Benzema celebra uno de sus dos goles frente al Mallorca. / Jaime Reina (Afp)

Análisis

La fe de Benzema

El francés se supera, alcanza su mejor registro como goleador y calla todas las voces que le criticaron durante años

Alberto del Campo Tejedor
ALBERTO DEL CAMPO TEJEDOR

Marcelo Bielsa dice que el fútbol le ha permitido comprender las leyes fundamentales de la vida, por ejemplo, que «nadie te acompaña para ayudarte a ganar, pero todos te acompañan si has ganado». Hoy todos elogian a Benzema. Pero conviene recordar que, en la mayor parte de sus trece temporadas en el Madrid, el francés tuvo que soportar severas críticas, tanto de la afición como del periodismo. Se decía que, para llevar el '9' a la espalda, no metía suficientes goles, que era frío en el campo, incluso que no sudaba la camiseta. Benzema jamás tuvo un mal gesto, acaso porque sabía que su trabajo consistía fundamentalmente en jugar para Cristiano Ronaldo. Cuando se fue el luso, las miradas escépticas se posaron sobre Karim, quien ha superado todas las expectativas.

Benzema lleva 311 goles, lo que supone casi 24 goles por temporada. No le queda mucho para sobrepasar los 323 tantos de Raúl y situarse justo por detrás del mayor ariete de la historia merengue, aquel al que Benzema se supeditó durante años: Cristiano Ronaldo. A sus 34 años, el francés ya ha igualado en esta temporada su mejor registro de hace una década: 32 goles. Con sus dos últimos tantos ayer ante el Mallorca, es el Pichichi destacado, con ocho dianas más que el segundo clasificado, Vinicius.

Da igual la época y la sociedad: cuando todos dudan de él, un gran hombre sigue creyendo en sí mismo. Lo imposible no está en su diccionario. A falta de media hora para el final, el PSG doblegaba con claridad al Madrid y nadie daba un duro por el equipo merengue: ni las casas de apuestas, ni la afición. Pero, cuando todo parecía perdido, Karim corrió para presionar a Donnarumma, provocó su error, metió el primer gol, trajo la esperanza a los suyos y la duda al adversario. 17 minutos más tarde anotaba su tercer tanto y conseguía, él solo, lo impensable.

Hace unos días, tomando un café con Poli Rincón, le pregunté si era cierto lo que había oído de otros jugadores que habían protagonizado, junto a él, la gesta del 12-1 frente a Malta: que él había sido, en verdad, el único que creía antes del partido en la posibilidad de vencer por once goles y clasificarse para la Eurocopa de 1984. Tras confirmármelo, quise saber de dónde surgía aquella irracional fe. Me habló de que se crio en la Corrala, en Lavapiés, cuyas casas de 30 metros no tenían ducha ni sanitarios: «No conocí el champú hasta que llegué al Real Madrid. Hasta entonces me lavaba con el jabón Lagarto». Sus padres le enseñaron -sin quererlo, solo con su ejemplo de abnegado y diario sacrificio- aquello de que la fe mueve montañas y que, aunque difícil, no era absurdo pensar que se podía salir de allí.

Inspirador

Durante siglos, los religiosos han puesto énfasis en los milagros para proclamar desde el púlpito: tened fe en lo imposible. Benzema, que es de poco hablar, hace realidad el precepto en la tierra, a ras de suelo. El delantero nació en una familia de emigrantes argelinos, sobrevivió junto a ocho hermanos y tuvo una infancia dura en un barrio marginal de Bron, en Francia. Los que salen adelante en las calles donde se han criado Poli o Benzema aprenden que no es del todo cierto aquello de que solo los necios desean lo imposible.

En el vestuario del Villamarín, mientras Gordillo, Camacho y el resto de componentes de aquella selección se vestían en silencio, solo Poli repetía incesantemente: «Vamos a hacerlo, vamos a hacerlo». Antes del partido contra el PSG, Benzema envió un whatsapp a su amigo, el rapero Niska: «Pasamos directo, ellos se van a cagar encima. No van a hacer nada de nada. Esta es mi historia» (C'est mon histoire).

Poli se casó por la Iglesia, mientras que Karim Mostafá Benzema es musulmán. Pero ambos profesan la misma fe: creen en lo inalcanzable. El talentoso -Asensio, por ejemplo- hace fácil lo difícil. Pero solo el genio hace posible lo imposible. El talento no es suficiente. Es necesario una pizca de locura, un cierto desprecio por la lógica y una vocación para creer, contra todo pronóstico. Menos eran las posibilidades de triunfar cuando el destino quiso que nacieran allí donde lo normal era no levantarse del barro. Héroes así nos inspiran porque nos demuestran que todos haríamos muchas más cosas si creyéramos que son muchas menos las imposibles.