Los jugadores del Real Madrid hacen piña tras el gol de Hazard en San Siro. / Afp

Análisis

El Real Madrid siempre vuelve

Como ocurrió en el clásico, el equipo de Zidane sacó a relucir su orgullo, calidad y carácter para resolver otro duelo con tintes de final en San Siro

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKO Madrid

Al club más ganador del mundo nunca se le debe dar por muerto. Irregular en la Liga, donde se muestra incapaz de encadenar partidos redondos, el Real Madrid demostró el miércoles su tradicional grandeza en otra final, la que le enfrentó al Inter de Milán en San Siro. Salió de Lombardía igual de reforzado que en el clásico frente al Barcelona, cuando llegaba al Camp Nou como aparente víctima, pero sacó a relucir su calidad y carácter para imponerse por 1-3.

Raphael Varane, el central que el curso pasado se confesó como culpable en primera persona de la eliminación de los blancos en octavos de la Champions ante el Manchester City de Pep Guardiola, ofreció la clave de la incontestable victoria en Italia: «Sabíamos que teníamos que ser sólidos y correr todos juntos. Con esta actitud, somos un buen equipo», valoró el galo, que apeló en todo momento a la buena labor del colectivo.

En la misma línea se expresó Zinedine Zidane. «Era un partido importante y sacamos lo mejor de nosotros. Me alegro por los jugadores porque cuando se tienen que poner se ponen e hicimos este gran partido. Este es el camino a seguir», argumentó el técnico madridista. Valoraciones que implícitamente contienen reproches a la actitud de los jugadores en el día a día, en ese tópico del partido a partido que se asocia al Cholo Simeone pero es tan viejo como el fútbol.

Sin la columna vertebral de inicio que forman Sergio Ramos, Casemiro, que salió durante la segunda parte para darle más músculo y oxígeno al centro del campo, y Karim Benzema, el Madrid se presentaba con enormes dudas ante un Inter de Conte amenazante y con la bestia Romelu Lukaku en plena forma. Su clasificación para el primer cruce de la Champions estaba en riesgo, aunque incluso en caso de derrota podría haberse clasificado venciendo los dos últimos partidos en Donetsk y ante el M'Gladbach en Valdebebas, pero el Madrid impuso su ley desde el principio.

A los siete minutos, Eden Hazard abrió el marcador de penalti, cometido sobre Nacho, lo que indica la actitud valiente del equipo. Personalidad y liderazgo del belga, de cuya progresión depende mucho todo el equipo al tratarse de un jugador muy desequilibrante. Como él mismo dijo tras la contienda, necesita más minutos y partidos para ganar confianza y recuperar la autoestima.

Seriedad, concentración, motivación, ambición y solidaridad entre los compañeros fueron algunas de las claves colectivas del resurgir del Real Madrid, que ahora debe conseguir la regularidad en la competición española. En el plano individual, hubo varias claves. Desde atrás, Nacho se comió a Lukak. Sin Ramos, el Madrid había perdido siete de los ocho partidos disputados de Champions, pero el canterano se creció hasta hacer olvidar al capitán y sostener al delantero belga incluso en el cuerpo a cuerpo. Junto a Varane, lograron que Courtois sellase por primera vez su portería en esta Champions.

Mención especial para los veteranos Toni Kroos y Luka Modric, en la élite de los centrocampistas europeos cuando se encuentran físicamente bien y mentalmente a tope. Impartieron una lección de cómo manejar el tiempo y el espacio. Perfectos en el toque, la colocación y el gobierno de la situación en un centro del campo donde Odegaard creció al asumir más responsabilidad y galones con una naturalidad que recordó por momentos a sus mejores tiempos en la Real Sociedad.

Lucas se gana la renovación

Lucas Vázquez, epicentro de las críticas en numerosas ocasiones, volvió a responder a la confianza de su entrenador. Compromiso y polivalencia le avalan. Tras cumplir como lateral derecho por las bajas, el gallego firmó un partido encomiable de extremo derecho. Asistió al brasileño Rodrygo Goes en el 0-2 y mantuvo su idilio con San Siro. En 2016 tiró como si tal cosa uno de los penaltis de la tanda que decidió la final de la Champions contra el Atlético y seguramente el miércoles se ganó la renovación que pidió el propio Zidane públicamente.

A Rodrygo Goes se le exige mucho más, igual que a su compatriota Vinicius, pero en San Siro fue determinante, como casi siempre que se le requiere en la Champions. Si en el Di Stéfano salió del banquillo y logró el gol del triunfo ante el Inter, el miércoles tardó menos de un minuto en sentenciar el partido con el segundo gol ante un Inter que capituló casi desde la autoexpulsión de un acelerado Arturo Vidal. En nueve apariciones en la mejor competición de clubes del mundo, seis goles y tres asistencias del brasileño.