Coco, en un entrenamiento con la UD Las Palmas. / ud las palmas

Coco luce en el escaparate: intocable en la UD y con ofertas del extranjero

El internacional por Guinea y canterano sigue creciendo como ha demostrado en el arranque de esta temporada. Cotiza al alz

Ignacio S. Acedo
IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

El rendimiento notable del frente ofensivo de la UD, los fichajes de renombre empezando por Vitolo y terminando por Sandro y la buena prestancia colectiva, cuatro de seis puntos, han restado cierto foco a un jugador que, consolidado ya en los esquemas de García Pimienta, figura en el escaparate por rendimiento, progresión y poderes: Saúl Coco. El central lanzaroteño de 23 años, con contrato hasta 2025 e internacional absoluto con Guinea, lo que adorna más su cotización, es uno de los futbolistas en los que más esperanzas hay depositadas para la temporada recién comenzada.

Lo sabe mejor que nadie García Pimienta, quien le hizo sitio en sus planes en el tramo final de la campaña pasada hasta que una inoportuna lesión de hombro le quitó de circulación, y ahora ha vuelto a repetir plan con él, pasando de la suplencia en la primera jornada con el Zaragoza a darle galones en el once ya en la visita al Málaga y con un tal Rubén Castro como peligro a vigilar. Y es previsible su continuidad entre los elegidos. Se lo ha ganado.

Coco respondió desde su solvencia habitual, sin alardes pero con el aplomo que corresponde a un zaguero, impecable en colocación, anticipación y lectura de los tiempos y la acción . No es Coco un defensor estridente, que necesita dejarse ver para probar su virtudes.

Poderoso por arriba, veloz en carrera, con gran manejo del balón y capacidad de iniciar jugada o no escatimar en contundencia si procede, el lanzaroteño , salido del caladero del Marítima y con paso cadete y juvenil por la base de Espanyol, sabe que está ante su gran reválida, una campaña 2022-23 en la que debe confirmar sus condiciones y adquirir esa regularidad que se le ha venido resistiendo desde que debutó, en diciembre de 2020, con el primer equipo en un partido de Copa del Rey frente al Varea de La Rioja.

Su tope de encuentros en una temporada con la UD está en los 12 que tuvo con Pimienta a los mandos. Antes, en el año y medio previo, apenas otros cuatro. En contraste, ahora suma pleno en el pequeño tramo transcurrido del calendario y apunta a establecerse para no salir más de la foto de habituales. Dicen que la Copa África, celebrada en enero y en la que lideró la retaguardia de Guinea y salió reforzado, llegando a los cuartos de final, le hizo coger carrerilla porque lo cierto es que, desde entonces, aparcó su rol de secundario.

Centrado en su oficio, meticuloso, de vida ordenada y enfocada al balón, pasión arraigada en la familia (hijo, sobrino y hermano de futbolistas), en su entorno cercano destacan la enorme mentalización y que le ha permitido superar momentos delicados. A los ciclos inevitables de no tener la confianza del entrenador de turno, también suma experiencias traumáticas. En febrero de 2020, jugando con Las Palmas C, sufrió una brutal caída en el campo del Tacoronte, impactando con un muro, que obligó a parar el encuentro cerca de 40 minutos y saldada, milagrosamente, con una doble fractura de muñeca cuando, a la luz de las imágenes, se temió algo mucho peor.

Y en su estreno en el Gran Canaria, frente al Rayo Vallecano en Liga, Mel lo situó como lateral derecha y vivió un tormento, superado siempre y con todos los ingredientes para que no se levantara del impacto negativo.

No solo lo ha hecho, superando adversidades, sino que ha despertado el interés de varios clubes extranjeros que lo tienen monitorizado, señal de que no se han equivocado los que han apostado siempre por él. La UD, mayormente.