Los jugadores españoles corren a felicitar a Morata, autor del gol contra Italia tras una pared con Dani Olmo / AFP

Eurocopa 2020/2021 España ya apunta de nuevo a lo más alto

El equipo de Luis Enrique sale de la Euro convertido en una referencia y, a falta de mejorar su consistencia defensiva, en un serio candidato en Catar

JON AGIRIANO

El pasado 14 de junio, día de su estreno en la Eurocopa, España era una selección bajo sospecha. La calidad de sus jóvenes talentos era indiscutible, pero ello no parecía suficiente como para poder hablar de un equipo realmente competitivo al máximo nivel; es decir, enfrentado a cocos como Francia, Inglaterra, Italia, Alemania, Bélgica o Portugal. La Roja se antojaba todavía demasiado tierna para superar a ese tipo de selecciones hechas y derechas. En un buen día podía ganar a cualquiera, pero también podía sufrir un soponcio al menor descuido frente a rivales menores. Su falta de contundencia en las dos áreas, en fin, convertía a España en una selección poco fiable.

El empate a cero ante Suecia no sólo vino a confirmar esta sospecha sino que desató algunas hostilidades latentes. No hay que olvidar que la convocatoria de Luis Enrique había generado polémica, sobre todo en el madridismo más militante, y que el carácter del seleccionador, desabrido y retador, nunca ha ayudado a templar los ánimos. La respuesta de España fue cerrar filas y expresarse como un solo hombre. Todos los mensajes que salían del técnico y de los jugadores coincidían en dos aspectos fundamentales: en la unión absoluta del grupo y en el convencimiento total en un estilo de juego. Escuchando a algunos, daba la impresión de que podrían ir por las casas haciendo proselitismo del juego de toque y la presión alta.

A falta de líderes naturales tras el cambio generacional y la ausencia de Sergio Ramos, ese papel lo asumió desde el primer día Luis Enrique. Y salvo algunos gramos de jactancia al reconocer su posición de macho alfa, lo cierto es que no ha podido interpretarlo mejor. El asturiano ha dado justo lo que necesitaba a un grupo joven y todavía algo inocente: su máxima confianza. Dicho así, puede parecer una obviedad. Al fin y al cabo, todos los entrenadores se esfuerzan en dar la máxima confianza a sus pupilos. La diferencia es que 'Lucho' se la ha dado para interpretar un fútbol ambicioso y valiente que obliga a asumir muchos riesgos; un estilo de juego que, aunque hizo posible los años dorados de La Roja, ya empezaba a estar en entredicho tras los fracasos en los últimos grandes torneos.

Números brillantes en seis partidos

  • 13 son los goles que ha marcado la selección en los seis partidos que ha disputado en este Eurocopa

  • 6 son los goles encajados por el equipo de Luis Enrique, la mitad de ellos en el partido contra Croacia

  • 3 prórrogas consecutivas ha tenido que jugar La Roja a partir de octavos. Ante Croacia, Suiza e Italia.

  • 67 por ciento es el porcentaje medio de posesión del equipo español, de largo el más alto del torneo.

  • 630 minutos ha jugado Unai Simón. Todos los posibles. Pedri sólo se ha perdido uno en seis partidos.

  • 21 son los jugadores que ha utilizado Luis Enrique. Todos menos los dos porteros suplentes y Diego Llorente.

  • 111 remates ha firmado La Roja, que lidera esta estadística como muchas otras de esta Eurocopa.

  • 89 por ciento de acierto en los pases. Con diferencia, España ha sido el equipo más fiable en el trato al balón

  • 267 son las recuperaciones que ha hecho España en sus seis partidos. También es la selección que más roba.

Los que siempre habían deseado sentarse en la primera fila de la iglesia en el funeral del tiqui-taca, los que no desaprovechaban una oportunidad para extender el certificado de defunción de este estilo apelando a caricaturas grotescas como el partido de los dos millones de pases inocuos y desesperantes ante Rusia en el pasado Mundial, se han encontrado con un seleccionador vibrante y de una firmeza mineral en sus principios. Él no habla de tiqui-taca, pero tampoco hace falta. Quiere que su equipo tenga la pelota, que ataque y defienda a través de la posesión, que juegue al mayor ritmo posible y presione muy alto. Se trata, en fin, de volver a parecerse a la mejor España de la historia.

Esto, que parecía imposible, ya no lo es. Basta con mirar más allá del resultado y observar las grandes similitudes -con el guiño del falso nueve para molestar a los centuriones Bonucci y Chiellini- entre la selección que perdió el martes en Wembley y la que goleó a la misma Italia en Kiev en 2012. La propuesta es básicamente la misma. Y precisamente porque lo es y porque ninguna selección está dispuesta a discutirle el balón a España, también está muy claro cuál es el reto de futuro de la selección. Sencillamente, pulir su estilo hasta hacerlo todavía más brillante y eficaz.

Una aventura

Desde aquel estreno decepcionante ante Suecia hasta la derrota frente a Italia han transcurrido tres semanas y lo cierto es que no han podido ser más emocionantes. Una auténtica aventura. A España le ha pasado de todo. Sólo ha faltado que le ataquen los comanches. Ha pasado de no marcarle un gol ni al arcoíris a firmar diez en dos partidos; ha visto cómo su portero o su delantero centro pasaban de villanos a héroes en unos minutos; ha desperdiciado ventajas que parecían definitivas y se ha repuesto de golpes duros cuando nadie lo esperaba. Estuvo espesa ante Suiza y en cambio desfiguró a la selección que más había impresionado en el torneo. Con decir que ha tenido que disputar tres prórrogas consecutivas, algo nunca visto, está todo dicho.

Como experiencia, esta Eurocopa no ha podido ser más enriquecedora. De hecho, si todos los análisis coinciden en augurar para La Roja un futuro muy prometedor no sólo se debe a la calidad indiscutible de su plantel, especialmente la de sus jóvenes futbolistas, portentos como Pedri, un prodigio de 18 años llamado a ser un crack mundial, Dani Olmo, espléndido el martes, Ferran Torres, Eric García, Llorente, Pau Torres, Oyarzabal, Gayà, Fabián, etcétera. Se debe también a la personalidad que ha mostrado y a su aprendizaje en estas tres semanas. Ha sido un auténtico doctorado. Esos jugadores, unidos para siempre después de lo que han vivido, no van a volver a ser lo mismos: han subido el escalón competitivo y ya están sin discusión entre los principales favoritos a los títulos.

La selección de Luis Enrique salió de Wembley muy dolida, pero también con un objetivo marcado entre ceja y ceja: el Mundial de Catar. Queda año y medio para esa cita y, tras lo visto en esta Euro, parece claro dónde va a poner el acento el seleccionador. Se trata de que el equipo gane en empaque mostrando una mayor solidez en sus costuras. Lo del gol -el acierto en la definición, mejor dicho- un técnico apenas puede trabajarlo, pero la consistencia defensiva, sí. En esa faceta hay un margen de mejora evidente y Luis Enrique es c onsciente de ello. Sabe de la importancia de ser más sólidos atrás. Y es que, frente a quienes vinculan exclusivamente los grandes éxitos de España a su maestría en el juego de toque, se olvidan de que aquel fue un equipo impermeable en defensa. Ni un solo gol en contra a partir de octavos en Sudáfrica y sólo uno en toda la Eurocopa de 2012.