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Isabel Lozano, en el terrero del Cruce de Arinaga donde repasó su vida deportiva, Pedro Reyes
El ejemplo de Isabel Lozano: una de las mejores luchadoras canarias

El ejemplo de Isabel Lozano: una de las mejores luchadoras canarias

Lucha canaria ·

Tuvo una larga carrera plagada de logros que se cortó por una retirada obligada por enfermedad. Aún así, disfrutó en plenitud de su deporte

Pedro Reyes

Arinaga

Sábado, 6 de enero 2024, 19:57

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Entrevistar a Isabel Lozano no es tarea fácil ya que jamás ha concedido una entrevista en su vida, salvo unas palabras que le dijo a Pitti cuando el homenaje a su familia. Ahora hace una excepción. «No me gusta hablar y por ello no he dado nunca una entrevista», razona.

En el campo del Cruce de Arinaga cuenta su vida. «Empecé a luchar, de manera federada, con 17 años en 1995, ya que me vinieron a buscar Antoñito el Sereno y Luisa González pues deseaban hacer un equipo en Agüimes llamado La Isleña. Ellos ya sabían que yo luchaba con mis hermanos. Ahí estuve un par de temporadas y las catorce restantes, las pasé en el Unión Sur de Fuerteventura». La pena, su final abruto en los terreros: «Tuve un tumor en el tiroides y los médicos me decían que como era muy nerviosa, mejor que lo dejara, ya que se podía volver a manifestar».

Considera que pudo haber dado más de no ser por la enfermedad: «Mi vida deportiva fue más corta de lo que hubiera deseado, pero muy intensa, ya que yo era así siempre. A mi edad, me están haciendo ofertas para que vuelva a luchar, pero no me lo puedo permitir, no solo por la posible enfermedad, sino que no me puedo lesionar y quizás con ello, perder el trabajo. En los entrenamientos las chiquillas me dicen que sigo estando dura y que puedo luchar en competición perfectamente».

Faceta docente

Hace unos meses la repescó el Roque Nublo para entrenar al equipo femenino: «Estoy muy contenta con las niñas que tengo. La lucha que para mí es una pasión, lo vivo intensamente, aunque verlo desde fuera, me hace coger muchos nervios».

A sus luchadoras trata de inculcarles sus ideas. «Hay que disfrutar de la lucha. Ir a separarse me parece bastante feo y por ello enseño que vayan siempre a intentar tumbar a la adversaria. No pensaba en otra cosa desde que pitaba el árbitro, aunque no siempre lo conseguía. No pasaba por mi cabeza otra cosa y eso quiero que hagan también mis luchadoras, pero algunas veces no lo hacen para no caer con cualquiera».

Uno de sus grandes triunfos lo recuerda con cariño en ese año 1995. «Era el campeonato por pesos en Guía. Fue la primera vez que ganaba a María Cabrera y Ana Molina, que eran las mejores luchadoras de la época, con las hermanas Márquez en Tenerife».

«Luego, en Fuerteventura ganamos todos los títulos posibles hasta que me retiré», evoca.

Cree que parte de su éxito es debido «a que luchaba a lo zurdo e iba por mi adversaria desde el principio, con la tronchada, el medio culo o el ganchillo. Tenía varias mañas, pero al irme a lo zurdo complicaba a mis contrarias».

Isabel retrocede con cariño al punto de inicio de su historia con la lucha: « Mis primeros pasos fueron en el salón de casa ya que mi padre, desde muy niña, nos ponía a luchar a todos los hermanos y al que ganaba le daba un bocadillo y un refresco. Luchaba con Chucho e Isidoro y casi siempre ganaba. Ya cuando empecé a luchar en serio, entrenaba mucho con los juveniles del Balos y con los del Roque Nublo después, cuando el Balos desapareció. Me ayudó mucho bregar con hombres para después hacerlo con luchadoras. Entre esos jóvenes, estaban Arasahi y Rayco Tejera, Juanma López...».

El despertar de la lucha femenina lo ve con optimismo. «Por primera vez en la historia hay muchos equipos y eso es bueno. Además, en Gran Canaria tenemos unas grandes luchadoras como las hermanas Ramírez, a las que admiro. Las tres tienen una buena técnica y van a luchar».

La bregadora más difícil con la que se enfrentó fue María Cabrera: «Era muy buena y nunca sabías por dónde te iba a salir. Menos mal que me pasaba a lo zurdo y eso la dificultaba, si no, me echaba a volar. Recuerdo una vez, en Tenerife, que me había dado las dos primeras, pero la pude tirar de manera consecutiva las tres siguientes, con un medio culo, ganchillo y me fue a hacer un toque pa, tras, pero me aparté y cayó. Eso lo aprendí de Chucho».

Raíces fundamentales

Otorga a su padre y sus hermanos todo lo que sabe: «Reconozco que he aprendido mucho con mis hermanos y todos luchaban diferente. Chucho era cadera y burra; Angelito, medio culo, el ganchillo, la tronchada; Isidoro la cadera también y Quico era toque por dentro además de la pardelera».

Rechaza el mercantilismo en el deporte vernáculo: «En mi vida jamás he cobrado. Yo era la más feliz del mundo cuando me pagaban el pasaje para ir a luchar y la comida. Conocía a mucha gente, me han tratado muy bien y con cariño. El dinero creo que echa a perder la lucha. Cuesta mucho esfuerzo tener un equipo y viene otro con más dinero y se lleva a los mejores luchadores y no creo que sea ético. Si hay dinero, los poderosos tendrán a las mejores luchadoras y destrozarán a los clubes más débiles, que tienen que volver a crear luchadoras o buscarlas, para poder tener un equipo un poco competitivo. Lo más importante es que los clubes puedan competir, que haya igualdad y eso hace mejorar a las luchadoras».

Y su familia, siempre como centro de todo: «Me encantaba ver luchar a mi hermano Quico con Santiago el Majorero, era espectacular, con las burras y la cadera; al igual que ver a Loreto IV en un terrero, y como se pasaba a la zurda. También me gustaba Juan Ramírez o Valen Torres, que cuando el empezó aquí, en edad juvenil, realizaba unas caderas impresionantes. Recuerdo que una vez tiró a todo el Roque Nublo».

Paridad con la lucha masculina

No distingue entre la lucha femenina y masculina: «Al margen de la fuerza que se puede tener, para mí no hay diferencia alguna, ya que se ven las mismas mañas y en la actualidad, las mujeres van a luchar más que los varones».

Y cree que la lucha de su época era mas vistosa que la actual: «Ahora hay gente de más peso, mucho gimnasio y son más lentos. Antes, al tener menos peso, tenían más agilidad y ofrecían más tipo de mañas que ahora. Además, iban menos a separarse que hoy en día».

De hecho, su entrenamiento consistía en «correr, hacer mucha física y pantalones» ya fuera con los equipos o sus hermanos, y eso le ayudó «bastante».

«Ahora se ven pocas mañas. Antes se veían más, ya que había menos peso. El gimnasio se nota. Hay muchas separadas y eso no me agrada. En Canarias, Daniela Batista es de las mejores, aunque lo que no me gusta que espere, por eso disfruto más con las hermanas Ramírez, ya que ellas si van a luchar y eso es más bonito».

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