El último servicio de Pedri

Ignacio S. Acedo
IGNACIO S. ACEDO

Si nada se tuerce y todo transcurre con normalidad, a Pedri le quedan once partidos con la camiseta de la UD. Exactamente los que restan para finalizar el calendario de Segunda que se pretende completar a partir de junio. Porque sus opciones de continuar la próxima campaña en nómina, ya fichado por el Barcelona y con una cotización disparada, le sitúan jugando en la máxima categoría cuando cumpla la mayoría de edad en noviembre, sin descartar que se pueda hacer sitio en la disciplina azulgrana. Palabras mayores pero que él mismo se ha encargado de alimentar con manifestaciones públicas más que explícitas. «Pienso que encajo muy bien en el juego del Barça y creo que haría una buena pareja con De Jong», afirmó la semana pasada en una declaración de intenciones reveladora. Pero más allá de sus legítimos sueños de grandeza, Pepe Mel, su descubridor y mentor, el que tuvo agallas para meterle en la rueda con 16 años, espera un último servicio por la causa de su parte. Que Pedri vuelva a ser Pedri antes de despedirse, lo cual daría un diferencial de calidad al equipo. Incluso con opciones de meterlo en luchas mayores a la mera permanencia.

Fue el propio Mel quien admitió que Pedri había perdido frescura a cuenta del calendario que arrastraban sus piernas adolescentes. En la temporada de su debut, además de varios compromisos amistosos con las categorías inferiores de España, lleva un Mundial sub-17 en Brasil y hasta 27 encuentros oficiales, entre Liga y Copa, con la UD, habiendo sido titular en todos, con la única excepción de la eliminatoria copera en Badajoz. O lo que es lo mismo, siempre que ha estado disponible, entró desde el primer minuto, completando dieciséis actuaciones. Una sobrecarga de responsabilidad, viajes y presión para alguien que hace un año competía en categoría juvenil y que ha protagonizado un salto meteórico. Normal, a ojos de Mel, que viniera demandando un descanso que, por circunstancias del guion, resultó inviable. Sencillamente, y a falta de Viera, Las Palmas no podía permitirse el lujo de prescindir de su futbolista de mayor talento. Y, con todo, y hasta el parón forzado por la crisis del coronavirus, enganchó tres meses sin victorias. Esa pausa para coger impulso jamás se dio.

El atacante tinerfeño, además, no marca con la UD desde inicios de octubre, cuando anotó en el campo del Lugo. Su fuerte no radica en la finalización, pero es significativo que haya perdido puntería cuando se mueve con libertad por el frente ofensivo. Una metáfora, en suma, de los efectos de no haber dosificado esfuerzos. De manera inesperada, cesó el atropello de partidos con la crisis del coronavirus y, para los pulmones de Pedri, estos dos meses de obligadas vacaciones han procurado una bomba de oxígeno que ha de elevar su ascendente. En los parámetros que manejaba el cuerpo técnico a inicios de marzo los indicativos no podían ser más preocupantes con la joya de Tegueste: acabaría fundido si no paraba, con el riesgo exponencial de lesiones cada vez que saltaba la terreno de juego. Ahora las previsiones han cambiado radicalmente y, con el entrenamiento que está llevando, la motivación que acumula por lucir de nuevo y el hambre de minutos, Mel y sus auxiliares aguardan a ese Pedri que deslumbró en el tramo inicial del curso y que ahora quiere volver. Está en ello.