Un episodio particular en Arucas

Se me hace difícil imaginar la realidad sin la ficción, es una de sus modulaciones, una de sus combinatorias posibles. Hace unos días sucedió un hecho excepcional. Habíamos sido invitados Yolanda Arencibia y yo a una tertulia sobre Galdós en la Sociedad Atlántida de Arucas, un acto que formaba parte de la 2ª Ruta del Café&Literatura, Arucas con Aroma, que organiza la asociación de empresarios del municipio (Adipymes). Quedamos con el editor Jorge Liria en la calle central peatonal sobre las seis y media de la tarde. Hacía años que no veía a Yolanda, la alegría de vernos fue recíproca, ambos habíamos publicado este año un libro sobre don Benito.

Fue entonces cuando nos dimos cuenta que cerca de nosotros Don Benito Pérez Galdós miraba absorto y muy interesado el escaparate de la Librería Doramas, allí estaban expuestas unas caricaturas suyas del dibujante canario Antonio Cerpa. Pero ¿qué hacía en Arucas Don Benito? ¿Estaba dando un paseo? ¿Había dado un salto en el tiempo? ¿Cuál era el motivo de su visita? La última vez que estuvo en la isla fue en 1894.

Rápidamente, muy sorprendidos, Yolanda y yo decidimos hacernos una foto con el escritor canario. Nos acompañaban los fotógrafos Magda Medina y Javier Ríos. De inmediato comenzaron a disparar sus cámaras y a grabar un video de tan singular encuentro: la ficción y la realidad volvían a hacer de las suyas.

Yolanda Arencibia: Pero, ¿qué hace usted por aquí don Benito?

Galdós (mirando de refilón nuestros libros): Yo no me he ido nunca de la isla amiga. Tenía noticias que hoy iban a hablar de mí y me he dado un saltito a esta hermosa ciudad. Me gusta mucho caminar, escuchar, mirar, ya saben... soy muy curioso. Adems ahora mi personaje Máximo Manso trabaja en esta librería, se hace pasar por el librero Juan Antonio González...

Juan Carlos de Sancho: Pues quedan los dos invitados a participar en la tertulia, disfrutando de un buen café de la isla ¿qué le parece don Benito?

Galdós: También van sabios a los cafés. Se oyen allí observaciones elocuentes y llenas de sustancia, exposición sintética de profundas doctrinas. Charlemos, charlemos, que una charla sabrosa es el mejor alivio de los ánimos destemplados

Caminamos. Arucas olía a café tostado de Agaete y un viento fresco nos hacía avanzar en el tiempo imaginario, en la otra dimensión de la realidad. Invitamos a don Benito a dar un paseo por el casco antiguo de Arucas. Le comento a don Benito que vivimos tiempos difíciles, con grandes injusticias. Yolanda se engancha tiernamente del brazo de don Benito, éste le guiña el ojo complacido.

Galdós: Tanta crítica pesimista, tan porfiado de regateo, y en muchos casos negación de los las cualidades de nuestros contemporáneos, nos han traído a un estado de temblor y ansiedad continuos..

Yolanda Arencibia: ¡Pero usted siempre ha sido una personalidad amplia, polifacética, curiosa y renovadora, don Benito! ¡da gusto leerlo, siempre tan actual ! Usted es la esperanza de un país mejorado, de una humanidad más compasiva.

Juan Carlos de Sancho: Su ironía y humor son envidiables, lo hacen a usted único, como Cervantes.

Galdós: ¡Joven, Cervantes son palabras mayores ¡ Avancemos por estas hermosas calles pretéritas, recordando al Maestro, la mayor altura de nuestra literatura!

Juan Carlos de Sancho: Don Benito, me alegra saber que siempre podemos contar con usted cuando más lo necesitas, cuando andas buscando vida, más vida. Creo que como escritor sabio conocía usted la elástica y perenne actualidad de su obra. ¡Bienvenido a esta ruta de la palabra y el buen café......!

Yolanda Arencibia: Me gusta su frescura, su indulgente manera de mirar los asuntos de la vida, de cualquier vida, por insignificante que parezca. Es usted un autor preñado de esencias que atrapa al lector –para siempre–, abriéndole los ojos a la verdad, a la justicia, el reconocimiento de la incongruencia humana...

Galdós: ¡Oh amigos, que me van a dejar colorado, como decimos los canarios...sigamos, sigamos andando, que hace un tiempo esplndido en esta hermosa ciudad!

La tarde caía en tonos bermejos y amarillos cálidos. Se unió al paseo el Amigo Manso. Avanzamos lentos, disfrutando del paseo. Nos advirtió don Benito si aquella estatua asomada a una balustrada era don Domingo Rivero, el famoso poeta de Arucas. Le confirmamos su descubrimiento y nos acercamos. En otro instante mágico el poeta aruquense tomó la palabra y Arucas tembló.

Domingo Rivero: Son nuestras vidas, como las olas, afán y espuma./ Las olas nacen, diciendo ahora/ y pronto mueren diciendo nunca.

Galdós: Don Domingo, qué profundo y claro fue usted siempre. Este trabajo mío, como el suyo Rivero, se asemeja al tornillo sin fin. Mi cabeza es un continuo barajar de ideas, tengo por seguro que con el ejercicio de pensar se desarrolla el cráneo, por la hinchazón de todo el oleaje que llevamos dentro. ¡Olas, olas don Domingo !.. Todo es dudar, vivimos dudando, dudando caemos al hoyo..

