La Sinfónica de Tenerife afronta ‘El anillo sin palabras’

15/01/2020

La Orquesta Sinfónica de Tenerife se incorpora esta semana a la 36ª edición Festival Internacional de Música de Canarias con un gran reto: la interpretación de El anillo sin palabras, la síntesis sinfónica que realizó el maestro Lorin Maazel en la década de los ochenta de la más ambiciosa obra de Wagner, la tetralogía El anillo del nibelungo.

Bajo la dirección de Antonio Méndez, y con más de cien músicos sobre el escenario, esta suite que reduce a algo más de una hora las quince que dura la versión operística original, se podrá escuchar el jueves, en el Auditorio de Tenerife, y el viernes en el Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, en ambos casos a partir de las 20.00 horas.

Con este programa, el Festival ha querido rendir homenaje a la formación tinerfeña: aunque su historia se remonta a más de 80 años atrás, este 2020 se cumple medio siglo de su denominación como Orquesta Sinfónica.

Las entradas para disfrutar de esta música trascendente y de altos vuelos se encuentran disponibles en las plataformas habituales de los auditorios capitalinos y en sus taquillas, con precios que oscilan entre los 20 y 50 euros.

El concierto fue presentado ayer por el maestro Antonio Méndez, acompañado del director del FIMC, Jorge Perdigón, y de la consejera de Cultura del Cabildo, Concepción Rivero. En este acto, Perdigón afirmó que se trata de «una de las obras más hermosas que se hayan realizado en los últimos 25 años».

Para Antonio Méndez, «lo más importante de la obra es cuándo se hizo, cómo se hizo y todo lo que, tanto en el mundo de la música como en el cine, le deben a esta obra».

El director puso en valor que «el legado que nos ha dejado Wagner [en una época en la que aún buscaba el consejo de Schumann, que todavía vivía] es algo que nos puede ayudar a poner en situación esta obra».

El reconocido director y violinista Lorin Maazel, abrazó la majestuosa gesta wagneriana El anillo del nibelungo con la idea de transformar en una pieza de concierto las partes instrumentales de esa monumental tetralogía, integrada por cuatro obras que en total suman más de 15 horas de música, desde el objetivo de reducirlas a algo más de una hora y cuarto.

Pero Maazel fue más allá de lo que habría hecho cualquier otro arreglista, ya que su intervención no se limitó a crear una simple suite orquestal, sino que también modificó el orden de las diferentes secciones, según su propio discurso dramático, reorquestando pasajes en los que la voz cantada tenía protagonismo en la obra de Richard Wagner.