Karim Benzema celebra su último gol en el Sánchez-Pizjuán. / AFP

Benzema, el espejo donde se miran Vinicius y Rodrygo

El francés vuelve a justificar, ante el Sevilla, por qué es uno de los principales candidatos al Balón de Oro

Alberto del Campo Tejedor
ALBERTO DEL CAMPO TEJEDOR Catedrático de Antropología Social en la Universidad Pablo de Olavide

El Real Madrid certificó prácticamente el título de Liga gracias a una victoria sobre el Sevilla, remontando en la segunda parte un 2-0 adverso. Y lo hizo gracias a dos jóvenes —Rodrygo y Vinicius— que hirieron al rival de muerte por las bandas, comandados por Benzema en el centro del ataque. Los dos brasileños, de 21 años, bien pueden inspirarse en Karim que, a sus 34 años, está bordando la temporada. No solo es el Pichichi destacado, con 25 goles, y ha anotado otros 12 tantos en Champions, sino que se echa el equipo encima y es determinante en los momentos clave, que constituyen los dos rasgos esenciales de los grandes jugadores.

Con razón dice Ancelotti que Benzema es cada día mejor, como los buenos vinos. Pero no siempre fue así. En los primeros años se le criticó un exceso de frialdad, incluso que se evadía de los compromisos principales y que no definía ante la portería, para llevar el 9 a la espalda. El Bernabéu le pitó en varias ocasiones. Pero Karim no bajó los brazos y siguió a lo suyo: fue puliendo sus defectos, abrillantando sus virtudes. Hoy es, con mucho, el jugador más decisivo de la Liga.

Hemos visto a muchos futbolistas que deslumbran en sus primeros años, para diluirse, después, en la irrelevancia. Michael Owen se impuso en el Balón de Oro por delante de Raúl González, y se convirtió así en el segundo jugador más joven en lograr este título. Pero, The Golden Boy, que pasó por el Real Madrid en la temporada 2004-05, no logró confirmar las expectativas que generó cuando empezaba.

Ocurre en todos los ámbitos. En la literatura, por ejemplo, ciertos escritores irrumpen en escena con una obra impactante que, sin embargo, no logran ya superar en toda su vida. Carmen Laforet tenía solo 23 años cuando escribió Nada. La novela ganó el Premio Nadal en 1945, pero la escritora barcelonesa murió en 2004 sin haber vuelto a crear ningún texto que siquiera rozara la notabilidad de su primera obra.

El mismo galardón, una década después que Carmen Laforet, reconoció a Rafael Sánchez Ferlosio por su novela neorrealista El Jarama. Se considera que tanto esta novela como la opera prima de Carmen Laforet merecen estar entre las 100 mejores obras de la literatura española del siglo XX. Pero, aunque Sánchez Ferlosio recibió el Premio Cervantes en 2004 y el Premio Nacional de las Letras Españolas en 2009, ningún otro texto suyo ha sido tan alabado como El Jarama.

Según el diario L' Equipe, Benzema es el principal favorito para alzarse con el Balón de Oro 2022, algo que ningún madridista hubiera pensado hace algunos años. Algunos candidatos, como Mbappé y Haaland, muestran el ímpetu y el desparpajo que solo exhiben los jóvenes. Pero Benzema representa el entendimiento, la templanza y el liderazgo de los veteranos. Su temporada 2021-22 es una obra maestra.

Rodrygo, Vinicius y otros jóvenes deportistas pueden razonablemente pensar que, si siguen el ejemplo del capitán madridista, tienen opciones de madurar, lentamente, sin ansiedad, para acabar dejando su nombre escrito en la historia balompédica. Porque Benzema es el Delibes de nuestro fútbol. El escritor vallisoletano comenzó como caricaturista y periodista, hasta convertirse, con el tiempo, en uno de los principales novelistas españoles contemporáneos (al mismo nivel, a mi juicio, que otro gigante como Valle-Inclán). Cinco Horas con Mario es su texto más célebre, pero Delibes escribió su obra más extensa —y para algunos críticos también la más madura— al final de sus días. El hereje fue, efectivamente, su última novela y acaso donde mejor puede comprobarse su maestría para retratar gentes, costumbres y paisajes.

En el Sánchez-Pizjuán, Vinicius volvió a ser incisivo en su banda, y el árbitro le anuló un gol que parecía legal. En el lado opuesto del campo, su compatriota Rodrygo también desquició a la zaga sevillista, anotó el tanto que iniciaba la remontada y asistió a Benzema en el definitivo 2-3. El francés dio la victoria a su equipo en el minuto 92 y demostró, una vez más, que, en ocasiones, como en algunas novelas y en ciertas trayectorias literarias, lo mejor llega al final.