Pau Gasol muestra el primero de sus dos anillos de la NBA. / AFP

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El gigante que derribó todas las barreras a su paso

Pau Gasol hizo trasnochar a media España demostrando que las más grandes figuras de la NBA eran jugadores de carne y hueso ante los que podía brillar cada madrugada

José Manuel Andrés
JOSÉ MANUEL ANDRÉS Madrid

El baloncesto español cerró ayer una etapa. Se retiró un jugador, Pau Gasol, pero con él también se va el mayor exponente, el que superó todos los límites hasta entonces establecidos y el que lideró a una generación que cambió para siempre el deporte de la canasta en España. Solo un hombre, sí, pero también un símbolo.

Y es que Pau Gasol es por méritos propios uno de los mejores jugadores FIBA de la historia. Cuando hizo las maletas rumbo a la NBA, allá por el lejano año 2001, solo Fernando Martín había hecho tocar el cielo de la mejor liga del mundo al baloncesto español. Sus credenciales eran las de un jugador dominante, líder del Barça que conquistó el doblete Liga ACB-Copa del Rey de la campaña 2000-01, pero también de la selección española que logró el bronce en el Eurobasket de Turquía, su primer gran campeonato de combinados nacionales. Las expectativas eran altas, pero el pívot de Sant Boi (Barcelona) llevó el techo mucho más allá de lo imaginable, no solo peleando de tú a tú cada madrugada con los mejores jugadores del planeta, sino brillando ante ellos.

Nombres que parecían de otro planeta, franquicias galácticas y pabellones majestuosos se humanizaron de la mano del gigante que fue capaz de conquistar el título de Rookie del Año con los Memphis Grizzlies en la temporada 2001-02, un galardón hasta entonces solo al alcance de jugadores estadounidenses, entre los que figuraban nombres como Wilt Chamberlain, Larry Bird, Michael Jordan o Shaquille O'Neal.

A lo largo de seis temporadas y media el liderazgo de Pau Gasol llevó a los Grizzlies desde el rol de una franquicia netamente perdedora a ser un habitual de los playoffs, aunque sin demasiada fortuna. El crecimiento personal del jugador, All-Star en 2006, estaba por encima del equipo y el premio definitivo iba a llegar a mitad de la temporada 2007-08, con la llegada a los galácticos Lakers de un tal Kobe Bryant. La franquicia angelina pasaba por una etapa delicada después de haber dominado la NBA a principios de siglo y a la Mamba Negra le faltaba un socio para el juego interior al estilo de lo que había supuesto el descomunal O'Neal.

Gasol ya había dado muestras sobrantes de su calidad no solo en la NBA, sino también en el ámbito FIBA, con exhibiciones portentosas en el título mundial de Japón 2006 y también en las dolorosas platas europeas en Suecia 2003 y también en casa en 2007, con un último tiro para ganar el título fallado. Sin embargo, lo que comenzó a suceder cada noche en el mítico Staples Center otra desbordó cualquier expectativa por alta que fuese, al más puro estilo Pau Gasol.

Kobe y Pau formaron bajo la dirección del laureado Phil Jackson una dupla para la historia a la que solo los Boston Celtics del primer 'Big Three' moderno, el formado por Paul Pierce, Kevin Garnett y Ray Allen, alejaron del anillo en su primera temporada. Luego llegarían los títulos de campeones en 2009 y 2010, la presencia ininterrumpida en el All-Star entre 2009 y 2011, dos platas olímpicas en Pekín 2008 y Londres 2012 plantando cara a una selección de Estados Unidos de ensueño y al fin el ansiado oro en el Eurobasket, además por partida doble en Lituania 2011 y Polonia 2013.

Longevidad asombrosa

Sobradamente entrado en la treintena la calidad de Pau Gasol para moverse en la pintura y su acierto en el tiro le permitieron seguir siendo un jugador muy importante en la NBA y diferencial en el baloncesto FIBA. Dejó los Lakers para jugar un rol fundamental en otra franquicia mítica como los Chicago Bulls y escribió una nueva página dorada en su largo periplo en la selección española con la que quizás fue su mayor exhibición individual, la del Eurobasket 2015. España estaba contra las cuerdas tras una primera fase muy complicada, pero el de Sant Boi asumió las riendas en las eliminatorias para guiar al equipo de Scariolo a la tercera corona continental. Para el recuerdo su actuación en la semifinal ante Francia, a priori la favorita, con 40 puntos y 11 rebotes que aplacaron la hostilidad de los casi 30.000 aficionados galos congregados en el estadio Pierre-Mauroy de Lille, adaptado para la ocasión.

Ya en los San Antonio Spurs Gasol pudo trabajar de la mano de Gregg Popovich en la franquicia más 'europea' de la NBA y una de las más exitosas del siglo XXI, pero se topó con esa fractura por estrés en el hueso navicular del pie izquierdo que ha marcado el tramo final de su carrera. Apenas pudo jugar tres partidos con los Milwaukee Bucks y no llegó a debutar con los Portland Trail Blazers, la franquicia que hizo posible el salto al otro lado del Atlántico del pionero Fernando Martín.

La trayectoria de Pau Gasol sobre el parqué parecía haber tocado a su fin pero hasta el final ha sido fiel a su leitmotiv de ir más allá. Trabajó en solitario durante meses para recuperarse a tiempo de disputar los Juegos Olímpicos de Tokio y quizás el aplazamiento de 2020 a 2021 lo hizo posible. También el Barça, con el que se despidió con su tercera Liga ACB aunque sin esa ansiada Euroliga que se escapó en la final de Colonia ante el Efes turco. Su carrera merecía un epílogo en activo, haciendo de nuevo posible lo que parecía imposible. Rompiendo barreras, como cuando viajó de Barcelona a Memphis siendo apenas un niño frente a la galaxia del baloncesto mundial.