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Gregorio Dorta. a la derecha, en el día de su homenaje en 1965. C7
Gregorio Dorta, el caballero de lucha

Gregorio Dorta, el caballero de lucha

Lucha canaria ·

Fue un referente en los terreros y se ganó la consideración de todos por su nobleza, ejemplaridad y generosidad

Pedro Reyes

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 13 de enero 2024, 16:05

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Uno de los mejores luchadores de una de la década dorada, como la de los 50 del pasado siglo, fue el tinerfeño Gregorio Dorta, al que el periodista Antonio Ayala le llamaba el Pollo de la Cadera, ya que esa maña la realizaba con maestría y le dio grandes triunfos.

Para realizar este reportaje han servido de apoyo los comentarios de José Chaval III, que luchó con él las dos últimas campañas, y de su hermano Salvador Chaval V.

Su biografía la resume el Diario de Avisos en 2004. «Había nacido en Valle de Guerra (La Laguna) el 12 de marzo de 1929. Era el mayor de siete hermanos y era un joven de complexión atlética, fuerte y alto. De niño no le gustaba practicar la lucha canaria, además que sus padres no le dejaban. Vivía en una zona de Tenerife donde se respiraba lucha por los cuatro costados y era el juego habitual de los niños».

«Segundo Gutiérrez -continuaba- vio sus cualidades y lo entusiasmó con la lucha canaria que comenzó a practicar a escondidas después de clase. De Gutiérrez aprendió casi todo y ya de joven, se le daba bien la cadera y la cogida de muslo. A los 17 años y tras convencer a su padre que le gustaba la lucha, firmaba por el Rosario y ya entró en la primera plantilla. Meses después, con 18 años, se consagraba ya que en una luchada contra el Pérez Abreu y tras caer los mejores luchadores de su equipo- Felipe y Manuel Ledesma, Chaval I, el Ovejero- quedó solo y realizaba la hazaña de tumbar a la plana mayor del conjunto de Tegueste. A partir de ahí, comenzó a ser considerado el mejor luchador vallero.

Sus hazañas son recordadas ya que, en un amistoso en La Victoria, derribó a nueve luchadores del combinado Hespérides- Pérez Abreu, dos de los mejores equipos de Tenerife. En la Plaza de Toros vencía en una ocasión a la plana mayor de la selección de Gran Canaria que encabezaba Abel Cárdenes».

Campeón de Tenerife

Y sigue esta semblanza: «En 1959 logró el título de liga con su club de siempre, pero perdía la final de 1960 y sería uno de sus momentos más tristes, dado que fue en su casa. Después de haber derribado a nueve adversarios, cayó con Luis Rodríguez, el Pollo del Estadio.

En el apartado individual, fue campeón de Tenerife en los años 1959 y 1960 y subcampeón en 1961, al caer ante Felipe del Castillo. También fue elegido en 1959 el mejor deportista de Tenerife.

Tuvo una lesión, pero, por el amor a los colores, se negaba a retirarse, pero ya no pudo aguantar más y lo hizo en 1965, cuando además se le rendía después un merecido homenaje».

El Eco de Canarias comentaba la luchada en el Campo España que sería una de sus últimas en activo además la última que realizaba en la capital grancanaria, en el homenaje a Juan Doreste Silva, el hombre que había llevado los destinos de la Federación de Las Palmas, realizado el 2 de mayo de 1965. El Rosario se enfrentaba con una selección de la isla. Se retiraba semanas más tarde.

Luchador respetado

El libro La historia de la lucha canaria del siglo XX dice sobre Dorta: «La popularidad del vallero Gregorio Dorta le sirvió para ser un hombre tan respetado como admirado por todos, además de para recibir infinidad de muestras de afecto y reconocimientos, más allá de los dominios de Valle de Guerra. Se retiraba de la práctica activa en 1965 y se le realizaba un gran homenaje el mismo año, en una abarrotada Plaza de Toros de Santa Cruz de Tenerife».

El periódico Aire Libre, en enero de 1961 y bajo la firma de Puntal, escribía un artículo explicando cómo era: «El veterano cronista media cadera, tras una luchada Hespérides y Rosario, esbozaba un párrafo donde decía la tremenda deuda que la lucha canaria tenía con Gregorio Dorta. Posteriormente la prestigiosa pluma de Ventura Díaz, en el periódico La Tarde, y en un elogioso artículo del mozo de Valle Guerra, le concede el título de gran caballero de la lucha. Nosotros, siguiendo los derroteros iniciados, aportamos nuestro granito de arena, ya que Gregorio Dorta es sin duda, el atleta más noble, más caballeroso, en una palabra, el deportista más grande que ha pisado los terreros. Es el prototipo de deportista amante hasta el sacrificio, de su club, del equipo representativo de su pueblo, de su barrio, como antaño, al que ha defendido 17 años continuados, en los que jamás ha percibido un céntimo a la hora de estampar la firma, teniendo en cuenta que el profesionalismo y el seudo amateurismo ha irrumpido en la lucha canaria, que se gasta miles de pesetas en fichar a luchadores mediocres».

