Partidarios de Novak Djokovic protestan en Melbourne. / Michael Errey (Afp)

La deportación de Djokovic pone a Serbia en pie de guerra

El país balcánico cierra filas con su estrella, convertido en icono del movimiento antivacunas

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOT Madrid

La deportación de Novak Djokovic por parte de Australia ha puesto en pie de guerra a Serbia. El país balcánico cerró filas con su estrella, tachando de «escandalosa» la decisión de las autoridades australianas de echarle de su territorio y denigrando el trato, a su juicio vejatorio, que recibió el número 1 del tenis mundial, erigido ya en un icono del movimiento antivacunas en un Estado cuya tasa de inoculación con la pauta completa no llega al 50%.

El presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, acusó al Gobierno australiano de mentir y de maltratar a Djokovic durante once días cuando la decisión de expulsarle, aseveró, estaba tomada de antemano. «Se lanzaron en un maltrato, una caza de brujas contra una persona y un país. Quisieron mostrar en Novak cómo funciona el orden mundial y qué pueden hacer contra cualquiera», enfatizó el mandatario nacionalista, que interpretó lo sucedido en clave geopolítica y lo comparó con un «espectáculo orwelliano». «Aquellos que creen que han hecho triunfar algunos principios han mostrado que carecen de principios», espetó el líder del Partido Progresista Serbio, al que la oposición acusa de autoritarismo. En la misma línea se pronunció la primera ministra serbia, Ana Brnabic, quien denunció los «once días de maltrato psíquico y físico» a que fue sometido Djokovic y analizó su expulsión de Australia como una muestra de la falta de funcionamiento del estado de Derecho en la nación oceánica.

El Comité Olímpico Serbio calificó de «escandalosa» la decisión de expulsar a Djokovic y argumentó que «de forma antideportiva» se le ha negado «el derecho a competir por su décimo título del Abierto de Australia», considerando que la política triunfó por encima del deporte y la justicia en el caso del ganador de 20 Grand Slams. Una opinión en consonancia con la expresada por la federación serbia de tenis, que denostó un proceso convertido en una «farsa» en la que las autoridades australianas, país que albergará los Juegos Olímpicos de 2032, violaron el principio sobre la igualdad de oportunidades para competir.

Ánimo de venganza

Desde que estallase el caso, Serbia ha enarbolado la bandera nacionalista y dado rienda suelta a la indignación del populacho que, una vez conocido el veredicto, se extendía por todos los medios de aquel país. «Bajeza y vergüenza» eran las palabras empleadas por el diario 'Vecernje Novosti' para criticar el comportamiento de las autoridades australianas, al que contraponían la «grandeza» de Djokovic. El medio 'Kurir' iba más lejos y analizaba lo acontecido como «la mayor vergüenza en la historia del deporte». Ni un amago de crítica hacia el tenista, la mayor figura del deporte serbio, en cuya defensa se produjeron ya altercados en Melbourne y manifestaciones callejeras a lo largo de los últimos días en Belgrado que sirvieron para reforzar el movimiento contrario a las vacunas contra el coronavirus.

El padre de Djokovic, que había llegado a comparar las vicisitudes experimentadas por su hijo desde que llegó a Australia con los padecimientos que sufrió Jesucristo, equiparó la expulsión de Nole con un «atentado fallido con 50 balazos en el pecho». También compañeros compatriotas del balcánico se solidarizaron con Djokovic y prometieron vengarle sobre la pista. Fue el caso de Miomir Kecmanovic, quien curiosamente debía medirse a este en la primera ronda del Abierto de Australia. «Nuestro pequeño equipo serbio aquí en Melbourne está amargado y decepcionado, y creo que ahora tenemos que hacer esfuerzos adicionales, y de alguna manera, en nuestro juego, vengar a nuestro mejor representante que no puede estar aquí. Creo que ganarás más Grand Slams y que esto no os impedirá alcanzar un éxito histórico. Todos estamos a tu lado», escribió el número 78 del mundo en su cuenta de Instagram al lado de una foto junto a Djokovic.