De izquierda a derecha, Lucas, Patricia, Daniela, Claudia, Berni y Aminata en las canchas deportivas del barrio capitalino de Escaleritas. / cober

Talento y diversión desde la cuna

La familia Hernández respira baloncesto. Patricia y Berni iniciaron un camino que ahora continúan Claudia, Lucas, Aminata y la pequeña Daniela. Muchos sueños vividos y por vivir

ÓLIVER SUÁREZ ARMAS Las Palmas de Gran Canaria

Valores y crecimiento como forma de vida y de entender el deporte. Una saga ligada al baloncesto durante décadas y que, tras los éxitos de España en las categorías de formación con el oro conquistado en el Europeo U20 femenino y la plata en el Mundial U17 masculino en los últimos días, vuelve a escena con fuerza.

Patricia Hernández, olímpica en Barcelona' 92 y madre de Claudia y de Lucas, asegura que « lo de este verano ha sido espectacular e increíble a nivel familiar porque llevan tiempo jugando a baloncesto y es verdad que les gusta y es su pasión, pero el llegar los dos a una final de un Campeonato de Europa y de un Mundial no nos lo imaginábamos. Además, mis sobrinas están involucradas también mucho en el baloncesto».

Claudia se colgó el oro (47-42) en la final del Europeo U20 ante la República Checa en Hungría, mientras que Lucas -elegido en el quinteto ideal- consiguió la plata (67-79) tras caer frente a Estados Unidos en Málaga. Dos competiciones en las que predominó su apellido paterno Langarita, pero con raíces muy profundas en el archipiélago que no pasan desapercibidas para nadie.

« La saga continúa, los genes están ahí y creo que, sobre todo, lo más importante es que les gusta, están disfrutando y es el fruto al trabajo y al esfuerzo durante toda la temporada. Prácticamente no han tenido vacaciones, pero ha merecido la pena», desliza sobre sus hijos la entrenadora y exjugadora que dio sus primeros pasos en el SPAR Gran Canaria, donde debutó con 14 años en la élite y con 16 en la selección.

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Patricia recuerda que «una vez que salí de aquí mi periplo fue por la península y por Francia. Me contactaron desde Zaragoza y fui a jugar allí. Ahí conocí al padre de mis hijos y ellos son maños, pero llevan a Canarias en el corazón. Cada vez que podemos venimos, cuando eran pequeños veníamos más a menudo. Ahora que mis padres ya no están por desgracia es diferente, pero están mis hermanos y toda mi familia».

« Tienen a Gran Canaria en el corazón y muchísimos amigos aquí. Acabé en Zaragoza por eso y llevo 22 años allí y muy bien», explica, al tiempo que, cuestionada por si sus hijos han visto algo de cuando jugaba, dice que «me vieron jugando cuando eran más pequeños porque seguí haciéndolo una temporada, mi hermano algún partido también, pero no en nuestro auge total».

«Han visto algún vídeo y eso, pero Lucas tiene la referencia de su tío y Claudia la mía por lo que me toca. Ahora el baloncesto se juega de otra manera, nos ven y saben cómo jugábamos. Saben que hemos sido grandes deportistas en este deporte», afirma.

Patricia tuvo la fortuna y el talento para debutar joven y, sobre la perspectiva en el tiempo de su trayectoria, aprecia lo que está realizando su hija.

«Claudia se marchó muy joven al Siglo XXI, como yo me fui del SPAR. Ha sido un poco el reflejo mío en Claudia, que se fue pronto de casa, pero no es como antes. Claudia estaba en Barcelona y es mucho más cómodo ir a verla. Cuando yo estaba en Madrid era más complicado y era cada dos o tres meses cuando podía ver a mi familia. Ahora con las redes sociales todo es más fácil. Para ella ha sido mucho más fácil la adaptación a marcharse fuera de casa. Lucas vive conmigo y lo tengo en el día a día», señala.

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«Una evolución muy grande»

Su tío Berni, quien con 20 años participó en el último ascenso del Granca a la Liga ACB en 1995 y se consagró en la élite durante más de diez años, los primeros de amarillo (1995-2001), vio «muy bien» a sus sobrinos porque «llevaba tiempo sin verlos jugar. Desafortunadamente por la covid no pude ir Zaragoza a ver a mi hermana y la verdad es que he visto un cambio bastante grande, físicamente y en cuanto a técnica y táctica. Lucas puede jugar en las tres posiciones de uno, de dos y de tres y está casi en dos metros. Le estoy viendo una evolución bastante grande».

Sobre consejos para proseguir avanzando, comenta que «lo que le dije es que con trabajo, con esfuerzo y con sacrificio llegan los frutos, como ha sido en este Mundial, pero que ahora más que nunca es cuando tiene que tener los pies en el suelo, ser humilde, ser trabajador y ver que si con estas cualidades llegas, aprovechar esas cualidades físicas y técnicas, para que ahora que está en el quinteto ideal y todo esto no le suba un poco a la cabeza y baje los brazos. Ahora es cuando más tiene que entrenar y más sacrificarse».