Episodios de nobleza

Y sigue: «Su vida está llena de hechos que se caracterizan por su nobleza deportiva. En los libros federativos no tiene ni una sanción ni una amonestación. Nunca ha sido llamado al orden por árbitro o delegado alguno. Tampoco el público nunca ha quedado descontento con Gregorio Dorta, porque siempre, unas veces mejor y otras peor, ha puesto el corazón en la brega, bien para dar en tierra con el adversario de turno por su contundente cadera, o la de caer como un hombre a manos de otro hombre. En una luchada entre el Rosario y el Santa Cruz, ante el Pollo de Máguez, que tenía una a favor y la otra nula, cuando cayó, quedó inconsciente del esfuerzo. En otra ocasión, en una luchada Rosario y Hespérides, al caer en una agarrada dos contendientes y levantar arena, el árbitro no lo vio y da tablas. Gregorio Dorta, el capitán vallero, comprendiendo que era una injusticia que perjudicaba al luchador del Hespérides, pues éste había sido de verdad el vencedor. Se dirige al árbitro para que rectifique su decisión, recibiendo por ello una ovación de gala y el capital del Hespérides lo felicitaba en el centro del campo».

«Un solterón disciplinado»

José Chaval III fue una de los bregadores que lo vio luchar y estuvo en su equipo. «Yo luché con él en sus últimas dos temporadas. Era joven y él estaba a punto de la retirada. Era muy serio, todo un caballero y como capitán todo el mundo le respetaba y obedecía. Ni le rechistaban. Era un solterón al que le gustaba la disciplina y recuerdo que en Las Palmas, fuimos a luchar al Campo España, y me había montado en una tartana para dar un paseo por la ciudad. Me vio, ordenó parar la tartana y me tuve que bajar. Era un hombre muy fuerte de cadera. Recuerdo que ya en los entrenos comencé a tirarlo y como le daba vergüenza que uno joven lo hiciera, ya no quiso bregar conmigo entrenando. Era tan caballero luchando, que prefería darse un golpe él, que dárselo a un contrario. No le daba un golpe a nadie».

Su muerte fue en un accidente casero por salvar a su padre, que estaba regando en el jardín y había un cable eléctrico suelto cerca. El regresaba a casa y al verlo salió corriendo para que no lo tocara y lo salvó, pero él quedó electrocutado y fallecía posteriormente.

El 29 de marzo de 1965, según el periódico Aire Libre, en una luchada entre el Hespérides y el Santa Cruz, se le entregaba la medalla al Mérito Deportivo de Tenerife por la revista Canarias Gráfica.

Sobre esta noticia escribía este medio: «Gregorio Dorta, el buen luchador de siempre, todo entusiasmo y afición por el vernáculo deporte, también ha sido distinguido con la Medalla al Mérito Deportivo. Gregorio Dorta, activo luchador, noble, correcto, ofreciendo estampas de saber y poderío, de caballerosidad, de sentimientos de luchador fuerte pero noble, auténtico exponente de lo que es nuestro deporte, especialmente tierra adentro, conservando costumbres y tradición. Muchos años fue campeón de Tenerife, ofreciendo pinceladas de potencialidad luchística, de acentuada invencibilidad».

Ejemplo para las generaciones

Joaquín Martínez Reguero, en su libro Lucha canaria, una época dorada, comentaba sobre Dorta en 1965: «Esta temporada se retiraba, como consecuencia de una lesión, uno de los luchadores que más prestigio goza en la lucha canaria, Gregorio Dorta, el veterano capitán del Valle Guerra, el hombre que ha sido ejemplo para varias generaciones y del que con toda justicia se honra un deporte, ya que no pudo prolongar más tiempo su retirada. Por su equipo se mantuvo en pie más tiempo del que hubiese deseado. Fue y seguirá siendo para todos los luchadores, maestro y compañero, ya que Gregorio Dorta podrá dejar la práctica, pero no podrá dejar la lucha. Mucho menos a su Rosario de Valle Guerra, tantas veces triunfador gracias a su genio de excelente deportista».

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