Punto final a un ostracismo surrealista

Para Crimen no existe el gris. El libro de Agustín Espinosa (23 de marzo de 1897, Puerto de la Cruz- 28 de enero de 1939, Los Realejos) responde tan solo ante el blanco y el negro. Genera entre el lector un rechazo inmediato, irremediable. O lo cautiva de principio a fin y se establece para siempre dentro de su canon de ilustres. Y es que con un comienzo semejante como el que propone el malogrado escritor tinerfeño, ni un témpano de hielo se mantiene intacto.

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO

«Estaba casado con una mujer lo arbitrariamente hermosa para que, a pesar de su juventud insultante, fuera superior a su juventud su hermosura.

Ella se masturbaba cotidianamente sobre él, mientras besaba el retrato de un muchacho de suave bigote oscuro». Así comienza este libro, inclasificable según los especialistas, que se publicó por primera vez en 1934 y que ahora ve la luz a nivel nacional gracias a una edición promovida por el sello Siruela. El volumen incluye un prólogo del escritor grancanario Alexis Ravelo y el preludio a la lectura de Crimen se completa con el poema Oda a María Ana. Primer premio de axilas sin depilar de 1930.

«Ese comienzo es una patada en la cara. No solo el comienzo. Con los años vas valorando más otras partes. Es brutal, desde las primeras frases sabes que estás ante algo diferente», comenta el novelista grancanario que ha sido el gran impulsor de este proyecto editorial que acaba con el injusto ostracismo que tanto este libro, pionero a nivel nacional en el ámbito del surrealismo, como su autor han padecido durante décadas. Agustín Espinosa Boissier califica sin ambages este lanzamiento a nivel nacional como «un acto de justicia» con su padre, fallecido cuando él apenas contaba con 5 años de edad.

«En la familia estamos muy contentos, porque así se acaban tantos años de un ostracismo que no se debió a sus ideas políticas, sino a la reacción de una parte de la sociedad. Y no sé por qué. Puede que parezca una obra dura y que haya gente a la que no le guste. Pero de ahí a poner en marcha una depuración y a convertirlo en un perseguido político...», reflexiona uno de los tres hijos del matrimonio que conformaban Josephina Boissier Castellanos y Agustín Espinosa García Estrada.

«Mi familia materna, los Boissier, en Las Palmas de Gran Canaria, hablaba poco del tema. Lo pasaron con bastante serenidad», añade Joaquín Espinosa.

El calvario personal y familiar que sufrió el escritor y profesor los últimos años de su corta existencia y el silencio que ha sepultado Crimen durante décadas tiene un punto de partida claro, según su hijo y que el autor de La estrategia del pequinés desgrana con todo lujo de detalles en la contextualización que lleva a cabo como introducción.

«A la hora de llevar a cabo un acercamiento a su figura y a Crimen, me di cuenta que el leitmotiv debía ser su expediente de depuración», subraya Ravelo. El mismo, fechado el 31 de marzo de 1937 y que figura al comienzo del prólogo, reza de la siguiente manera: «Don Agustín Espinosa García. Lengua y Literatura. Izquierdista: autor de Crimen de Agustín que dio motivo a la protesta de la Asociación de Padres de familia y una película inmoral y sacrílega que no consiguió representar en ningún cine de Las Palmas». Además de las infundadas acusaciones políticas, la acusación es imprecisa con el título del libro y el filme al que alude es La edad de oro, del aragonés Luis Buñuel.

«Le pudo haber ido peor, pero eso no quiere decir que le fuera bien. Lo depuraron de su cátedra como profesor en el Instituto Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria. Para entender su situación hay que verlo de cerca. Contaba con falangistas que eran amigos y que lo querían defender. Eran camisas viejas. Pero había otros falangistas, de nueva hornada, que lo amenazaban y no lo tragaban», explica por teléfono el escritor isleño.

Ante esta situación límite, Agustín Espinosa se afilió a la Falange y escribió en medios afines. «Entiendo perfectamente lo que tuvo que hacer. Resultó humillante, pero es que se jugaba el cuello y el pan de sus hijos. Es penoso que un hombre con tanto talento y con esa altura intelectual se tuviera que ver arrodillado ante la mediocridad más absoluta. Por eso lo vemos arruinado económicamente hasta que lo llevan a la muerte», añade.

