Entrevista

Ruibal: «España no escucha a sus poetas»

06/12/2017

El artista gaditano, Premio Nacional de las Músicas Actuales 2017, tiene una cita doble este viernes en Gran Canaria. El músico presentará un documental sobre su trayectoria y ofrecerá un concierto en The Paper Club en el que repasará 35 años de carrera sobre las tablas.

/ Las Palmas de Gran Canaria

— Una referencia ineludible para los que hablan de usted es su infancia y el Puerto de Santa María...

— Nunca he dejado que ese niño que era, con esa frescura y esa mirada limpia, desaparezca del todo. Eso hay que preservarlo, porque la vida pretende hacernos envejecer y que nos quedemos quietos y no demos guerra. Esa cosa inquieta y traviesa del niño que fui sigue estando.

— ¿Para seguir peleando por vivir de la música es imprescindible mantener la inocencia intacta?

— Eso y la necesidad. A estas alturas ya no puedo inventarme otro oficio. Ojalá pudiera decir que ahora me voy a dedicar a la orfebrería o al arte abstracto (risas). En este oficio cada día se sigue aprendiendo. Por ejemplo, creo que ahora tengo mejor pulso escribiendo y tocando. Ojalá hubiera tenido esta mano experta entonces. Pero aquí se trata de mantener el gusto y el estímulo que tuviste al principio y seguir desarrollándolo hasta que uno, ojalá nunca llegué ese día, se vea patético sobre un escenario.

— Su formación académica le llevaba por derroteros muy diferentes a la música, ¿cuándo sufrió el pinchazo que le llevó a cambiar de rumbo?

— Desde que escuché el A Hard Day’s Night de los Beatles. Ahí quedé fascinado y luego fueron cayendo en mis manos otros estímulos muy importantes como la música de Hendrix y la de Serrat o la de Paco de Lucía. En diferentes etapas, con años entre unos y otros. Todos me indicaban que el camino puede ser estimulante, y de todos aprendí que la única manera de perseverar era llevar, sin imitar a ninguno de ellos, todas sus resonancias conmigo.

— ¿Poner etiquetas a su música sería un error muy grande?

— Creo en la heterodoxia. Cuanto más impuros, más bellos somos. Cuando uno se pone a hacer un jazz muy puro llega un momento que es insoportable. Cuando uno escucha un flamenco tan rancio y con tanta jondura que al final hasta duele, se distancia un poco. Hay que intentar que el público se involucre. Si yo hago algo que tiene que ver con el flamenco me interesa que luego el público vaya a buscar otras cosas de ese género más jondas. Esto me concede una libertad muy grande para componer.

— ¿También busca divulgar?

— Hacer de guía para cualquier cosa es bellísimo. Cuando enseñamos nuestras ciudades, por ejemplo, a los que vienen de fuera siempre nos gusta llevarlos por los caminos más bellos. Es bonito que el visitante vuelva sobre ellos y venga con el estímulo de buscar maneras propias de entender las cosas.

— En el otro lado, ¿qué le reporta componer para otros? ¿Aprende mucho de ver sus canciones en otras personas?

— Hay gente que ha cantado las canciones que yo he compuesto para mí. Y eso te honra. Pero también he compuesto canciones para otros, que era algo que al principio me daba cierto apuro, y ese es un momento en el que no puedes dejar de ser tú por lo que te piden es una canción de tu estilo. Pero hay que tener en cuenta quien lo va a cantar y que tipo de canciones utiliza habitualmente, y ese es un trabajo de sastre...

— ¿Es más duro coser para casa que coser para fuera?

— Cuando escribes para ti respondes a una evolución exclusivamente tuya. Cuando lo haces para otro a veces hasta te dan el tema del que tienes del que hablar, que casi lo prefiero a veces porque así se lo que quieren decir ellos. Es diferente.

— En cualquiera de los casos, hablar de Javier Ruibal es hablar de poesía. ¿España tiene consciencia de su legado poético?

— Desgraciadamente poca. No sé a qué es debido. Puede ser por desgana. Hay excelentes poetas. Aunque ahora se da la paradoja de que algunos cantautores escriben un libro de poesía, que vende mucho más que los poetas. Eso no debería ocurrir. Me parece muy bien que todo el mundo haga lo que quiera, pero en este país adolecemos culturalmente de estímulos, y eso no hace buena estima de la poesía española. Y hay varios poetas que no son leídos porque no tenemos en España una educación poética.

— ¿España sería mejor país si hubiera escuchado a sus poetas?

— Por supuesto. Si se hubiera atendido más a los poetas y a los escritores que a los gobernantes, que se propugnan a sí mismo como presidenciables. Pero uno no va a dejar de escribir aunque fuera solo haya una olla de grillos que no quieren escuchar.

— Sus letras siempre tienen contenido social. ¿Le cuesta evitar caer en lo panfletario?

— Lo que hay que crear es arte por encima de todo. Y entrelíneas hacer reivindicaciones, revelaciones, hacer de todo. Pero sin que se pierda el temperamento de que lo que se está haciendo es una obra artística. A veces, cuando te llevan los demonios uno puede perder los papeles, pero siempre intento que todas mis reivindicaciones sean en las urnas.

Documental y concierto.

La presencia de Javier Ruibal en Gran Canaria este viernes ofrecerá el pase del documental Ruibal, por libre (19.30 horas en Multicines Monopol y el posterior concierto en The Paper Club. Las entradas (15 euros en venta anticipada) se pueden adquirir en Tiramisú (Plaza del Pilar, Guanarteme); Scooter’s (Plaza de Las Ranas); Taquilla Cines Monopol y www.tomaticket.es.

Uno de los momentos más emotivos del documental es cuando Ruibal narra su primer encuentro en Madrid con Joaquín Sabina y Javier Krahe. «Ellos fueron los primeros que oyeron mis canciones. Me hicieron tener más fe en mí mismo que la que yo traía cuando llegué con mi puñaíto de canciones y mi guitarra», rememora.