Loiodice llevará hoy la maneija del equipo. / COBER

Una UD que no quiere parar

Esta tarde recibe al Zaragoza (19.30 horas) en momento efervescente y con Jonathan Viera ya en disposición de tener minutos

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

Vuelve la UD al Gran Canaria y ahí es fiable y homogénea. Su versión como local le diferencia como el mejor equipo de la categoría cada vez que hace de anfitrión (solo al Almería ha cedido menos puntos, aunque con un partido menos), y, de paso, ha dejado buenas tardes a su parroquia, con lujos como llevarse el derbi o llevar ya cinco triunfos consecutivos en Siete Palmas. Desde septiembre cada visitante ha sido ajusticiado. Hoy viene el Zaragoza advertido, sabiendo que se expone a daños a poco que conceda o se despiste. Más ya con Jonathan Viera sobre el tapete. Cuando la UD exhibe a Viera entra en otra dimensión, frecuentemente inalcanzable para los rivales, las garantías de éxito se multiplican, por mucho que en su ausencia los resultados hayan validado el plan alternativo a base de triunfos (tres en cuatro jornadas) y tengan al equipo a nada del ascenso directo. Mel reconoce que maneja la dicotomía: por la calle ancha y darle cuerda desde el inicio o, como deslizó, guardarlo de inicio, dosificar sus poderes y concentrar en unos minutos su intimidación.

Ya de vuelta Viera para mezclar con un frente ofensivo todavía carente de grandes artistas como Pejiño o Peñaranda, la cuestión para la cita de esta noche radica en términos relacionados con la personalidad. Si Las Palmas es capaz de ser Las Palmas, poco va a importar la versión del contrario, dicho esto desde el respeto. Porque, también con bajas a granel y de sensibilidad, lo normal es que no termine de tener lo que debe para frenar lo que, previsiblemente, le va a caer encima. Un aspirante a todo, lanzado de un tiempo a esta parte, capaz de dar y devolver golpes, capacitado para ganar siempre, reconocible.

La semana trajo el trueno de Sergio Ruiz, de quien se intuía el adiós pero no el tiempo y forma en el que se ha dado. Perder a un jugador de su talla de la manera en la que le tocó salir, de un día para otro y por los problemas que desveló, es un pellizco al alma. La figura de Sergio se acostumbró a ser gigante y complicado resultará no extrañarlo. Inevitable ya acostumbrarse a la vida sin él pero sin discutir la importancia y rango que se ganó a base de bien. Habrá, seguro, algún tipo de recordatorio para él en cuanto se preste la oportunidad. Otro aliciente más para un equipo que galopa fuerte y que no quiere parar.

Las reformas defensivas, entrarán Ferigra y Lemos por Eric, sancionado, y Díez, el deseo de que no se eche en falta al burbujeante Moleiro, desatascador siempre, la confirmación de un Kirian estupendo y ese Jesé crecido, que es más Jesé que nunca, son las otras notas a consignar en los preparativos.

Del Zaragoza sobresale un dato llamativo como pocos: doce partidos encadenados sin perder y desde agosto siempre sacando algo en sus desplazamientos. Le han condenado sus reiterados empates. No gana, pero tampoco acostumbra a perder. Tiene, como la UD, un porrón de bajas, recupera a un viejo conocido por aquí como Narvaéz, y pretende exprimir el vuelo que le han dado sus dos útimas victorias, liberatorias como nunca luego de hasta nueve igualadas seguidas, que se dice pronto.

En los cálculos de ascenso, y más si es el directo como ya se habla en el vestuario, no caben repartos. Menos en casa. Ya sabe la UD lo que le toca entonces aunque se prevea una faena industriosa por las características de un contrario cuajado, al que solo se le puede meter mano desde la paciencia y la perserverancia. Un ejercicio de constancia. No será el primero. Ya hubo varios antes y funcionó la fór mula.