El responsable de la saga de novelas protagonizadas por Eladio Monroy esgrime otra razón para que Crimen fuera un proscrito. «Las damas católicas y muchos de los críticos de la época no terminaron de entenderlo. Decían que era una butade. Es cierto que tiene mucho de juego. También es cierto que los que lo querían tampoco lo acabaron de entender. Si eso pasaba con los que lo veían con buenos ojos, imagínate los padres y las madres católicas de los alumnos de la época... eso fue labrando la desgracia. Eso es lo que le suele pasar a los que son versos libres, a los francotiradores», lamenta.

Agustín Espinosa fue un avanzado. Un adelantado a su tiempo que siempre transitó por las vanguardias. «Cuando se va a París ve que ese es el futuro. Entra en contacto con el creacionismo, con el futurismo... Y escribe el libro más surrealista. Hay otros autores de la facción que hacen incursiones, como Domingo Pérez Minik o Pedro García Cabrera, entre otros. Pero Espinosa lo hace desde la prosa. Eso lo hace singular, tanto en Canarias como en el ámbito de las letras españolas. Nadie se atrevió a hacer lo que él hizo», explica Alexis Ravelo.

Crimen cayó en sus manos cuando contaba con 19 años. Se trataba de un volumen de Taller de Ediciones JB que le prestó Antonio Becerra y que incluía Lancelot 28º y Media hora jugando a los dados. «Desde la primera página te das cuenta de que es una apuesta muy alta, que la ves o no la ves. Es un acto de soberana libertad absoluta», rememora.

«Una de las cosas que más me llamó la atención es que cuenta situaciones tan brutales, escabrosas y hasta escatológicas con un lenguaje cuidado, sin utilizar palabrotas. Me sorprendió también su manera de adjetivar, cómo crea neologismos y su capacidad para crear un ritmo textual desde el principio», añade.

Antes de embarcarse en este cuidado proyecto de reedición ya había vuelto en innumerables ocasiones a releer Crimen. «Es uno de esos libros que conviene leerlo varias veces. Es de los que se disfruta mucho la primera vez, porque te sorprende. Pero tiene muchos lados de sombra y en cada lectura lo disfrutas más. Pese a lo breve que es, resulta inagotable. En cada lectura siempre se encuentra algo nuevo», defiende quien asegura que los responsables de Siruela se interesaron «en seguida» en publicar este volumen en cuanto les planteó sus características.

Alexis Ravelo se alcanza un mayor nivel de satisfacción con Crimen si se saborea leyéndolo en voz alta. Por eso, en la presentación que se desarrollará el próximo jueves, día 19 de diciembre, en la Librería del Cabildo –calle Cano, nº 24, en la capital grancanaria–, a partir de las 19.00 horas, se ha apostado por una lectura-presentación, en la que intervendrán Carlos Álvarez, Antonio Becerra Bolaños, Zaradat Domínguez Galván, Joaquín Espinosa Chirino, Sandra Espinosa Chirino, Alicia Llarena y el propio autor del prólogo.

Este enigmático libro, ¿en qué género y estilo se circunscribe? «Hay quien dice que es una colección de textos, otros lo definen como prosa poética y algunos como una novela. El libro, aunque parezca que se trata de una serie de textos dispersos, todos tienen unas íntimas conexiones y un desarrollo común muy sutil», comenta a la vez que alude al mayor estudioso de Agustín Espinosa, el profesor Miguel Pérez Corrales. «Ha hecho análisis muy profundos y considera que no es una novela al uso, porque no sigue los cánones convencionales del género».

La inclusión de Oda a María Ana, primer premio de axilas sin depilar de 1930 es «un capricho personal» de Alexis Ravelo. «Soy fanático de ese poema. Además, viene muy bien para completar la figura de su musa, de Ana María, la musa de Espinosa. En Crimen aparece como instigadora y víctima, mientras que en la Oda da una visión erótico-festiva. Generó una fuerte polémica también. Sirve como ejemplo de lo vitalista que era su literatura», asegura el escritor.