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Tokio 2020 | Gimnasia «No entiendo cómo se puede empatar a milésimas»

El presidente del COE, Alejandro Blanco, cuestiona el polémico desempate que privó a Ray Zapata del oro en suelo

PABLO M. DÍEZ Tokio

A pesar de la euforia por haber logrado una medalla olímpica, Ray Zapata no podía disimular su malestar por el polémico desempate que le privó del oro. Igualado a puntos con el israelí Artem Dolgopyat, quien incluso fue penalizado por salirse de la pista, Zapata acabó segundo porque los jueces valoraron con solo una décima más el grado de dificultad de su rival.

«No quiero dramatizar porque estoy muy feliz, pero llevaba tiempo avisándolo. Para conseguir una medalla de estas, ya veis la calidad que debo tener. Sin embargo, otros no tienen que esforzarse tanto para ganar. Yo tengo que hacer un ejercicio perfecto para conseguir una medalla de oro. En mi carrera, solo he conseguido una. Para ganar el oro, tenía que ser un ejercicio perfecto. Pero perfecto no existe», dejó caer sus críticas Zapata, insinuando ciertos prejuicios raciales, ante los periodistas en la zona mixta.

Como se vio en el júbilo de la prensa israelí en el Pabellón Ariake, la medalla de oro de Dolgopyat supone un evento histórico porque es la segunda de este color que consigue el país. La primera, en Atenas 2004, fue para el windsurfista Gal Friedman, y en estos Juegos ya llevaba dos metales, pero de bronce. A la vista del magnífico ejercicio de Zapata, que clavó sus saltos sin errores, sorprendió mucho que los jueces dieran exactamente la misma puntuación en ejecución a Dolgopyat, quien incluso fue penalizado con una décima por salirse de la pista. Pero esa décima de menos se le dieron de más en dificultad, lo que le permitió llevarse el oro pese a que la puntuación final total era exactamente la misma: 14,933.

«No entiendo cómo se puede empatar a milésimas», se quejó el presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, en la rueda de prensa celebrada después por videoconferencia. Pero, en lugar de ahondar en la herida, decidió centrarse en la satisfacción por la medalla ganada. «El oro te corresponde a ti. Disfruta de este día porque tu nombre está escrito con letras de oro en la historia del deporte español», aseguró Blanco, quien animó al propio gimnasta a pie de pista durante la final.

Ajeno a las sutilezas político-deportivas de los Juegos, Zapata prefirió celebrar su plata como se merece: dedicándosela a su hija Olympia, nacida en mayo, y a todos los que le han apoyado durante este año tan duro por las dificultades para entrenar por el coronavirus. Además, envió un recadito a quienes, según denunció, «no querían que siguiera compitiendo y entorpecían mi carrera. A ellos también se lo dedico».

Su entrenador, Benjamín Bango, también aceptaba la decisión con resignación. «Su ejercicio ha sido excelente, pero existen unos criterios para el desempate y esto es lo que hay», se encogía de hombros en la zona mixta. «Lo importante es que tiene una medalla olímpica de plata, que ha demostrado merecer con su talento después de las circunstancias tan difíciles por las que ha pasado este año», analizaba Bango, quien ha preparado una estrategia de concentración total para estos Juegos.

Además de no arriesgar más de la cuenta, por ejemplo no haciendo el Zapata II, el entrenador ha aislado al gimnasta en la Villa Olímpica y solo hablaba con su familia. Tan dicharachero como su sangre caribeña, Ray se quejaba de lo dura que había sido la concentración y de lo mucho que se había aburrido «viendo series para matar el tiempo». Pero todo indica que se ha quedado con ganas de más, es decir con ganas del oro, porque avisó de que «París 2024 está a la vista y tenemos más Zapatas creados».