Loreto IV y su zurda elevada a categoría de arte

Antonio González llevó a la excelencia su estilo en los terreros hasta situarse como una de las figuras más reconocidas de su época

PEDRO REYES Arinaga

Antonio González, Loreto IV, nacía el 11 de enero de 1967 en la montaña de San Francisco ( Agüimes), en una familia humilde y en la que la lucha canaria se respiraba por los cuatro costados. «Desde niño lo teníamos en casa, con mi tío Antonio, que fue Loreto I, mis hermanos, mis primos, sobrinos. Todos hemos estado en la lucha». Estas palabras las dice en la puerta del actual terrero del Roque Nublo, en el Cruce de Arinaga, donde cuenta su vida como uno de los mejores bregadores de final del siglo XX.

«Empecé con 8 años en Arinaga, en la playa con mis hermanos y después me vine aquí, al Roque Nublo, pero no me admitieron la ficha hasta los trece años. Iba de telonero en las luchadas. Era el que llevaba la ropa de brega, el del saco, y me enfrentaba con los chicos del saco de los otros equipos», recuerda. Desde que tuvo la edad legal, le hicieron la ficha. « La primera luchada que hice, con 13 años, en categoría senior, me fue bien pues tiré a dos del Adargoma. Empecé en la época con Emilín, Quintana y demás. Luchábamos en el gallinero, detrás de la iglesia, que era como un invernadero y allí comenzábamos. Nos bañábamos con unas mangueras, con muchas calamidades. El cura incluso nos quitaba la luz por la noche cuando, se hacía un poco tarde para que no molestáramos, pero seguíamos allí dándonos algunos 'pencazos' con Quico Lozano entre otros», abunda. De esa época tiene buenos recuerdos. «Siendo niño todavía con 14 años en Fuerteventura, de Gran Tarajal se iba a Jandía, por una carretera de tierra. Fui a luchar y tumbé a un luchador senior y vino a Gran Canaria posteriormente a retarme en un desafío y también le gané. Creo que dejó de luchar por ello después», detalla.

Zurdo por conveniencia

Su particular manera de luchar, a lo zurdo, le llevó a tener un gran éxito. «Yo soy diestro y desde pequeño me pasaba a lo zurdo y ya en la derecha no me sentía bien. Me pasé a lo zurdo por comodidad y por seguridad, porque era más endeble que los demás luchadores y ya me terminé acostumbrando a ello», apunta. Con ese peculiar estilo era muy complicado vencerle, haciendo de ello arte puro, alabado por sus rivales.

En Gran Canaria, sus agarradas con Pedro Cano eran seguidas por los aficionados, que llenaban los terreros para verlos. «Los duelos con Pedro Cano fueron desde que llegó de Fuerteventura, siendo también un niño. Estuvimos fijo agarrando, ya sea en juveniles o sénior. Pedro también luchaba a lo zurdo y era pundonor en el terrero. Eran agarradas intensas y saltaban chispas, pero siempre hemos sido amigos y hasta ahora. De hecho, estuve hace poco en su cumpleaños y tengo me sigue uniendo una gran amistad con él», confiesa.

Reconoce que tuvo suerte en el momento que le tocó vivir la lucha canaria. «La forma que teníamos de luchar, el momento de la lucha era bueno, aunque había muchísimos excelentes luchadores, como Emilín, Juani Frankis... Las épocas no se pueden comparar, siempre ha habido y habrá buenos luchadores y los seguirá habiendo. Teníamos a los medios de comunicación con nosotros, más la Televisión Española. Pedro y yo tuvimos un gran reconocimiento de la gente. Incluso los dos íbamos a los colegios a promocionar la lucha. Los niños nos saludaban, eran momentos inolvidables», afirma.

Los desafíos con el Parri II acabaron en una victoria para cada uno. A pesar de la diferencia de edad entre ambos, esas luchadas fueron también un clásico de la época. «Con el Parri II tuve dos desafíos, uno lo perdí aquí en el Centro Insular y otro en Lanzarote que le gané. Es de los luchadores más completos y competitivos con los que tuve que agarrar, aunque había ya una diferencia de edad entre ambos. En el desafío en el Centro Insular, lo perdí por seguir luchando. Era a cinco luchadas, pero al ser el primero que se hacía y con televisión de por medio tuve que aceptar un cambio en la normativa. Habíamos quedado empatados, seguimos agarrando. Íbamos lucha a lucha y tres separadas, pero lo ganaba yo por amonestaciones. José Manuel Pitti nos pidió que siguiéramos agarrando, hasta lograr un vencedor. La sexta agarrada también fue separada y en la séptima, me metió debajo y gano la lucha. En Lanzarote pasó lo mismo. Las agarradas con él eran terribles o con Melquiades, que eran luchadores legendarios», pormenoriza.