La sonrisa invadió a todo el grupo, siempre Galdós practicando su humor socarrón canario que plasmó tan bien en sus obras. Yolanda Arencibia, Jorge Liria, Juan Antonio Gonzáles y yo caminábamos flotando al lado de don Benito. Yolanda me cuenta al oído que a don Benito no le gustan mucho las entrevistas, me aconseja no hacerle muchas peguntas, que lo ve muy suelto y feliz acompañado por sus paisanos. Galdós, que es una gran oreja con piernas nos advierte.

Galdós: ¡Ah, las entrevistas! Este término estrambótico se me atraviesa como una espina que se clava en mi lengua o un pelo que se enreda en los puntos de mi pluma, y lo deshecho, lo arrojo del papel, sustituyéndola por la expresión más castiza de «coloquio»...

Yolanda Arencibia y Juan Carlos de Sancho (al unísono) : ¡Pues a eso vamos don Benito, a platicar , a conversar en la Sociedad Atlántida! ¡Ya estamos cerca!

Galdós (sonriendo mientras engancha su brazo al de Yolanda Arencibia): ¡A ver, a ver , que yo formo parte de los reservones que ocultan sus pensamientos con espesos disfraces.

Jorge Liria: Don Benito, no se haga de rogar, comentaba la pensadora y filósofa María Zambrano que usted es el descubridor de la íntima estructura del misterio de España..

Galdós: Ya, colega editor Liria, pero cada cual tiene su forma personal de transmitir sus ideas. La mía no es precisamente la palabra pronunciada, sino la palabra escrita. Y como no tengo otras armas, éstas ofrezco, y éstas pongo al servicio de mi país.

¡Oh, menuda sorpresa! Mientras avanzamos en el paseo, subimos una cuesta muy pronunciada. Yolanda no salía de su asombro, todo se conjugaba: ¡pero si estamos en la calle Pérez Galdós! Don Benito saltó como un saltaperico y sintió una alegría inmensa, esa alegría incapaz de disimular al sentirse querido y admirado por su paisanos, siempre tan cerca de su corazón pese a vivir en Madrid.

De pronto, mirando perplejo el nombre de su calle, Galdós reflexiona en alto: «Va por esas calles una moneda falsa, es decir, un alma inicua bajo una hermosa figura, que saluda según los últimos figurines de la galantería coreográfica, intriga en los ministerios, miente en los salones, alborota en los paseos, engaña a todo el mundo, falsifica sentimientos, afectos»:

Yolanda Arencibia: Es un usted un sabedor don Benito, ya está usted abriendo la tertulia sin entrar aún en la Sociedad Atántida.

Juan Carlos de Sancho: ¿Y qué consejo nos daría Don Benito antes de enfrentarnos al público dentro de un momento?

Galdós: No hay nada más difícil que hablar poco de una cosa grande. Solo los espíritus verdaderamente grandes tienen el secreto de encerrar en el término de escasas palabras espacios inconmensurables..

¡Oído cocina! Yolanda y yo decidimos ir al tajo, hablar en una charla distendida de lo que cada uno había averiguado de Don Benito durante estos años. Yolanda había ganado el prestigioso 22º Premio Comillas de Historia, Biografías y Memorias por su libro Galdós. Una biografía (Tusquets Editores). Yo presentaba también esa noche mi libro Galdós responde (Mercurio Editorial). La sala se fue llenando al completo. Los asientos separados alrededor por un metro y medio de distancia (medidas de seguridad por la Covid 19). Galdós comprendió la situación, el también había vivido el cólera en Madrid en 1865 (fotos 8516 y 8519). Convenimos Yolanda y yo que Galdós apareciera a mitad de nuestra conversación para sorpresa del público expectante. Después de leer Juan Antonio González un fragmento de El amigo Manso aparecería en el escenario el actor y director de cine José Antonio González en el papel de Galdós. A don Benito le gustó el juego teatraltan aficionado como es al arte de Thalía, su gran pasión como escritor.

Galdós: ¡De acuerdo, nuestro arte de la naturalidad, con su feliz concierto entre los serio y lo cómico responde mejor a la verdad humana! ¡Nos ennoblecemos trasladándonos de este mundo al otro, la realidad en que somos tan malos a la ficción en que valemos más que aquí!

Y así fue, así sucedió. Construimos entre los cuatro una ficción que a ratos se fundía con la realidad de nuestras palabras, el olor lejano a café tostado y sueños de caramelo. Después de una entrañable conversación con Yolanda Arencibia (una de las grandes conocedoras y difusoras de la obra y vida de Galdós), Máximo Masnso dio paso a la presencia de Galdós en el escenario, causando su inesperada aparición un gran revuelo y sorpresa entre el público aruquense y otro venido de diferentes lugares de la isla.

La noche desprendía aromas mestizos, de cafetal, poesía y amistad. Don Benito paseaba feliz y concentrado. Las farolas conducían su regreso a Las Palmas, a su casa de la calle Cano ( foto 8559). Nos pidió una foto nocturna con la «catedral» de Arucas de fondo, fascinado por su belleza. Antes de irse Galdós se despidió de esta manera.

Galdós: ¡Buenas noches paisanos y paisanas, suelo yo incurrir en la alucinación de que la realidad no engendra al arte, sino el arte a la realidad¡¡ Gracias infinitas por esta noche de aromas, amores y amables nostalgias ¡ ¡ Hasta pronto !

Y se fue así difuminando el anciano escritor por la calle empedrada, como una unidad fugaz, como una estrella luminosa en la oscuridad del mundo. Y la noche dulce y salada, navegando entre las olas del tiempo, que ya dibujaba el nuevo Episodio particular bajo la luna llena de Arucas. ¡Hasta pronto don Benito!