Fútbol: UD Las Palmas

Entre el conformismo, la penuria y la decepción

04/02/2019

El empate ante el Zaragoza supone un jarro de agua fría para una UD que puede ir olvidándose ya de la palabra ascenso. Punto a punto no se puede volver a la élite. La autoexpulsión de Gaby Peñalba es otra mancha en el tiovivo grancanario

La vida sigue igual en las entrañas de la UD. Empeñada en abrir su propia herida, ahora se dedica a conformarse con un empate aquí y otro allí. Y no contenta con ello, no se cansa de alejar a sus aficionados. Lo de anoche es digno de analizar. Jugador por jugador, la plantilla amarilla es la mejor de la categoría, pese a que la insistencia en hacer ascuas tal afirmación sea flagrante. En un encuentro gris, en el que se pudo sentenciar en la primera mitad y se dejó vivo a un rival con más hambre y ambición, a Peñalba le dio por autoflagelarse y dejar en inferioridad numérica a Las Palmas. Como si no tuviera ya problemas la UD. El argentino cometió un pecado capital y la victoria terminó de alejarse cuando todavía se creía en ella.

Tenía una oportunidad inmensa la Unión Deportiva de aferrarse a las opciones de ascenso y, entre tanto plástico reluciendo en la grada, volvió a fallar. El primer tiempo, nada notable pero sí más sobrio que en otras ocasiones, sirvió para ver cómo se adelantaban los isleños en el marcador y cómo le empataban con una mala fortuna tremenda. La suerte, una vez más, negó la sonrisa a los amarillos. Galarreta, en un intento de robo, habilitó a Álvaro Vázquez, que encaró a Raúl y no dudó ni un segundo en subir el empate.

Y con las tablas en el electrónico llegó la decepción. Se marchaba Las Palmas al vestuario con la cabeza agachada y la mente débil. Salió del túnel y no fue capaz de demostrar que quería ese triunfo. Entraron Momo para buscar fútbol, Lemos para contener la banda izquierda del Zaragoza y Araujo, ya a la desesperada. Pero ni con esas. En el recinto de Siete Palmas se respiró conformismo. Como si punto a punto se pudiese volver a la élite. Ni los galones de Rubén, que debería meterlos a pares en esta categoría, ni el apellido de Timor y ni siquiera la calidad de Araujo pudieron rascar algo más que un mísero empate.

Además, por si fuera poco, se terminó de consagrar la ruptura con la grada. La afición, cansada ya de decisiones incoherentes y retornos a dedo, dio la espalda al equipo. El Gran Canaria presentó una imagen muy pobre, lejos de candidato a nada, y el gris de la calima cautivó el ambiente de la hinchada, que pitó a todo el que se puso delante. Mientras, el ascenso se esfuma y los sueños de volver a competir contra los mejores equipos de España son solo eso, sueños.

Se le debe pedir mucho más a esta UD que no ofrece garantías ni automatismos para competir contra cualquiera. Pinceladas de Fidel, arrancadas de Rafa Mir y cortes al límite de Mantovani son insuficientes para estar en lo más alto de la tabla. A día de hoy, y teniendo que visitar este domingo el estadio del Málaga, las sensaciones y los números de la escuadra grancanaria no invitan a nada que no sea a una cara triste. Queda mucho que mejorar y aprender...

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