Rudy Fernández levanta el trofeo del Eurobasket./Annegret Hilse / reuters

Rudy Fernández levanta el trofeo del Eurobasket. / Annegret Hilse / reuters

Eurobasket / Final

El oro de La Familia estructurada

España revienta los pronósticos tras una final soberbia y gana con nitidez el título más sorprendente de su fértil historia

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

España logró ayer el título más inesperado de su fértil historia tras una final soberbia en la que sometió a Francia, otro rival presuntamente superior que también quedó descompuesto y aturdido ante la jerarquía y enjundia de un equipo con mayúsculas y letras de molde. Fue infinitamente más conjunto que las rutilantes individualidades francesas, una escuadra de físico amedrentador que en ningún momento pudo con la química gestada en el laboratorio de La Familia.

Y es que el combinado que adiestra con incuestionable sabiduría Sergio Scariolo impuso el baloncesto, el espíritu colectivo y esa manera visionaria que tiene de entender el encargo de una misión. Muy peliaguda en este caso tras la retirada de la quinta del pretérito perfecto e inaudita por la forma de convertir un paso aseado por el torneo en una medalla irrebatible de rango mayor. Nadie en su sano juicio auguraba siquiera el acceso a cuartos. Como ninguna persona en sus cabales ha de negar ahora este metal precioso y ganado con todo el peso de la ley. La de una familia -así definía la publicidad federativa a este grupo incierto- muy bien estructurada.

La selección no solo impuso su sentido gremial muy superior al galo. Facturó además un baloncesto de altísima escuela y enorme voltaje atrás desde el salto inicial hasta casi el descanso (47-26, minuto 18) y sobrevivió a las previsibles embestidas francesas mediante la subida gala de líneas como el avance de la pleamar y la manera feroz de apretar hasta la náusea la subida hispana del balón. Nada que un Juancho Hernángómez -imperial al fin desde la larga distancia- no pudiese resolver ataviado con el traje de redentor. Junto a la colaboración necesaria de Brown, el admirable y repescado Alberto Díaz por la lesión de Llull o el martillo pilón de Willy, pívot de amplios recursos ofensivos.

88 España

Brown (14), Jaime Fernández (13), López-Arostegui, Pradilla y Willy Hernangómez (14) -cinco inicial-; Alberto Díaz (8), Brizuela (3), Rudy Fernández (7), Garuba (2), Juancho Hernangómez (27), Parra y Saiz.

76 Francia

Albicy (1), Terry Tarpey (4), Fournier (23), Yabusele (13) y Gobert (6) -cinco inicial-; Fall, Heurtel (16), Cabarrot, Okobo (9) y Poirier (4).

  • Parciales: 23-14, 24-23 (47-37), 19-20 (66-57) y 22-19 (88-76).

  • Árbitros: Zurapovic (Bosnia), Krejic (Eslovenia) y Kozlovskis (Lituania). Sin eliminados.

  • Incidencias: Final del Eurobasket disputada en el Mercedes-Benz Arena Berlín ante 17.000 espectadores.

Dureza mental

Mostró dureza mental este combinado que tampoco naufragó cuando los árbitros (68-60, minuto 32) negaron la evidencia de que un ataque español acabó con la pelota estrellada en el aro, decidieron el fin de la posesión y castigaron con una técnica a Scariolo, que clamaba ante semejante injusticia en toda una final. Para comer cerillas, quemarse la lengua con el fósforo y buscar el ánimo caído al suelo. Pero no. La moral permaneció alta para soportar las acometidas francesas, encarnadas en los tiros cercanos de Yabusele, los triples de Okobo y las bengalas espaciadas de Heurtel.

Bordar el baloncesto

España bordó el baloncesto durante casi toda la primera parte con hilo de seda, empeño absoluto y máxima determinación. Todo ello nació, una vez más y van muchísimas, de la minuciosa labor previa al partido que Sergio Scariolo y su ejército civil de ayudantes realizan antes de cada cita. Una tarea de orfebrería intelectual plasmada en diques espléndidos para detener los acosos, que no derrumbes, de un rival aturdido ante lo que veía enfrente.

Todo un paisaje de manos como aspas al viento que cortaban los cables blanco, azul y rojo de la tricolor. Y otra cátedra de alternancias defensivas desde la zona 3-2 con Rudy de vértice delantero a la caja y uno como modo de vigilar personalmente al exterior Fournier. Un trabajo atrás para enmarcar en la pared como hacen los graduados orgullosos que acreditan así el éxito de una carrera universitaria.

Pero el baloncesto es un juego de equilibrios entre dentro y fuera o adelante y atrás. Y no solo el indesmayable cuadro de Scariolo obtuvo matrícula de honor en la materia defensiva. Adelante se movió con ese desparpajo que tal vez no esperaba un adversario confiado en su superioridad física. Desde el uno contra otro de Willy contra Gobert, los bloqueos y continuaciones que pasaba Brown y concluía el mayor de los Hernangómez a los puntos de Jaime Fernández.

Cuando flotaba la sensación de que no quedaba más dicha por disfrutar surgieron los dardos envenenados del hermano Juancho hasta contemplar el esplendor de la gloria en el vestíbulo del descanso (21 puntos arriba). Ahí surgieron las primera fatigas para La Familia, que recibió un parcial de 2-20 en seis minutos (49-46) como augurio de que quizá la lógica del favoritismo galo pasara de la teoría a los hechos.

De turista a primera clase

Pero no. Se encargaron de despojar de sábana a los fantasmas el Juancho que tanto se quería admirar, ese Alberto Díaz que muerde en cada defensa y alienta el espíritu del grupo, las penetraciones a vía abierta de Brown y los puntos salpimentados de Jaime Fernández para contrarrestar el fervor productivo del madridista Yabusele.

Así que aquel grupito que viajó a Georgia en clase turista y a quien se le vaticinaba escasa vida en Berlín ha ido creciendo con el transcurso del campeonato, como todos los conjuntos que lidera Scariolo. Hasta el punto de terminar sentado en los butacones de primera clase viendo por el retrovisor a turistas de linaje como lituanos, alemanes y franceses con las piernas encogidas atrás por la falta de espacio. La hazaña inaudita de una familia muy bien estructurada.