Max Verstappen alza el trofeo que le acredita como vencedor del Gran Premio de Bélgica. / AFP

Gran Premio de Bélgica

Un temible Verstappen conquista Spa

El líder del Mundial remontó de forma magistral y confirmó la superioridad de Red Bull, con Sainz en el podio y Alonso quinto, accidente incluido con Hamilton

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO Madrid

Quien esperaba que con la nueva normativa hubiera un cambio de ciclo en el que las victorias no estuviesen en posesión de uno o dos pilotos se ha llevado un enorme chasco con la carrera de Bélgica. Max Verstappen confirmó lo que muchos preveían incluso desde los libres: ni un cambio de motor que le hizo penalizar y salir desde las últimas filas de la parrilla pudo evitar una nueva victoria con la que aumenta aún más su ventaja en la clasificación.

El neerlandés solo necesitó 18 vueltas para culminar una de sus obras más perfectas. Cayeron por el camino todos sus rivales, uno tras otro, bajo el puño de un Verstappen que no solo dejó claro que él es muy superior al resto, sino que además tiene las armas necesarias para hacer y deshacer a su antojo. Diez posiciones ganadas en solo nueve vueltas le permitieron auparse a zona de podio, y en apenas otras tantas ya era líder.

No necesitó la pole, algo que estaba en posesión de un Carlos Sainz que apenas se pudo defender, para lograr su novena victoria del año, tercera consecutiva, y además comandar el cuarto doblete del equipo de las bebidas energéticas, ya que Sergio Pérez fue segundo tras una muy buena gestión de neumáticos en condiciones de altísima degradación sobre el circuito de las Ardenas.

La víctima de esta superioridad de Red Bull fue el propio Carlos Sainz. El madrileño se quedó sin opciones demasiado pronto, dado que primero claudicó con Verstappen y poco después con un Pérez con el que se ha visto en varias ocasiones esta temporada. El español pasó de soñar con la victoria a conformarse con firmar un podio que, en perspectiva, no sabe tan mal visto que su compañero Charles Leclerc se quedó fuera de la zona noble y su remontada se quedó corta.

La rivalidad siempre vuelve

No se puede entender la resolución de esta carrera sin hablar de un accidente que sumó, en total, nueve campeonatos del mundo de Fórmula 1. Fernando Alonso y Lewis Hamilton se reencontraron en la pista propiciando un incidente que hará correr muchos ríos de tinta.

El español salía tercero, lo que ya invitaba al optimismo de cara a un hipotético podio. La paupérrima arrancada de Pérez, que partía por delante, le hizo ganar una posición, lo que dejó una memorable imagen para la afición nacional: los dos españoles comandando el GP de Bélgica de Fórmula 1. Poco le duró la alegría a Alonso.

Lewis Hamilton, con un Mercedes netamente superior al Alpine, le ganó el exterior de la curva de Les Combes a Alonso, pero como siempre apostando muy por encima de sus posibilidades. Así, aunque el español se cerró al máximo para evitar el choque, ambos acabaron impactando y el heptacampeón saliendo por los aires. Como ya le ha pasado muchas veces (en este mismo circuito, en 2014 con Nico Rosberg, como recordó Alonso después de la carrera), Hamilton se olvida de que a veces no corre solo y que no todos los pilotos le temen.

El toque le costó más caro al británico que al español. Aunque Alonso perdió varias plazas y, con ello, buena parte de sus opciones a cajón, Hamilton abandonó y se dejó una ocasión de oro para lograr un nuevo podio en esta compleja temporada para él. A partir de ahí fue una carrera difícil para Alonso, aunque más calmada de lo que esperaba. Cuando parecía que iba a ser sexto, que ya era un buen resultado visto lo ocurrido, llegó Ferrari con su ya tradicional bingo para sus rivales en forma de una penalización de cinco segundos por exceso de velocidad en la calle de boxes para Charles Leclerc.

Alonso ganó una posición de golpe y finalizó en una más que decente quinta plaza, lo que unido al tercero de Sainz hace de este domingo uno de los mejores para la afición española. No es el resultado que muchos soñaban, pero no se puede obviar la evidencia: ni Sainz con Ferrari ni Alonso con Alpine pueden aspirar más que a recoger las migajas de lo que dejen arriba.

El GP de Bélgica (que seguirá en 2023 tras la última renovación) es el primero de los tres consecutivos que hay en este regreso veraniego de la Fórmula 1. Si Spa fue una fiesta naranja, lo que se va a vivir el próximo fin de semana apunta a ser memorable: el GP de Países Bajos, hogar de Max Verstappen, en el trazado de Zandvoort.