Harry Kane celebra un gol en esta Eurocopa. / EP

Eurocopa 2020/2021

Harry Kane reclama la corona

De menos a más y a solo un gol de Cristiano y Schick, ansía brindarle a Inglaterra su primer título europeo antes de cerrar su difícil divorcio con el Tottenham

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKO Londres

Considerado el mejor jugador que ha dado Inglaterra desde Paul Gascoigne, Harry Kane afrontó la Eurocopa con máxima presión. No solo tenía la obligación de luchar por un título que su país no ostenta, sino además hacerlo en Wembley. Y lo debía hacer rodeado de una notable generación de jóvenes talentos entregados a la causa de Gareth Southgate, técnico poco intervencionista.

Inició fatal el torneo. Triste, desorientado, nada participativo, como ausente, quizá distraído por su futuro, cada día más alejado del Tottenham, el club de su vida, y próximo parece al City de Pep Guardiola. Hubo expertos, como el exjugador del Liverpool Jamie Carragher, en su crónica en 'The Telegraph', o el exinternacional irlandés Ronnie Whelan, que aconsejaron a Southgate no alinearlo incluso en el último partido de la fase de grupos contra República Checa. Una petición que ignoró el seleccionador, quien ha hecho de su confianza ciega en sus pretorianos la piedra angular de su gestión.

«Es el destino de los grandes jugadores ser criticados a menudo. Kane ya lo ha sufrido tres o cuatro veces en el pasado y ha terminado marcando goles importantes», contestó el técnico. «Como estrella del equipo, sufre mucha más presión. Pero creo que tengo una buena comprensión de estas situaciones por haber jugado con grandes futbolistas y espero que eso me ayude para aconsejarle», añadió.

Sus compañeros también expresaron su absoluta confianza en él. «'H' trabaja muy duro por el equipo y la gente quizá no se da cuenta de todo lo que hace sin el balón», apuntó el lateral Kieran Trippier. «Pero yo creo en Harry y sé que las ocasiones van a llegar y marcará goles», profetizó. Kane es un líder amable con sus compañeros, un capitán casi paternal. Ya lo advirtió el argentino Mauricio Pochettino cuando conducía al Tottenham. «Habla más de lo que parece, dentro y fuera del campo, pero nunca es parlanchín y siempre lo hace para ayudar», dijo.

Como los grandes, Kane ha crecido en el fragor de la competición. Ha anotado ya cuatro goles, a solo uno de los pichichis Cristiano Ronaldo y Patrik Schick. Entró en acción en octavos contra Alemania. Abrochó la histórica victoria inglesa, de certero cabezazo en el minuto 86. En cuartos, acalló a sus críticos con el doblete ante Ucrania. Abrió el marcador con un gol de oportunista a pase Sterling y acabó con cualquier suspense al empujar de cabeza un perfecto centro de Shaw para hacer. La noche hubiera sido perfecta de haber entrado una volea extraordinaria, a buen seguro uno de los goles del torneo, pero Buschan desvió con la yema de los dedos.

En la semifinal ante Dinamarca, fue determinante. Clave en el primer gol, al bajar a recibir, llevarse las vigilancias y filtrarle un pase extraordinario al eléctrico Saka. Y aunque fuera tras el rechace de Kasper Schmeichel en el penalti de la discordia sobre Sterling, marcó el gol del pase a la final en la prórroga.

Sus números no son de 'killer'. Según los datos de la UEFA, 529 minutos en los seis partidos de titular, dos tantos de cabeza, dos con el pie derecho, 15 disparos, ocho de ellos a puerta, once faltas recibidas, tres cometidas y 95 pases acertados sobre 127, lo que supone un 73% de media. Y ninguna asistencia.

Kane representa un caso único, el de un futbolista que hasta los 20 años ejerció como centrocampista organizador. Brillaba en los cambios de juego y hasta se le comparó con Bernd Schuster, pero evidenciaba cierta lentitud, sobre todo para un fútbol donde se antepone el vértigo a la pausa.

El consejo de Mourinho

Con el discurrir de los años, se transformó en un delantero extraordinario al que José Mourinho llamó a capítulo a finales de marzo. El técnico portugués ya barruntaba que sería destituido en el Tottenham y cuentan que recomendó a Kane, uno de los pocos fieles que le quedaban en el vestuario, cambiar de aires si quería crecer y conquistar la Champions algún día.

El luso le considera el mejor delantero que había entrenado, a excepción de Ronaldo Nazario, con quien coincidió en el Barça en el curso 96-97, cuando 'Mou' ejercía como ayudante y traductor de Bobby Robson. Mejor incluso que los Cristiano, Ibrahimovic y Eto'o. Palabras mayores. Algo de razón tenía el técnico. Los 23 goles y 14 asistencias con las que el ariete cerró el curso no evitaron que el Tottenham acabase séptimo, fuera de los puestos europeos. Con 27 años, Harry tenía fundadas razones para dejarse querer por el Real Madrid, el Chelsea, la Juventus y, sobre todo, el City de Pep Guardiola. El catalán le considera la pieza que le falta en su engranaje para conquistar al fin la Champions.

Surgieron las conversaciones entre su agente y el presidente de los Spurs, Daniel Levy. Si llegaban buenas ofertas, el Tottenham no le cerraría las puertas. El escaparate de la Eurocopa sería estupendo, más allá de la crisis económica provocada por la covid-19 que ha ralentizado y devaluado el mercado. El precio de partida, en torno a 160 millones de euros. Su profundo vínculo emocional con la hinchada de los Spurs impide un divorcio sencillo.