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José Luis Massó, Ruth Sánchez y Mingo Ruano, en 'Las bodas del Fígaro'. C7
Risas en la oscuridad

tCrítica/ 'Las bodas del Fígaro'

Risas en la oscuridad

Mario Vega dirige un montaje que viaja por el tiempo como un cohete y que lleva a bordo a un quinteto de intérpretes portentosos

Victoriano Suárez Álamo

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 28 de junio 2024, 23:10

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'El apartamento' (1960), de Billy Wilder, es una comedia muy divertida. Pero también es un retrato magistral de la soledad, de los abusos de poder y de una sociedad que no tiene piedad. Con el humor también se puede ser crítico. Incluso más crítico que con el drama, siempre que se combinen con acierto sus ingredientes dentro de una mezcla compleja que requiere que las medidas sean exactas.

La productora grancanaria Unahoramenos se ha zambullido en este género con una versión muy libre del clásico 'Las bodas de Fígaro' de Beaumarchais, dentro del proyecto 'Segunda Lectura' del Teatro Pérez Galdós, donde tuvo en la noche de este jueves su puesta de largo. Y ha salido airosa. Triunfal, incluso, porque el cabaret 'Fígaro' que ha revivido de su mano en Las Palmas de Gran Canaria de 1962 funciona como un torbellino en el que con agilidad y equilibrio conviven los momentos dramáticos y propios del vodevil más disparatado.

Los sesenta del pasado siglo fueron años oscuros en España. Tiempos en los que el franquismo más duro marcaba el paso con una represión brutal ante todo lo que fuera diversión y libertad. Pero en aquel erial existían oasis, pequeños enclaves de los que los censores no se enteraban o hacían la vista gorda. Los cabarets y las salas de fiesta de la capital grancanaria y Barcelona eran el paraíso en el que las 'vedettes', los travestis y los transexuales veían la luz, se divertían, divertían al público y todos se olvidaban de los maltratos y abusos que sufrían fuera de esas salas.

La compañía Cancán que protagoniza esta ficción era un ejemplo y el cabaret Fígaro su paraíso utópico. El aterrizaje de un nuevo picaflor Capitán general del régimen en la ciudad, acompañado de su mujer, es el punto de partida de una trama vertiginosa que en la que conviven la risa y el drama, fruto de una sociedad polarizada en la que el lumpen, la farándula, la transgresión, el arte y la libertad con el 'orden', la religión y el fascismo.

Mario Vega dirige un montaje que viaja en el tiempo como un cohete, a toda velocidad, con una escenografía que deja al descubierto los trucos escénicos que ya son marca de la compañía y con un estupendo quinteto de intérpretes, que se multiplican para dar vida a unos personajes disparatados pero muy bien pergeñados.

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