En esa picardía de juventud que representa Lucas, escucha atento a Berni, pero la osadía pasa factura al considerar que en la época de su madre y de su tío se anotaba con más facilidad.

«Viendo el campeonato, los bases de la selección están casi en dos metros, con un físico casi de NBA. Nos llevan mucha ventaja en ese sentido, pero les digo que técnicamente no tenemos nada que envidiarles a ellos, pero es verdad que el baloncesto ha evolucionado mucho físicamente y ahí estamos por detrás a estas generaciones», responde desde la experiencia y el camino forjado.

La complicidad es máxima en una familia que respira y siente baloncesto. Claudia, de 19 años, acaba de aterrizar en la isla y mezcla la felicidad con el cansancio tras conquistar Hungría. Un logro más en unas categorías de formación de España repletas de sueños y de resultados.

« La medalla ya está bien guardada. Acabo de llegar, lo celebramos un montón porque estuvimos un mes trabajando para conseguirlo. Sé que no fue la mejor final del mundo, pero estamos muy contentos», analiza una jugadora que ya lucía un bronce en el Europeo U16 en 2019.

«Logramos un bronce en U16 y luego no tuvimos Mundial por la covid, entonces ahora era como un buen año para volver a competir a nivel europeo», apunta.

Claudia estuvo en la Universidad de San Francisco el pasado curso y se muestra «muy contenta a nivel personal y deportivo. Este año me cambio a Berkeley en California y nada, a seguir. Será un buen año».

Sobre sus objetivos a corto y largo plazo, « iré poco a poco, quiero acabar allí los cuatro años, terminar la carrera de Arquitectura y luego se verá. Seguramente vendré a Europa».

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Los consejos de su madre son sagrados. «Siempre nos dice que disfrutemos, al final tenemos que pasárnoslo bien para competir. Obviamente, tenemos que competir, pero siempre esa parte de disfrutar la tenemos muy presente. La hemos visto jugar, siempre que sale en la tele nos enseña sus vídeos y nos dice mira cómo jugaba mamá. Estamos súper orgullosos».

Y es que Patricia fue olímpica. «Es un sueño muy largo, pero ojalá poder llegar hasta allí», dice.

«Un orgullo seguir con la saga»

Lucas, de 17 años, se muestra «orgulloso de lo que hemos conseguido porque hemos puesto un trabajo increíble, sobre todo, en la preparación que fueron unos 30 días. Estamos muy contentos por ese segundo puesto, aunque esperábamos ganar el oro».

«Tengo inspiración por todos lados, por parte de mi madre, de mi padre, de mis tíos que han jugado profesionalmente. Es un orgullo poder seguir con la saga, lograr esto les llena a ellos de orgullo tanto como a mí», asevera.

Lucas reconoce que « ellos me suelen dar consejos, aunque a veces no les hago mucho caso. Siempre buscan lo mejor para mí».

«A veces mi madre me ponía partidos suyos. Metía bastantes canastas, pero creo que era porque era más fácil en esa época. Ahora el físico te condiciona mucho para jugar», expone sonriente.

El jugador del Casademont Zaragoza destaca que «el próximo año tengo pensado seguir en Zaragoza, no sé si en la Liga EBA o igual me subirán al LEB Plata de Huesca. Seguiré soñando con algún día llegar a la NBA, ojalá, pero si no poder jugar en la ACB sería un orgullo para mí».

Una NBA en la que ya tiene hueco Santi Aldama. «Lo está haciendo muy bien y está representando muy bien a España y a Canarias. Es un orgullo para todos», manifiesta Lucas, estudiante de Bachillerato y que no tiene pensado qué estudiar aún, «pero algo relacionado con ser profesor porque me encantan los niños».

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Cuestionado por si su futuro podría pasar por el Granca, cree que «en un futuro si me quieren fichar para jugar en ACB si llego a ser profesional, lo vería como una buena oportunidad para volver aquí y estar con mi familia».

Pero ahí no queda la cosa. Por detrás vienen Aminata, de 16 años e hija de Natalia, quien jugó también, y la pequeña Daniela, de siete años e hija de Cristian, el único que se decantó por jugar al fútbol.

«Ami está jugando en un club en Cataluña también y su idea es si todo va bien poder irse a Estados Unidos con una beca. Daniela es la última en incorporarse, que en principio no le hacía mucha gracia, pero que desde que probó en la escuelita del Granca en el colegio le ha gustado. Es alta, así que vamos a ver si también sigue con el baloncesto y se engancha. De momento, va por buen camino», valora Berni.

Aminata ve «increíble» formar parte de esta familia y asegura que «ojalá pueda estar al nivel de mis primos algún día». Humildad, pasión y mucho baloncesto.

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