Estímulo perfecto para la integración

12/11/2018

El colegio Santa Catalina compite en las categorías benjamín y alevín de fútbol sala con niños y niñas de 13 nacionalidades diferentes con el objetivo primordial de enseñar valores «en un deporte ideal para ponerlos en práctica»

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El Colegio de Educación Infantil y Primaria Santa Catalina de Las Palmas de Gran Canaria se ha convertido en un crisol de culturas y en un centro de integración social para niños y niñas de otros países que residen en la isla, muchos de ellos nacidos en Gran Canaria de padres extranjeros que han llegado a Canarias a labrarse un futuro.

Desde hace años, y como actividad extraescolar, se creó el CD Santa Catalina que compite en las categorías federadas de fútbol sala. Han llegado a tener equipos en las categorías benjamín, alevín, infantil y cadete, pero actualmente solo mantienen las dos categorías de menor edad -benjamín y alevín-.

Félix González es el entrenador de estos niños y niñas. Técnico profesional de integración social, Félix se desvive por ellos. «El fútbol sala es un punto de encuentro para ellos y lo primordial es educarles y enseñarles los valores del deporte. El fútbol sala es ideal para poder conseguir estos objetivos, ya que aúna una serie de características que contribuyen a ello», destaca.

Cada año, al inicio de la Liga, se encuentran con dificultades para poder confeccionar las plantillas y entregar las fichas federativas a la Federación Interinsular de Fútbol de Las Palmas. «La documentación en algunos casos, dependiendo de la situación familiar de cada uno, es más extensa de lo habitual, con certificados de empadronamiento, escolarización, contratos de trabajo de los padres, etc. Tenemos que contar con la implicación de los padres y muchas veces se nos echa el tiempo encima, como esta temporada con el alevín, que en las primeras jornadas hemos tenido que disputar los partidos con niños benjamines a la espera de la certificación definitiva de sus fichas».

Colaboración

En este arduo proceso destacan desde el Santa Catalina «la colaboración de la Federación y de Manuel Hernández, presidente del comité de fútbol sala. Siempre nos llaman y animan a sacar equipos y dentro de sus posibilidades nos echan una mano con balones y material. También me gustaría destacar el apoyo de los árbitros y del resto de clubes, que entienden perfectamente nuestra situación y colaboran con nosotros. Nosotros, gracias a toda esa colaboración, jugamos en la cancha del colegio y los viernes, ya que nos es más fácil que los niños al salir de clase estén en el centro y luego jueguen los partidos», comenta Félix González.

En el equipo hay pequeños de 13 nacionalidades, destacando actualmente una mayoría de filipinos. África, Asia, Europa y América están representados en un equipo en el que la armonía y el amor por hacer deporte sobresale. Tener a dos equipos federados supone un esfuerzo extra. Tanto el entrenador como el presidente del club, Ricardo Roger, también tienen que preparar un plan especial para los partidos que el Santa Catalina juega fuera de su cancha. «Es una excursión. Muchos de los padres de los niños trabajan y nos dividimos en nuestros coches particulares para llevarlos o si no alquilamos una guagua y nos llevamos a los dos equipos juntos. Si jugamos en alguna cancha de Las Palmas de Gran Canaria y no disponemos de coches suficientes, cogemos taxis», comentan.

El resultado es lo de menos

El Santa Catalina disfruta de la convivencia, de los entrenamientos, de la labor de equipo. El fútbol sala suele ser el patito feo del fútbol, ya que pocos niños se deciden a practicarlo y todos acuden a la llamada del fútbol, pero «este deporte es fantástico para mostrar todos esos valores de los que hemos hablado. La educación, el respeto en la cancha y entre los padres fuera de ella, y la armonía son factores muy positivos y animo a que se potencie más el fútbol sala, y se incentive por parte de todos los estamentos», comenta este entrenador que lleva muchísimos años inmerso en este mundo.

El club Santa Catalina encuentra en el fútbol sala una excusa perfecta para «que los niños tengan un punto de encuentro y se integren».