Un funeral a una semana del derbi

10/12/2018

Nuevo fiasco de una UD que sigue empeñada en decepcionar a todos y que encadena ya siete encuentros consecutivos sin conocer la victoria. Paco Herrera suma ya más derrotas que puntos tras su regreso y no encuentra la tecla adecuada. Álvaro Lemos, inconmensurable ayer, y Fidel, que esperó turno en la segunda mitad, fueron los mejores. De resto, errores y despropósitos varios.

Cuando todos pensaban que nada podía ir peor, va la Unión Deportiva y vuelve a mostrar su peor faceta. Aquella que se marcha vapuleada de distintos puntos del mapa. La misma que, con un Ferrari, parece que conduce un Fiat Panda. Anoche hubo fiesta en Lugo. Y no precisamente tuvo olor a carnaval. Las Palmas, que por mucho que por tramos mejorase su imagen, no se cansa de exhibir su cara más endeble. Repleta de errores de bulto y de los que no se perdonan, puso la alfombra roja a un rival que se dio un festín goleador –hasta ayer era el tercer equipo que menos tantos había anotado de la categoría–. Y todo esto a una semana del derbi canario. Con la soga al cuello, novena y a seis puntos de la promoción de ascenso llegará la UD.

Sorprendía Herrera con su once titular y mucho más una vez Milla Alvendiz pitaba el inicio. Lo que parecía una defensa de cinco futbolistas se convertía en un 4-3-3 con Álvaro Lemos ejerciendo de puñal en la banda. Y no le fue mal en los primeros minutos de juego a la Unión Deportiva. Con David García cerrando el carril derecho y el propio Lemos encarando sin miedo a Kravets, el dibujo y las sensaciones transmitían energía positiva. Eso sí, el primer susto llegó para el conjunto isleño, que se quedó helado cuando, en una falta lateral, Iriome remató absolutamente solo en el segundo palo. Por suerte, su cabezazo se fue al césped y, en el bote, el balón se marchó por encima de la portería defendida por Nauzet Pérez. En diez minutos ya se había atacado sobre ambas porterías. Las Palmas buscaba profundidad y el Lugo trataba de contragolpear con sus velocistas.

Pero ese aire fresco que corría a orillas del Miño se convirtió en una nueva hemorragia para el cuadro isleño. Una jugada trenzada en la frontal acabó en disgusto letal. Cristian Herrera filtró un pase de manual a la espalda de la zaga y Deivid, que no había leído el pase, cometió la torpeza de irse al suelo con todo. Penalti, cartulina amarilla, gol y otra vez a remar a contracorriente. El cuento de nunca acabar. Como si de una película monótona se tratase, los errores de alevines seguían saliendo a relucir. Lo del año pasado aún continúa vivo. Un fantasma que hace que las piernas insulares tiemblen y las de los rivales vuelen.

Con el gol, se lo creyó el Lugo. Un disparo seco y potente de Escriche hizo que Nauzet se estirase y evitase el segundo tanto rojiblanco. Esa parada dio alas a una Unión Deportiva que no podía permitirse otro desliz.

Las embestidas de Lemos por el carril derecho, que una vez tras otra maltrataba la cintura de Kravets, eran un dolor de cabeza para la retaguardia lucense. Y, tras un saque de esquina botado por el lateral gallego, llegó el empate. La suerte le debía una a Las Palmas. Momentos antes, se había pedido gol de Rubén, pero la sacó el meta en la línea. Ya a la siguiente no iban a perdonar los de Herrera. El balón se le quedó muerto a Cala e hizo lo que mejor sabe hacer: tirar de corazón. Dicho y hecho. Su misil se fue al fondo de la red y el conjunto grancanario explotó de alegría. Se quitaba una carga de encima y volvía a creer en las posibilidades de victoria.

Una fe inquebrantable que duró lo que quiso Cristian Herrera. El canterano de Las Palmas tenía una cuenta pendiente con la Unión Deportiva y anoche se desquitó. Un rebote, que le tocó en la pierna, acabó besando las mallas que defendía Nauzet. La suerte volvía a girarle la cara al equipo insular. 2-1 y tocaba volver a empatar el choque.

Cuando los grancanarios buscaban igualar la contienda, Cristian Herrera, inconmensurable, casi sentencia el encuentro. Galopó el ariete del Lugo en un esfuerzo sin fin. Inició en el centro del campo, tras un contragolpe, y llegó hasta línea de fondo, dejando a Deivid en el camino y estrellándose con Nauzet. El meta salvó el tercero y la UD se fue al túnel de vestuarios con el miedo metido en el cuerpo.

Inmersos en ese pánico, llegó otra puñalada. Nada más salir de la caseta, Lazo sacó la varita y destrozó con bicicletas a su par, filtró un pase al espacio en el momento perfecto y apareció Escriche para batir a Nauzet por bajo.

Con miedos, complejos y plagada de inercias negativas, la UD se abría en canal para que el público del Ángel Carro disfrutase con los suyos en una campaña en la que no estaban para fiestas.

Aun así, no iba a arrojar la toalla el cuadro isleño. Un centro de Lemos, que no cesaba en su empeño de ser el mejor de verde, llegó el tanto de Maikel Mesa. El tinerfeño se descolgó por el área, que es donde realmente hace daño, y sacó el martillo que tiene en su cabeza para recortar distancias en el electrónico.

Insistían los de Paco Herrera y lo hacían por la banda derecha, ya con Lemos situado como lateral diestro. Otro centro del gallego, esta vez para el remate alto de Rubén Castro. El hielo cambiaba de equipo y se instalaba en los locales, que sentían que los insulares despertaban del letargo. El choque se convertía en un correcalles y el poste escupía el empate. Una pérdida en zona de tres cuartos del Lugo, que cayó en botas de Rubén, silenció el estadio. El de La Isleta esperó el momento exacto para filtrar un pase a Sergio Araujo, que destrozó a su defensor con un quiebro magistral, pero se estrelló con la madera. En las idas y venidas podía pasar cualquier cosa. De hecho, Herrera tuvo el gol de la sentencia, pero Dani barrió antes de que chutase a portería.

En el minuto 68 ya jugaba con bandas la Unión Deportiva. A Paco Herrera no le quedaba otra. Fuera Timor, dentro Danny Blum. Con el alemán en la izquierda y Fidel en la derecha trataba Las Palmas de darle la vuelta al marcador. Galarreta y Mesa ocupaban la sala de máquinas, peleando con la fatiga y el cansancio. Podía pasar cualquier cosa. La diosa fortuna echaba un cable a los grancanarios y, como anteriormente pasara con el disparo de Araujo, el travesaño impedía que subiese otro tanto al electrónico. Escriche, que un segundo después fue sustituido, no pudo celebrar su fantástica actuación con un doblete.

Al final, el Ángel Carro saltó, bailó y, cómo no, sonrió. Se puso en pie todo el campo para despedir al grancanario Cristian Herrera, que se marcó el partido de su vida. Otro isleño, Iriome, terminó de meter el dedo en la yaga con un auténtico golazo. El tinerfeño se sacó un latigazo con la diestra desde fuera del área que entró tras besar el palo derecho que defendía Nauzet Pérez y sentenció el encuentro.

Mientras los locales se marcharon pletóricos, los futbolistas de la UD sacaban a relucir cara de entierro. Y no es para menos. Con el de ayer son ya siete encuentros consecutivos sin saber lo que es ganar y, por si fuera poco, Paco Herrera suma ya más derrotas que puntos al frente del conjunto grancanario.