Fútbol: Primera División

Ganar o certificar la defunción

22/04/2018

Esta tarde posiblemente sea la última vez que la UD se juegue algo en Primera División. Recibe al Alavés con el único objetivo de aplazar como mínimo hasta mañana su descenso matemático al infierno de Segunda. A los amarillos solo les vale ganar, aunque el triste premio será, simplemente, el de alargar una muerte anunciada.

Se recuerdan con nostalgia las inocentes lamentaciones de los amarillos durante la recta final de la temporada pasada. Con el equipo en tierra de nadie, se echaba de menos objetivos por los que luchar y se veía con rabia el no haber peleado hasta el final por entrar en Europa. El curso se hizo demasiado largo y solo se pensaba en el comienzo de un nuevo año en el que aspirar a cotas aún mayores. Pobres ilusos.

Ahora la campaña vuelve a hacerse interminable. Pero en esa ocasión, sí hay argumentos más que suficientes por el que hacer un drama. Con el encuentro de hoy, quedan cinco jornadas y, de nuevo, no hay meta que alcanzar. La Unión Deportiva descenderá. Puede que a las 19.15 horas, o puede que dentro de algunas semanas. Pero descenderá. El milagro ya no se tiene ni como posibilidad más remota.

Empatar o perder significaría estar en Segunda

Para empezar, el representativo tendría que ganar todo lo que le queda, que el Levante no consiguiera ni una victoria y, como mucho, que empatase dos partidos. Y aún así dependería del Deportivo.

Ciencia ficción para un equipo que no consigue los tres puntos desde el 1-0 al Málaga hace dos meses y medio. La sensación es que la UD, ahora mismo, no es capaz de ganar a nadie. Todo apunta a que el Estadio Gran Canaria acogerá, por primera vez en su historia, el descenso de los suyos. Una pérdida de categoría que no se produce en la isla desde el año 83 y que, 35 años después, puede volver a producirse.

Ganar o certificar la defunción

Con Jémez habiendo hecho la cruz a varios de sus mejores jugadores (a otros directamente los echó del equipo), el once que se jugará la humillación y afrontará uno de los días más triste de la historia contemporánea de Las Palmas, no será ni el más competitivo ni el que puede ofrecer más resistencia. Eso ya quedó en un segundo plano Chichizola, Tana o Toledo no cuentan. A Bigas y a Peñalba ya no se les espera. Habrá que jugar con lo que quede, aquellos que no hayan tenido desplantes con el técnico. Ese es el mayor mérito que pueden hacer los jugadores para ganarse un puesto en la alineación. Aunque viendo el panorama, probablemente no suponga ningún premio.

Se le quiere ahorrar a la afición la humillación del descenso

Enfrente estará un rival al que se le mira con envidia y celos. Un Alavés que llegó a estar más hundido incluso que la UD, pero que supo reaccionar a tiempo con Abelardo como autor intelectual del milagro. Al profesional cántabro no le hizo falta llegar a Vitoria con aires altivos ni amenazas de sargento hierro o fanfarroneos varios. Aterrizó en silencio y se dedicó a trabajar. El premio fue salir del lodo y terminar disfrutando de una temporada plácida y sin agobios.

Felicitaciones a él y al coqueto equipo. Y los dirigentes del nuestro, a tomar nota. Ese es el verdadero ejemplo a seguir, sin necesidad de grandes nombres ni proclamas grandilocuentes. Aunque ahora, lo primero, será construir un proyecto más humilde todavía con el que salir cuanto antes de la categoría de plata. Esa es la verdadera realidad, y no el partido de hoy, ni el de la semana que viene. La campaña, igual que la Primer División, hace tiempo que terminó para Las Palmas.