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El diestro Morante de la Puebla sale por la Puerta del Príncipe. Efe
Sevilla se rinde a Morante de la Puebla tras una corrida histórica en La Maestranza

Sevilla se rinde a Morante de la Puebla tras una corrida histórica en La Maestranza

El torero llegó a su hotel aupado por unos aficionados que no daban crédito tras cortar un rabo, algo que no ocurría desde hace 52 años

Jueves, 27 de abril 2023, 12:30

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Eran las 21:02 horas y Sevilla se paralizó. «¡Rabo, rabo, rabo!» se escuchó a coro en la plaza de Toros de la Real Maestranza. Se acababa de escribir una nueva página en la historia del toreo que firmó, en concreto, Morante de la Puebla. Una corrida sublime en la que cortó un rabo 52 años después y que le permitió traspasar a hombros la Puerta del Príncipe. Desde ahí, como si de una procesión se tratara, toda una comitiva lo agitaba al grito de «¡torero!». Todo el mundo sabía que la hazaña no era menor. Y así se dejó ver en un recorrido por las calles de una capital andaluza engalanada de feria. Y fiesta.

En los alrededores de La Maestranza, bajo los últimos rayos de sol que se escondían ya por el Guadalquivir, no cabía nadie más. Como no cabía que Morante fuera en furgoneta a su hotel. Tras alcanzar el cielo al cortar dos orejas y el rabo a Ligerito, de Domingo Hernandez, los allí congregados para ver al más grande de los toreros lo alzaron a hombros y lo pasearon por calles tan emblemáticas como el Paseo Colón y la calle Reyes Católicos. No era Semana Santa, pero esta procesión torera también estaba llena de pasión. La euforia por lo vivido era patente por cada uno de los rincones por los que pasaba De la Puebla, engalanado con un traje ya sin machos.

«¡José Antonio Morante de la Puebla!», «¡Viva la Puebla!» o «¡Morante, presidente!» eran algunos de los cánticos (ante la mirada de algún conductor atrapado por la espontaneidad del momento) que se escuchaban por unas calles sevillanas que no eran conscientes ni asimilaban la maestranza de quien en hombros llevaban. Y es que la gesta de Morante la consiguió por última vez Francisco Ruiz Miguel en 1971. Y nadie más después hasta este miércoles.

Nadie lo imaginaba a las 19:45, cuando Morante saltó a una plaza repleta de aficionados dispuestos a vivir un auténtico espectáculo y ajenos al soporífero calor durante la décima corrida de abono de la Feria de Abril. Algunos pensaban que iban a ver una faena más, otros presentían la hazaña. Una hora y unos minutos después, la gesta del maestro sevillano provocó el estallido de una ciudad que se volcó en bulerías en la calle San Pablo, a pocos metros del hospedaje del maestro. Y tal como salió de La Maestranza llegó a su hotel. De espaldas, a hombros aún, entró Morante. Como en los grandes encierros de la Semana Santa sevillana. Todo volcado en el fervor de lo allí conseguido por un hombre que paralizó la capital de Andalucía con su arte del toreo.

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