600 veces Miguel Ángel Ramírez

09/11/2018

El presidente de la UD cumplirá en la tarde de este sábado, en el partido ante el Elche, una cifra mágica con la que hace historia en un club por el que lo dio todo. Todo un hito que le sitúa como el primer mandatario en alcanzar este listón

El Miguel Ángel Ramírez vivirá el sábado, en el palco del estadio Martínez Valero, con motivo del encuentro que enfrenta a la UD con el Elche, su partido número 600 como presidente del club. Todo un hito que le sitúa como el primer mandatario de los 69 años de historia del escudo que alcanza este listón y que habla a las claras de la vigencia de su liderazgo y proyecto. Porque si algo ha caracterizado su larga y fecunda etapa en la zona noble, ha sido la reinvención constante y el afán de mejora y perfección y un carácter visionario indudable, siempre con el foco puesto en la salvaguarda y prosperidad de los recursos propios, la estabilidad integral y el respeto a los valores heredados. A un lado, trece años y cuatro meses de gestión y gobierno que han marcado la cronología contemporánea de la entidad, capitalizada y con una salud financiera e institucional sin parangón. Al otro, el desafío de un futuro que permita restituir la plaza perdida en Primera, para lo que se ha confeccionado una plantilla de contrastada calidad, y la cima a punto de hollarse de una Ciudad Deportiva que vendrá a saldar una deuda nunca antes satisfecha y que blindará la pervivencia de una de las esencias propias: la cantera.

«Dabas al interruptor y no había luz. Ibas al lavabo y tampoco salía agua». Así describe el panorama que encontró Ramírez la primera vez que pisó la antigua sede de Pío XII a finales del año 2004, cuando el juez Cobo Plana ya le tenía en mente como figura salvadora en plena efervescencia del proceso concursal iniciado, contrarreloj, para evitar una liquidación cantada. Una UD en Segunda B, hundida con una deuda superior a los setenta millones de euros y con la afición resignada. El kilómetro cero para el entonces joven empresario de apenas 35 primaveras no invitaba al optimismo. De hecho, la estampida a su alrededor fue generalizada exceptuando honrosas excepciones, con Nicolás Ortega como sufrido compañero de viaje desde el primer momento. Dio un paso al frente redentor y entonces, en mitad del funeral, su proclama no pudo ser más enérgica: «Volveremos a la máxima categoría». El tiempo no ha dejado de darle la razón. La regularización financiera de la entidad, una heroicidad indudable y que queda como legado dorado, con un saneamiento que ha sido puesto como modelo en la Liga de Fútbol Profesional, fue la piedra angular sobre la que ha gravitado una nueva UD robustecida y modernizada, a la altura de las exigencias del nuevo siglo y que, entre o no el balón, suerte del fútbol que no tiene dueño, sí tiene garantizado un porvenir. Hace seiscientos partidos, eso era una quimera. Hoy, una reluciente realidad.

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