Inés Ibbou, en las instalaciones del Conde Jackson. / mediapress global

«He llegado a jugar con zapatillas rotas por no tener dinero»

La argelina Inés Ibbou, presente en los torneos ITF DISA Gran Canaria e ITF Conde Jackson Maspalomas, cuenta su historia de superaciones

MEDIAPRESS GLOBAL San Bartolomé de Tirajana

Se llama Inés Ibbou, tiene 23 años, argelina y es una de las jugadoras que disputa estos días los torneos de tenis profesional femenino ITF DISA Gran Canaria e ITF Conde Jackson Maspalomas en el sur de Gran Canaria. A su edad ya sabe lo que es viajar sola siendo una niña para poder competir o entrenar con zapatillas rotas porque no había dinero para unas nuevas. De familia humilde y natural de un país donde el tenis no es un deporte habitual, y menos en una mujer, Ibbou es ejemplo de esfuerzo, sacrificio y fortaleza.

¿Cuándo empieza a jugar y por qué?

Empecé a los seis años, el Tenis Club quedaba a dos minutos de casa. No es un deporte conocido en mi país, bueno, ¡en toda África! No fue fácil, pero aquel día cogí la raqueta, pegué a la primera bola y desde ese momento me enamoré del tenis, desde ese día nunca he viajado sin raqueta. Procedo de una familia muy modesta con otros dos hermanos y mis padres no podían ayudarme.

Hable de su infancia.

A los 12 años empecé a estudiar a distancia. Y a los 17 dejé definitivamente de estudiar para dedicarme sólo al deporte. A las 9 ya viajaba dos o tres veces al año. En África no tenemos torneos, así que jugué el Tour Tennis Europe. Llegué a ganar mi primer Future con 14 años. Hasta ese momento viajaba con un entrenador, pero a los 15 años empecé a hacerlo sola porque no tenía dinero.

¿No era muy duro, siendo tan niña?

Cuando era joven no tenía mucha conciencia y como me gustaba mucho el tenis no lo sentía como algo negativo. Con los años lo convertí en una rutina, era mi vida. Sí echo mucho de menos a mi familia, he llegado a estar hasta cuatro años fuera de casa. Para ellos es duro porque no pueden apoyarme como quieren, pero yo sé que están ahí y para mí eso es importante. A veces cuando tengo un problema prefiero no compartirlo con ellos para no hacerles daño, me lo guardo para mí, busco soluciones.

¿Por ejemplo?

Una vez en Túnez tenía mi zapatilla rota, en mitad de la pandemia, no podía comprar otras y necesitaba entrenar. Así que no tuve más remedio que entrenar así.

¿Se ha enfrentado a prejuicios por ser mujer o jugar al tenis en su país?

No sólo en Argel, cuando tienes 9 años te dicen que no sabes nada de la vida, allí no era un deporte muy famoso, no teníamos infraestructuras deportivas…Aunque lo he pasado mal sobre todo por el dinero que me faltaba para viajar, para tener un entrenador. Y lo peor de todo han sido las lesiones.

¿Qué sacrificios le ha supuesto su carrera?

A los 15 años me trasladé a Valencia para formarme en una escuela, pero a los 16 lo tuve que dejar, no podía formarme y viajar a la vez, no tenía dinero. No podía tener las dos cosas, competir es más importante que sólo entrenar.

En 2020 un vídeo suyo se hizo viral. Contestaba a Dominic Thiem, un jugador profesional que se negaba a aportar dinero para los tenistas de los últimos puestos en plena pandemia argumentando que muchos no se esforzaban lo suficiente.

Vengo de un país en el que el tenis no es famoso, no tenemos una estructura potente para entrenar como en Europa, ni entrenadores o jugadores de referencia. Aquellas palabras fueron un golpe y tenía que demostrar que la realidad de muchas jugadoras no es fácil. A este nivel no ganamos nada, perdemos más de lo que ganamos esperando ganar puntos para subir al otro nivel, pero en los 15.000 o 25.000 no ganamos nada.

¿Cuánto dinero necesita una jugadora?

Transporte, hotel, comida, las zapatillas…las raquetas, el cordaje, gastos muy altos. Sólo para seguir compitiendo necesitas un mínimo de 50.000 dólares al año. ¡Y no ingresamos eso! Ahora un futbolista famoso de mi país, Adlene Guedioura, que tiene una empresa de deportes, me está ayudando a competir como patrocinador. Si estuviera sola hace mucho tiempo que lo habría tenido que dejar.

¿En qué momentos duda?

Los momentos más duros para un jugador son las lesiones, no sabes si vas a poder volver en un mes, en dos… Además no sabes si vas a poder pagarte la rehabilitación. Te tienes que hacer fuerte mentalmente para poder seguir adelante. El año pasado casi no jugué, me lesioné el hombro y necesitaba mucho tiempo para recuperarme, fue un año muy duro.

¿Cuáles son sus objetivos?

Ahora estoy en el puesto 615 del ranking y lo único que quiero es progresar paso a paso, y espero poder estar entre las 200 mejores para el año que viene.

Poder jugar dos ITF W60.000 en el mismo lugar debe ser una oportunidad única.

Lo es. El hotel, este sitio, dos semanas seguidas de competición… Hace tres años estuve aquí, me enfrenté a Paula Badosa, que tuvo que retirarse por problemas de salud cuando yo ganaba por 6/5. ¡Llegué a semifinales! Es uno de mis mejores recuerdos. Ahora quiero trabajar para llegar donde está ella. De momento me está mereciendo la pena. En el tenis nunca se sabe nada con seguridad, pero cuando me veo compitiendo, en ese momento, soy muy feliz.