Militao pugna con Mount durante el Real Madrid-Chelsea. / Pierre-Philippe Marcou (Afp)

Análisis

El dilema de Zidane para Stamford Bridge

El extraordinario rendimiento de Militao pone en aprietos al técnico del Real Madrid ante la probable recuperación de Sergio Ramos para la vuelta de semifinales de la Champions contra el Chelsea

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOT Madrid

Aún en pie gracias al voleón de Benzema que neutralizó el chaparrón del Chelsea y a su infinita capacidad de supervivencia, el Real Madrid visitará el próximo miércoles Stamford Bridge obligado a una pirueta que nunca ha sido capaz de completar en la máxima competición continental: superar unas semifinales de la antigua Copa de Europa tras conceder un empate a uno como local en la ida. Las tres veces anteriores en las que los blancos se vieron en dicha situación (frente al Bayern en la temporada 1975-76, contra el PSV en la 87-88 y ante el Milan en la 88-89), se quedaron en la cuneta.

Semejante panorama invita a contar con soldados fajados en mil y una batallas, a recurrir a efectivos doctorados en heroicidades que tiren de experiencia y liderazgo para llevar en volandas a sus compañeros. Asignaturas todas ellas en las que ha impartido cátedra Sergio Ramos. Todo indica que el capitán, que volvió a entrenarse en Valdebebas el pasado jueves, después de superar el coronavirus, para continuar con su puesta a punto tras recuperarse también de la lesión muscular en el gemelo interno de la pierna izquierda que le mantenía de baja desde comienzos de abril, estará en condiciones de medirse a los 'blues'. Pero Zinedine Zidane afronta un duro dilema.

El extraordinario rendimiento de Eder Militao y Nacho Fernández durante unas semanas de enorme exigencia en las que cubrieron con suficiencia las vacantes del '4' y de Varane, al que la covid-19 dejó también en el dique seco, mete presión al técnico marsellés y pone en apuros al central sevillano, que con su renovación torcida ve cómo sus ausencias han dejado de ser el drama de otros tiempos para el Real Madrid y se le complica el regreso al once.

Mientras que respecto al polivalente defensor alcalaíno, presente en todos los minutos de la racha de 18 partidos consecutivos sin perder que acumula el conjunto de Chamartín desde el 6 de febrero -salvo los 90 contra el Getafe que se perdió por sanción-, existían pocas dudas sobre su capacidad para estar a la altura del reto, los últimos encuentros han servido para constatar que en Militao tiene el Real Madrid a un central de talla para el presente y el futuro

Sergio Ramos, en el palco de Valdebebas durante la ida de semifinales de la Champions. / Susana Vera (Reuters)

Sobresaliente ya en la eliminatoria de cuartos frente al Liverpool y destacado también en el clásico del Di Stéfano, el brasileño dio un nuevo recital contra el Chelsea. Su velocidad, sentido de la anticipación y contundencia resultaron fundamentales para sostener al Real Madrid mientras arreciaba el torrente 'blue', e incluso participó en el gol de Benzema, peinando el balón que mandó Casemiro de cabeza y que el lionés reventó a la red con un remate a la media vuelta.

Mando en plaza

Sus números frente a la escuadra de Thomas Tuchel revelan que Militao fue el jefe 'in pectore' de una zaga que se vio tremendamente exigida durante la primera media hora. Firmó 62 pases precisos de los 68 que intentó (91% de efectividad), completó siete de nueve entradas exitosas, ganó dos de los tres duelos aéreos en los que se vio involucrado, recuperó cuatro balones y apenas cometió errores. A todo ello hay que añadir unas dotes de mando, ordenando y corrigiendo a sus socios en la retaguardia, desconocidas hasta la fecha y que evidencian su creciente confianza tras meses en la cuerda floja.

Fichado en 2019 a cambio de 50 millones de euros para el Oporto, una cifra que le convirtió en el central más caro de la historia del Real Madrid, y presentado como el sucesor de Pepe, Militao pasó temporada y media prácticamente en el ostracismo y siendo objeto de críticas por las dudas que arrojó las pocas veces que Zidane requirió de sus servicios. Pero desde que el preparador, acosado por las bajas, le entregó las llaves de la titularidad a comienzos de abril, ha tapado bocas.

Plenamente integrado en el clan de los brasileños, donde Casemiro, con pasado también en el Oporto, ejerce de tutor, el joven paulista (23 años) ha demostrado carácter para reponerse de las adversidades que ha tenido que afrontar desde su agitada presentación, con mareo incluido -prolongadas suplencias, lesiones, coronavirus y rumores que le colocaban en el mercado-, para erigirse en pieza valiosa de cara a las temporadas venideras y con impacto en la actual. «Mili ha hecho un gran partido», reconoció Zidane tras el enfrentamiento contra el Chelsea.

Si nada se tuerce, el marsellés podría disponer para el choque en Stamford Bridge de Mendy y Valverde, dos activos cuyo despliegue serviría para reducir la brecha física respecto a los 'blues'. La duda es qué ocurrirá con Marcelo, citado para ser miembro de una mesa en las elecciones a la Asamblea de la Comunidad de Madrid del 4 de mayo, lo que podría impedirle viajar a Londres con el resto de la expedición si no prosperan los recursos del club para liberarle del compromiso. El zurdo, en cualquier caso, quedó en evidencia el martes. Le sobra calidad pero no tiene piernas para duelos de tanta tralla como los que plantea el Chelsea.