Joan Mir, campeón del mundo de MotoGP en 2020. / Ep

Balance 2020

Joan Mir reina en el Mundial del caos

El mallorquín en MotoGP y Albert Arenas en la cilindrada más pequeña dan dos títulos universales más al motociclismo español

BORJA GONZÁLEZ Madrid

El motociclismo español ha dejado dos muy buenas noticias en esta atípica y estresante temporada 2020: el Mundial de Moto3 logrado por Albert Arenas en la última carrera del año y, sobre todo, la irrupción de Joan Mir, nuevo e inesperado campeón de MotoGP.

Catorce carreras, una en lluvia, dos interrumpidas por banderas rojas; nueve ganadores distintos (con cinco que se estrenaron en lo más alto de un cajón de la categoría), quince pilotos que subieron por lo menos una vez al podio representando a cinco de las seis fábricas en liza, y siete autores de poles diferentes; el coronavirus y los controles rutinarios que dejaron en fuera de juego por dar positivo a dos pilotos (Valentino Rossi e Iker Lecuona); cuatro tripletes de grandes premios, y dos dobletes.

Y lesionados. Por encima de todos, Marc Márquez, aunque también tuvieron que perderse alguna carrera Alex Rins, Cal Crutchlow, Pecco Bagnaia o Stefan Bradl, el sustituto de Márquez en el Repsol Honda. Todo con carreras de muy difícil pronóstico, con sorpresas continuas.

«No he entendido nada. Incluso en un mismo circuito, de un fin de semana al otro, cambiaban las clasificaciones completamente», confesaba el propio Márquez en DAZN, en la única entrevista post Mundial que ha concedido este año, unos días antes de someterse a su tercera operación en el húmero derecho.

Entre todo este caos emergió la figura de Joan Mir, a la vez que se corroboraba el buen hacer de su marca, Suzuki, que con solo dos motos en pista ha sabido ir creciendo y mejorando año tras año hasta llegar al punto de recibir la consideración de ser el prototipo más sólido de la parrilla: ni es el del motor más potente, ni el que mejor paso por curva da, pero reúne suficientes virtudes de un extremo y de otro como para haber encontrado un equilibrio que se ha sumado a la sorprendente capacidad de gestión de Mir.

Se trata de un gran exito sorprendente porque el mallorquín ha completado en este 2020 su segundo curso en la cilindrada, el quinto en el campeonato, un recorrido breve pero muy fructífero: campeón del mundo de Moto3 en su segundo año, campeón del mundo de MotoGP en el quinto, en una temporada en la que empezó fuera de todas las quinielas por el título.

Claves

Obviamente, el número uno en esa lista correspondía a Márquez. Debía temer sobre todo a los que en más en apuros le habían puesto en estos últimos años, aunque todos lo hubiesen ido haciendo con altibajos, nunca con esa regularidad que aumentaba aún más el poderío del de Cervera.

Maverick Viñales, Fabio Quartararo, Andrea Dovizioso y Rins ocupaban ese teórico segundo escalafón, aunque ninguno de ellos fue capaz de quedarse con su trono. Y eso que Mir no comenzó de una manera que hiciese prever el desenlace final: en la primera carrera, en Jerez, se fue al suelo en el segundo giro tras haber pasado decimotercero en el primero; en la segunda, en el mismo escenario, firmó un quinto puesto a algo más de siete segundos y medio del ganador, Quartararo; en la tercera, en Brno, se fue al suelo tras un error de Lecuona.

Fue justo después, en las dos disputadas en Austria, en las que asomó: tercero en la primera, su primer podio en MotoGP, cuarto en la segunda, después de haber terminado primero la primera parte interrumpida por una bandera roja. «La carrera no nos pertenecía, era de Joan», reconoció ese día Pol Espargaró, tercero tras perder la batalla por el triunfo contra Jack Miller, aunque a los dos les robó la cartera Miguel Oliveira.

«Probablemente después de Misano o Barcelona me di cuenta de que a lo mejor no había sido rápido sólo en Estiria y que podía ser rápido en otros puntos para mantener las sensaciones positivas con la moto; para mí ese fue el momento clave», explicaba el mallorquín sobre el punto del año en el que se dio cuenta de que podía proclamarse campeón.

De Misano salió con un tercero (concretado gracias a un fantástico adelantamiento a Rossi) y un segundo, el mismo resultado que firmó una semana después en Barcelona. En los tres casos en carreras de menos a más que dejaron la sensación de que ahí había un serio candidato al título.

Una línea que no abandonó y que culminó en Valencia, en la antepenúltima prueba del año con su primer (y único triunfo), y en la penúltima con el cierre del título. Un hito para Suzuki que no había logrado un Mundial de pilotos desde 2000, cuando la categoría todavía se llamaba 500cc. En el centenario de la casa nipona. En 2021, el campeón pondrá a prueba su estatus no solo ante los que en este curso han fallado sino sobre todo, y si no hay más contratiempos, ante el tirano de MotoGP desde 2013, Marc Márquez.