Luka Modric controla un balón. / Javier Barbancho (Reuters)

Supercopa de España

El vinagre que amenaza a los leones

Pese a salir derrengado de la semifinal con el Barça, Modric volverá a comandar al Real Madrid en la pelea por la Supercopa frente al Athletic

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOT Madrid

La última vez que Real Madrid y Athletic midieron fuerzas, Luka Modric vio el partido desde casa. El pequeño genio de Zadar se perdió la visita de los blancos el pasado 22 de diciembre a San Mamés (1-2) porque persistían sus síntomas de covid-19, pese a que venía dando negativo en las sucesivas PCR que se le habían practicado. Sufrió, a través de la televisión, con el apurado triunfo de su equipo, que puso tierra de por medio enseguida con dos goles de Karim Benzema pero tuvo que trabajar duro para llevarse los tres puntos de La Catedral a causa de la también tempranera diana de Ohian Sancet. El domingo no faltará a la cita con los leones en Riad, donde aspira a levantar la que sería su cuarta Supercopa de España y el decimoctavo título desde que aterrizase en Chamartín en el verano de 2012 por petición de José Mourinho.

A sus 36 años, el ganador del Balón de Oro en 2018 sigue librando una carrera contra el tiempo. Sueña con estar en el Mundial de Catar para liderar de nuevo a la selección croata, a la que llevó al subcampeonato en Rusia 2018. Para ello, mantiene un envidiable estado de forma, fruto de una estricta dieta y un concienzudo plan de trabajo, que le permite continuar siendo el líder indiscutido del centro del campo del Real Madrid. Un club que extendió su contrato hasta el 30 de junio del presente año y con el que ya tiene ultimada su renovación por otra campaña adicional, como premio a su excepcional rendimiento.

El balcánico alcanzó en la semifinal frente al Barça la cifra de 69 partidos jugados con el Real Madrid una vez franqueada la barrera de los 35 años, los mismos que Paco Gento, actual presidente de honor de la entidad de Chamartín. Contra el Athletic, dejará atrás a la Galerna del Cantábrico y comenzará la caza de Miguel Ángel (93) y Alfredo Di Stéfano (99), los siguientes en esa lista de ilustres que envejecieron portando la zamarra de los blancos.

Desde que sopló esas 35 velas, Modric solo se ha perdido doce encuentros. Un registro asombroso en estos tiempos de calendarios sin tregua y patógenos que se propagan a velocidad endiablada. Su talento es refractario también al auge de las estrellas en ciernes. Martin Odegaard o Dani Ceballos llegaron en su día al Real Madrid con el propósito de que recogiesen el testigo del ex del Tottenham cuando se le acabase la gasolina. El noruego desistió, aburrido, y el utrerano va por el mismo camino. Porque el croata se ha revelado como un auténtico Benjamin Button y nadie es capaz de hacerle sombra.

Una media de época

La sociedad que forma con Casemiro y Kroos desde hace más de seis años es historia del fútbol. Juntos ganaron tres Champions consecutivas, siendo determinantes en el último ciclo regio del Real Madrid en Europa. El triunvirato se mantiene incólume desde que Zinedine Zidane lo fijase como palanca después de su primer derbi al frente del Real Madrid. Tampoco Carlo Ancelotti se ha atrevido a discutir su hegemonía. «Forman la mejor media del mundo en la actualidad. Quizás son más clásicos los centrocampistas que van de área a área, pero tienen tanta experiencia y tanto fútbol que son extraordinarios. Además, resultan que mezclan muy bien. Cuando están los tres juntos, nadie puede compararse a ellos», aseveró el preparador italiano en una entrevista concedida recientemente al diario 'As'.

Los números así lo avalan: de los catorce partidos en los que han sido titulares los tres en lo que va de curso, los blancos han ganado trece. Un dato que ha evitado que Modric saque a relucir más de la cuenta ese carácter que tanto temen en el vestuario. «Los compañeros en el Real Madrid me llaman 'vinagre' porque hasta cuando pierdo en el entrenamiento me lo tomo mal», contó en su día el croata, un profesional de los pies a la cabeza que vive por y para el fútbol, hasta el punto de que medita ser entrenador cuando cuelgue las botas.

En el clásico de Arabia Saudí, volvió a ser determinante. Su facilidad para leer los espacios fue clave para desencadenar las contras que dinamitaron al Barça, a lo que sumó la capacidad habitual de brega para contener las embestidas de los azulgranas. El esfuerzo realizado le dejó derrengado y el técnico no tuvo más remedio que retirarle en la recta final de la segunda parte. Sabe de la necesidad de tratarle con mimo. Las prestaciones del Real Madrid caen muchos enteros sin el '10' sobre el verde. En la final contra el Athletic volverá ponerse a prueba su proverbial capacidad de resistencia.