Leo Messi, de rodilla, durante el partido del Barça ante la Juve. / Afp

Análisis

Messi deja de ser el escudo de Koeman

El argentino centraba las críticas en un Barça bajo mínimos, pero el 0-3 ante la Juventus ha abierto los ojos sobre la responsabilidad del entrenador holandés

P. RÍOS

El hasta ahora impecable Barça de la Liga de Campeones se solidarizó ante la Juventus con el Barça cómico de la Liga y juntos, ya unificados en un solo equipo de rendimiento vulgar, van a la deriva con pocas perspectivas de que puedan encontrar el rumbo esta temporada.

Tras unos meses de confianza ciega en el capitán de la nave, Ronald Koeman, la imagen ofrecida en el último partido de la fase de grupos (0-3 y un segundo puesto que conllevará unos octavos de final temibles) le coloca ya en el centro de la diana, al lado de Leo Messi, quien hasta ahora le había servido de escudo protector con sus pobres actuaciones.

No es que el argentino haya mejorado una barbaridad, pero, aunque no marcó, sí se le vio activo, implicado e intentando buscar soluciones. Koeman, en cambio, pareció un espectador, el único en un Camp Nou vacío, mientras Andrea Pirlo le superaba tácticamente. No reaccionó, atado a un 4-2-3-1 que no funciona, y ahora ya se le señala.

Se trataba de un respaldo de los barcelonistas más basado en el agradecimiento emocional hacia una leyenda del club que en un apoyo merecido por el juego y la actitud que se veía en los partidos. Las sensaciones no estaban siendo malas, pero era un espejismo.

El holandés emprendió la aventura en un momento deportivo complicado, tras el 2-8 ante el Bayern, más por pasión culé que por dinero, pues estaba a gusto dirigiendo a su selección y llegó a un club que económicamente está bajo mínimos por la crisis global provocada por la pandemia del coronavirus y por la mala gestión en los últimos años. Incluso ha accedido a rebajarse el salario concienciado con las necesidades de la entidad.

Otros, como Xavi Hernández, prefirieron no acudir al rescate y quizás lo acaben pagando cuando lleguen porque puede que el club todavía esté peor, sea quien sea el presidente a partir de las elecciones del 24 de enero. Cada día que pasa crece la sensación de que a este Barça le costará entrar entre los cuatros primeros de la Liga para disputar la próxima Liga de Campeones. Y eso sí que sería un palo económico monumental, un golpe definitivo al prestigio del club y una pérdida total de alicientes deportivos para cualquier proyecto nuevo.

También aceptó Koeman un Barça sin fichajes por falta de dinero pese a la evidencia de que sus dos peticiones, un delantero centro y un defensa central, eran acertadas. Otra cosa es el nombre de los elegidos, pues Memphis Depay, llegue o no en enero, no parece ese ariete de área necesario y Eric Garcia no tiene pinta de ser el central con jerarquía que mande desde atrás por su juventud.

El Barça, sin entrar ya en lo gratuito que fue regalar a Luis Suárez al Atlético sin tener un sustituto, está acusando la ausencia por lesión de rodilla a Ansu Fati, que no reaparecerá hasta marzo. Era el único que había aprendido a volar solo sin mirar constántemente a Messi. Pero tampoco dice nada bueno del momento actual azulgrana que exista ya una dependencia hacia un chico de 18 años recién cumplidos.

Los carísimos fichajes de las tres últimas temporadas no han dado todavía un paso adelante en liderazgo y se supone que se debe a que no tienen ese perfil. Es decir, que nunca lo darán, Dembélé, otra vez lesionado, Coutinho, Griezmann y De Jong no se han hecho con las riendas, con preocupación especial ahora por el holandés, que va de naufragio en naufragio sin aportar nada en una zona del campo en la que se necesita sabiduría táctica y aplomo. Koeman tiene mucho trabajo por delante para mejorar el escenario, pero hay serias dudas de que lo logre.