Rafa Nadal, junto a varios aficionados españoles. / Anne-Christine POUJOULAT / AFP

Análisis

Un milagro diario

Nadal, el mejor ejemplo de trabajo, tenacidad, respeto y excelencia que España puede ofrecer al mundo

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKO Madrid

Don Rafael Nadal Parera, el mejor deportista español de todos los tiempos y el tenista más laureado de la historia, representa un milagro diario, el mejor ejemplo que puede dar este país al mundo. Trabajo, compromiso, esfuerzo, tesón, afán de superación y constante evolución desde el inicio de su carrera, pasando de ser un jugador defensivo a emplearse con una agresividad encomiable en lo suyo.

De aquel tenista balear que con su melenilla, la manga corta y los piratas mordía su primera Copa de los Mosqueteros al de hoy, ya con poco pelo, arrugas y el cuerpo desgastado, lo que menos ha cambiado es la mente privilegiada del manacorense. Jamás se rinde, nunca menosprecia a su rival y se crece sobre todo ante las adversidades. No siquiera se le recuerda una metedura de pata. Es el marido perfecto, el hijo ejemplar, el cuñado soñado y el yerno más deseado. Educado, respetuoso, siempre con las palabras perfectas en los momentos justos.

Tras pasar por encima en la final del noruego Casper Ruud, alumno aventajado en la academia del balear en Manacor, Nadal cogió el micro y pronunció la frase más deseada: «No sé lo que ocurrirá en el futuro, pero lo voy a seguir intentando». Tras días de incertidumbre, de temores lógicos por esa dolencia crónica en el pie izquierdo que le maltrata y le obliga a jugar infiltrado, Rafa avanzó que la leyenda continúa. Pese a los rumores en sentido contrario, desmentidos incluso por parte de su jefe de prensa, el rey absoluto de París volvió a dominar la pista y el escenario.

Aunque en su fuero interno se plantee un adiós forzado por las circunstancias y ese deseo de poder seguir haciendo deporte en plan aficionado para ser feliz en el día a día con sus amigos, no era el sitio para revelar nada. Por mucho que represente la pista central de Roland Garros, la mágica Philippe Chatrier fallecido tenista francés que acabada su carrera de jugador se convirtió en periodista y luego se involucró en la administración deportiva-, no era el sitio correcto para anunciar algo importante, un antes y un después en el mundo del deporte. Sería reventar el protocolo, el torneo y su propio triunfo, el Decimocuarto.

Nadal no tiene el ego de Cristiano Ronaldo, capaz de anticipar su marcha del Real Madrid el mismo día que el equipo celebra un título. El día que Rafa cuelgue la raqueta y se vaya a navegar con Xisca Perelló, su chica de toda la vida, otra maravilla en cuanto a discreción, lo dirá con toda su gente rodeándole, quizá en su academia.

De momento, seguiremos disfrutando del Nadal que llega cojo a las conferencias de prensa y avanza con paso firme en la pista. De este Roland Garros de la incertidumbre, quedará para siempre grabado en oro su partido de cuartos ante Novak Dokovic, una obra de arte. Nadal es un caníbal en la pista. Como subrayó el rey Felipe VI ante el micrófono del extenista y comentarista Álex Correjta, cuando a Rafa se le mete en la cabeza un objetivo, es difícil apartarle de él. Sencillamente, estratosférico.