unos les sale más barato producir que a otros», añade Rodríguez.

Viña insiste en la necesidad, en este contexto, de revisar las ayudas del REA y distribuir las de aquellas partidas que no se van a agotar a final de año y destinarlas a las vinculadas a la alimentación animal «que siempre se acaban». Según explica, hay partidas como las del ensilado, que es un producto utilizado para dar de comer a los animales sobre todo las vacas, que se agotaron en junio.