Artem Dzyuba. / Kirill Kudryavtsev (Reuters)

Análisis

Móviles hackeados a futbolistas: ¿qué nos revelan?

Como otros personajes públicos, los jugadores están entre las víctimas del espionaje y el voyeurismo virtual

Alberto del Campo Tejedor
ALBERTO DEL CAMPO TEJEDOR

Infinidad de políticos y otros personajes influyentes han sido espiados a través de 'Pegasus'. Pero no hace falta un 'spyware' tan sofisticado para acceder a un dispositivo electrónico ajeno. Hay detectives que ofrecen servicios para rastrear en el correo electrónico una posible infidelidad de la pareja, empresas que publicitan softwares para monitorizar a los trabajadores a través de sus terminales o hackers que por 200 euros clonan otro teléfono para que un tercero pueda acceder a distancia a todo su contenido.

Los futbolistas están entre las víctimas. En 2020, el jugador ruso Artem Dzyuba vio cómo se filtraba en las redes un vídeo sexual en solitario. El entrenador le apartó de la selección. Peor le fue a la futbolista Leigh Nicol que cayó en una depresión después de que alguien hackeara su cuenta de iCloud, accediera a fotos íntimas y las difundiera en sitios webs para adultos. Está convencida de que las imágenes se viralizaron rápidamente solo porque era futbolista. Tuvo que dejar las redes sociales porque unos 300 hombres al día le dedicaban lindezas obscenas. Ningún club quiso ficharla. Solo el Crystal Palace le ofreció, pasado un tiempo, retornar a su profesión y pasar página.

En ocasiones, el acceso a información sensible tiene por fin el chantaje. En 2021, cinco personas -incluyendo Karim Benzema, que parece que también jugó algún papel- fueron condenadas por el intento de extorsión al jugador Mathieu Valbuena. Uno de ellos, al que Valbuena encomendó recuperar los datos de su móvil averiado, encontró un vídeo sexual e intentó, infructuosamente, que el jugador pagara 150.000 euros por no difundirlo.

Pero estos delitos no solo son cometidos por aislados oportunistas. A veces hay poderosas instituciones detrás. El diario en lengua inglesa más vendido -'News of the World'-, de Rupert Murdoch, hackeó el móvil de una larga lista de famosos, entre ellos futbolistas como Beckham o Ashley Cole. Otro tanto hizo el grupo propietario de los tabloides 'Daily Mirror' y 'Sunday Mirror'. La justicia demostró que Paul Gascoigne, el jugador más talentoso de su generación, fue espiado durante una década, entre 2000 y 2010, y que al menos 18 artículos periodísticos se escribieron con informaciones obtenidas de esos pinchazos. En el juicio, Gascoigne dijo que saberse vigilado le volvió paranoico: le daba miedo hablar hasta con sus familiares, cambiaba de móvil cinco o seis veces al mes, e incluso atribuyó su alcoholismo a esa persecución. No fue el único jugador espiado. La estrella del Blackburn Rovers, Garry Flitcroft, siempre ha mantenido que ciertos periodistas hackearon su teléfono, con lo que se pudieron airear sus affaires extramatrimoniales.

En general, tendemos a ser poco empáticos con los atentados a la intimidad de los personajes públicos, especialmente si ganan mucho dinero y tienen una vida envidiable, como los futbolistas. Tal vez también porque, en el fondo, lo que demuestran estos casos es que no hay nada que más guste al ser humano que fisgonear en los secretos ajenos, especialmente de un famoso. Los audios de Piqué y Rubiales sacaron a la luz sus turbios tejemanejes, pero, desde el punto de vista del eco que obtuvieron estas noticias, revelaron también que todos tenemos un voyeur dentro.

Hace casi 70 años, Hitchcock plasmó en 'La ventana indiscreta' la fascinación que experimentamos por la intimidad de nuestros semejantes. Está bien ser condescendiente con esa necesidad tan humana. Pero si me pongo en el pellejo del futbolista, comprendo que algunos estén desarrollando cierta psicosis -otro título legendario de Hitchcock-: tienen varios móviles, sospechan de cualquier llamada desconocida, evitan comentarios comprometidos en el whatsapp. Incluso las parejas de los futbolistas están con la mosca detrás de la oreja, y más de una asegura haber sido víctima de un hackeo.

Voy a hablar con Benito Zambrano para que se plantee un 'remake' del clásico de Hitchcock: 'La pantalla indiscreta'. Se clama contra el mal uso de los móviles, el mal de los ciberdelincuentes y el mal periodismo. Y estoy de acuerdo. Pero en esta película, ¿qué papel jugamos los ciudadanos de a pie, ávidos de echar un vistazo cotilla a lo que ocultan ya no las cortinas sino el móvil de cada cual? Sin nosotros, no habría negocio. Deberíamos tener el papel principal. Porque toda intrusión en la intimidad de los futbolistas revela más de nosotros que de ellos.

Temas

Hackers