Una noche de fatalidades para la UD (0-1)

15/01/2020

Un porrón de ocasiones que se perdieron en la intrascendencia, el golpe de fortuna aliado con el rival, que cantó bingo con muy poquito, y el ojo fino del árbitro, refractario al VAR en área visitante y, también, en la propia cuando señaló un penalti que admite debate, condenaron anoche a la UD frente al Zaragoza. Se juntaron mil y una fatalidades para hacer imposible el triunfo, merecido si se hace recuento de oportunidades en un partido que nunca debió acabar con este signo. El caso es que todo se decidió por cuestión de milímetros, los que le faltaron para embocar alguno de los infinitos remates que se dieron en el rectángulo de Cristian Álvarez, al que le sometieron a un bombardeo del que escapó de milagro. No se trata de sacar un excusario barato y lacrimógeno. Llegó y lo intentó más la UD, puso hasta más sudor y decoro. Enfrente, un Zaragoza especulador y ahorrativo y que maximizó sus esfuerzos como hacen los candidatos. A la mínima, al cuello.

Duele el tropiezo y sangran sus consecuencias clasificatorias, ahora que parecía el momento de meterle la tijera a los que andan por arriba, Zaragoza mismamente. Pretendía Las Palmas asentar su posición y terminará la jornada en retroceso, un poco más lejos de algo que lo tenía al alcance. Es el precio de transitar ya en la segunda vuelta del campeonato, con toda la trascendencia redoblada para bien y para mal. Se está en tiempo de todo, sí. Pero estas curvas del calendario te disparan o te enredan en el laberinto. Tres jornadas consecutivas sin ganar y dos puntos de los últimos nueve tienen su peaje.

Poco o nada lució la UD en el primer acto. En realidad el partido no estaba para nadie, cómodo un Zaragoza reservón ante el fútbol de pausa y horizontalidad que se impuso. Huérfano de Varela, que se cayó a última hora por la plaga bíblica de lesiones que no cesa, a Mel le faltó faro ofensivo, no hubo violín ni rima. Permutas en las bandas con Pedri y Benito intercambiando cal, esfuerzos de Kirian, rol obrero de Araujo, retrasando metros para activar al resto... Nada despeinó a la zaga del Zaragoza, a sus anchas, por no hablar del portero, inédito salvo para recepciones y despejes. Que Valles y Mantovani fueran los jugadores con más intervenciones de la UD en las iniciaciones ilustra el perfil del encuentro, de jaqueca para el espectador y muy a la medida de la categoría, en la que las prevenciones comienzan a sepultar el talento. Es probable que el visitante viniera a no perder y, entre su acumulación de gente detrás de la pelota y las incapacidades de la UD, el plan le resultó impecable.

Siempre en zonas tibias, con muchísimos metros por recorrer, las acciones se desarrollaron sin pisar las áreas. Mal negocio para una UD a la que le va la marcha y que se maneja mejor en el intercambio de golpes. Eso de rivales posicionados y bien cosidos no termina de descifrarlo bien ahora que falta Viera y con Varela fuera de combate. Bien que se notó porque faltaron voluntarios para meterle verticalidad al asunto. Un tiro errático de Benito y un centro pasado de Pedri quedan como únicas excepciones en la espesura. Por los dominios de Valles, nada de nada. El reloj alcanzó el descanso al trote y sin electricidad. No se cuestionan esfuerzos e interés en la UD, pero no hubo alternativa que funcionara y la selva de piernas del adversario se le hizo imbatible.

Pero sí, la corneta sonó a la vuelta de la tregua y la segunda parte arrancó a ritmo guerrero. En sus cinco minutos se contabilizaron hasta cuatro oportunidades de relevancia, poste y paradones de regalo. Una doble de la UD para abrir las hostilidades, con punterazo de Fabio y empeine suave de Mantovani, requirió la presencia de Cristian Álvarez, toda una noticia. Fueron remates centrados, sin potencia, fáciles a sus guantes. Pero animaron al personal.Claro que el Zaragoza no se rajó y respondió. Puado se marcó un jugadón que no culminó de milagro, con Valles estirándose a ras de suelo para una parada estupenda. A la salida del córner, entre Atienza y Mantovani la mandaron a la madera. Todo comprimido, sin reservas y pecho descubierto.

El encuentro ya se había sacudido los complejos y ofrecía alternativas, espacios, opciones en estático y al contragolpe. También con hueco para el error, como el que le pudo costar a la UD el 0-1con Valles regalando el balón a Kagawa en su intento de sacarla desde el fondo. Kagawa le encaró y el portero, inmenso, tuvo el cuajo de evitar el penalti para rebañar el cuero con precisión quirúrgica. Lo que apuntaba a trastada terminó en ovación de la grada a la madurez de su portero en una situación límite. Sin caretas, se desató la batalla por el premio gordo y de justicia es resaltar que puso más Las Palmas, que a base de insistir, más por orgullo que por acierto, terminó reduciendo al visitante. Kirian, con un testarazo a las manos del portero, añadió otra más.

En el alboroto, el amarillo comenzó a inundar todos los sectores y terminó en martillo. Araujo tuvo dos inverosímiles, de las que antes mandaba adentro sin pestañeo, y a Pedri le obsequiaron con un balón en la frontal, con todo para elegir el sitio para colocarla. Sin pulmones ya de tanto correr, el tinerfeño optó por chutar al muñeco. Achicaba agua el Zaragoza que, a buen seguro, habría firmado no perder cuando se vio sometido a un meneo de cuidado. Pero escapó con vida, en una contra que largó, con rebote de por medio, cazó un penalti de los que alimentan la moviola y no perdonó desde el punto fatídico. Un golpe mortal para la crecida de Las Palmas, a la que, ya en adelante, le quedó el recurso de la tremenda para buscar el mal menor.

Fueron minutos de desorden, con el cronómetro apretando y el forastero manejando códigos ganadores, rompiendo ritmos y congelando ánimos. Pekhart, calzado arriba y a la desesperada, se unió a la causa y erró la que tuvo, en boca de gol, batido el portero y con el balón pasándole de largo en una prolongación que pretendió y que nunca se dio. Anoche no hubo manera. Faltaron goles y sobraron lamentos. Fútbol.