El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi. / EFE

Garamendi, reelegido en la CEOE, avisa al Gobierno de que tiene difícil su apoyo

El empresario vasco vence a su rival, Virginia Guinda, con un respaldo de más del 80% de los votos, pide «unidad» y promete «transparencia»

Lucía Palacios
LUCÍA PALACIOS Madrid

Antonio Garamendi (Vizcaya, 1958) seguirá al frente de la CEOE otros cuatro años. Las elecciones celebradas este miércoles en la patronal han dado una amplia mayoría al empresario vasco, que consiguió 534 votos de un total de 643 emitidos, más del 80%. No ha habido sorpresas en la votación ni cambios de última hora y el respaldo a la vicepresidenta de la patronal catalana, Virginia Guinda, ha sido poco más que testimonial: 87 papeletas a favor (45 procedentes de su propia organización, Foment del Trebal), lo que supone solo un 13% de respaldo.

Tampoco ha calado el voto en blanco, únicamente 14, pese a que se había promovido en las últimas semanas dentro del sector crítico que tampoco es afín al catalán. En definitiva, suman 101 papeletas manifiestamente contrarias a Garamendi, poco más del 15%, lo que reflejan un cierto grado de oposición interna dentro de la propia organización, sí, pero que no ha resultado ser demasiado relevante (fuentes de la patronal lo cifraban en 20%, barrera que sería peligrosa traspasar).

«Hemos votado a Antonio, pero con menos alegría y entusiasmo que la primera vez», reconocieron a este periódico varios socios de la patronal. Además, se registró un porcentaje de abstención de casi un tercio de los electores (estaban llamados a votar 789 vocales), aunque desde la CEOE aseguraron que esto es habitual al exigirse el voto presencial y tener muchos que venir de todos los territorios de España. Es más, calificaron la participación de «todo un éxito».

En cualquier caso, Garamendi –que fue largamente aplaudido al proclamarse ganador– ha tomado sin duda nota de ese malestar que, en mayor o menor grado, existe dentro de la propia organización, como refleja el hecho de que la palabra que más utilizó durante su breve discurso de proclamación fue «unidad» y prometió a su vez «transparencia» para este nuevo mandato, una de las acusaciones contra él que hizo Guinda durante su campaña. «De aquí tenemos que salir unidos. Nos necesitamos todos, sobre todo ahora que vienen años difíciles», resaltó.

Reconocido amante de la música, el empresario vasco –aprovechando que el acto se celebraba en el Auditorio Nacional de Madrid– se presentó como «este humilde director de orquesta» que trabajará durante los próximos cuatro años para «dar la nota pero bien» y que «todos los instrumentos funcionen a la vez, que es cuando realmente la orquesta, el director y los instrumentos son imbatibles».

Exige «estabilidad jurídica»

Garamendi llegó a la presidencia de la CEOE -a la que están afiliados tres millones de empresas y trabajadores autónomos- en noviembre de 2018 por aclamación, puesto que en esta ocasión (y como suele ser habitual en esta organización desde su fundación en 1977) no tuvo otro rival y ni siquiera hizo falta votar. Pero lo logró al segundo intento, puesto que también se presentó a las elecciones de 2014 que ganó el que era su entonces presidente Joan Rosell.

Durante esta etapa el empresario vasco siempre ha exhibido la moderación y lealtad institucional como principal bandera, lo que le ha ayudado a alcanzar catorce acuerdos con el actual Gobierno de Pedro Sánchez, algunos de ellos tan importantes como la primera subida del salario mínimo (las dos restante no han contado con su respaldo), la reforma laboral, la primera fase de la reforma de las pensiones, la ley 'rider' o los ERTE, entre otros.

Precisamente este gran número de acuerdos con un Gobierno formado por «comunistas» -según recalcan algunas fuentes de la CEOE- ha generado malestar en la CEOE, que acusan a Garamendi de ser excesivamente blando en las negociaciones, no defender con uñas y dientes los intereses de las empresas y pecar de cierta complacencia.

Por ello, el nuevo presidente presentó 48 horas antes de la votación un amplio programa para desarrollar 160 medidas concretas a lo largo de estos cuatro años de mandato que tiene por delante.

La subida de los salarios y las pensiones, sus primeros retos

Los retos que tiene por delante Antonio Garamendi en estos nuevos cuatro años al frente de la CEOE son muchos y de gran calado, más en este escenario de crisis económica que se ha desatado con la guerra en Ucrania, con el riesgo de una recesión a las puertas y unas empresas que, cuando a duras penas se habían recuperado de la pandemia, ven cómo sus costes se están disparando a consecuencia del alza de precios y de los nuevos impuestos puestos en marcha por el Gobierno.

La mesa del diálogo social, que estaba paralizada por estas elecciones, está esperando para volver a reunirse y abordar temas tan importantes como la reforma de las pensiones, la subida de los salarios (incluido el salario mínimo) y el estatuto de los becarios, cuestiones que deberían resolverse antes de que termine el año.

Pero también tendrá que aplacar las voces críticas dentro de la organización, para lo que será necesario mejorar las relaciones que tiene con la patronal catalana Foment del Treball, cuyo presidente, Josep Sánchez Llibre, se ha mostrado especialmente beligerante contra el empresario vasco.

Antonio Garamendi, que llegó a la presidencia de la CEOE en noviembre de 2018 al segundo intento (también se presentó a las elecciones de 2014 que ganó el que era su entonces presidente Joan Rosell), siempre ha exhibido la moderación y lealtad institucional como principales bandera. Esto le ha ayudado a alcanzar catorce acuerdos con el Gobierno de Pedro Sánchez, algunos tan importantes como la primera subida del salario mínimo (las otras dos veces que se ha elevado no han contado con su respaldo), la reforma laboral, la primera fase de la reforma de las pensiones, la ley 'rider' o los ERTE, entre otros.

Precisamente este gran número de acuerdos con un Gobierno formado por «comunistas» –según recalcan algunas fuentes de la CEOE– ha generado malestar en la CEOE, donde un sector crítico acusa a Garamendi de ser excesivamente blando en las negociaciones, no defender con uñas y dientes los intereses de las empresas y pecar de cierta complacencia.