Sobre sus mejores momentos en el vernáculo deporte, no tiene uno claro. «Instantes buenos e intensos siempre los hubo, cuando fui campeón juvenil, o senior; quizás los torneos Copa Coronas a nivel regional con el Maspalomas, que ganamos las tres ediciones o la liga regional con Tonono que la ganamos invictos, no perdimos una luchada. De todos tengo grandes recuerdos». Estuvo 28 años en activo, desde los 13 hasta los 41, y pasó por numerosos equipos: Roque Nublo, Casa Pastores, Arguineguín, Maspalomas, Castillo, Maninidra, Aldea Blanca, Tazacorte, Tinajo y Florida, colgando la ropa de brega posteriormente.

Las lesiones como enemigo

Sus peores momentos, sin dudarlo, fueron los derivados de las lesiones. « Tuve algún parón por las lesiones, que fueron los momentos más duros que pasé. Desgraciadamente, cuando tienes lesiones, es horrible, lo pasas muy mal. Estaba en un gran momento, ganándolo todo y recalé en el Roque Nublo. No sé si por los métodos de entrenamiento, que eran diferentes a los del Maspalomas, pero me comencé a lesionar en la rodilla. Pasé una mala época por ello. El 13 de septiembre de 1991 tuve mi primera operación de ligamentos cruzados y, a partir de ahí, no paré de lesionarme. No tuve suerte después que salí del Maspalomas. Allí no me dolía ni una uña, pero a partir de cambiar, tuve muchísimas operaciones, una docena, creo recordar», contabiliza.

A propósito de la actualidad, no le apetecía profundizar sobre la situación de la lucha en estos años, aunque dio algún apunte personal y de gran valor por lo cualificado de su testimonio: «En la lucha actual se ha perdido algo del espectáculo, una parte por culpa del peso, que limita los movimientos de los luchadores y afecta por tanto a que se pueda ver en el terrero más variedad de agarradas. Antes éramos de 100 a 110 kilos los puntales, salvo excepciones y quizás éramos más ágiles. Ahora hay algunos luchadores pasados un poco de peso y eso le resta movimientos para luchar, aunque hay grandísimos luchadores, como en todas las épocas. De los actuales tenemos a Eusebio Ledesma».

Lo que ha ocurrido con la base, tampoco lo deja atrás. «Se ha perdido un poco la cantera, porque quizás no se está fomentando la lucha, igual porque no se han preocupado tanto por ella», lamenta.

Su opinión sobre las separadas, coincide mucho con la de otros grandes puntales. «Las separadas las produce el sistema, que beneficia a que los luchadores que viven de las rentas y especulan con ellas, de tener una amonestación menos que su rival y eso va en contra del beneficio de la lucha. Por amonestaciones no deberían quedar eliminados, sino que deberían ir por otras sillas. Hay sistemas y se deberían estudiarlos, para ver cuál es el mejor. En la actualidad, se beneficia a los luchadores que no entrenan tanto pantalón como antes, cando estábamos horas y horas agarrando, pero luchábamos como jabatos. El sistema de las amonestaciones y que el otro quede eliminado por ello, es injusto».

Y, mirando pata lo que tiene en casa, confiesa que posee una gran ilusión para que su hijo haga la lucha canaria. «Pienso que tiene buenas condiciones y me gustaría que practicara la lucha, pero solo si él quiere, aunque me encantaría. Intentaré que lo haga, pero será su decisión», avanza.

Para terminar, explicaba su razón por la cual no se le ve mucho por los terreros ni se prodiga en actos propios de la disciplina que le dio tanta fama y prestigio: «Cuando me retiré, había sacrificado a mi familia y ahora buscas otras prioridades. Si mi hijo se animara, me obligaría a meterme de nuevo en el tema, aunque eso a veces es un error, porque algunos padres exigen a sus hijos más de lo que se debe, ya que cada persona es distinta».