Novedad editorial

Mujeres que cuentan

01/05/2017

¿Qué tienen en común una narradora del Karoo surafricano, la serie de televisión Mujeres desesperadas, la ópera del siglo XIX y la poesía femenina griega? Las filólogas Marina Sanfilippo, Helena Guzmán y Ana Zamorano pueden responder a esta pregunta porque ellas son las coordinadoras de Mujeres de palabra: género y narración oral en voz femenina, un libro que acaba de publicar la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en el que se reivindica el trabajo de las narradoras desde distintos ámbitos.

«El derecho a tomar públicamente la palabra es históricamente un privilegio masculino, pero a primera vista el hecho de contar a viva voz parece un territorio en el que las mujeres juegan un papel protagonista». Así empieza este libro que reúne los trabajos de investigación y debate académico presentados en las I Jornadas Internacionales Mujeres, voz y narración oral, celebradas en la UNED en 2014, aunque reelaborados para la ocasión.

El objetivo del encuentro y del libro es «responder a una exigencia real de las narradores orales. Ver su oficio desde su perspectiva de género. Hay problemas de repertorio y de imaginario. Existe un estereotipo sobre lo que tiene que ser la mujer que narra que no se responde a la verdad», explica con vehemencia Marina Sanfilippo.

Se cree, añade la experta, profesora de la UNED, «que las mujeres siempre cuentan cuentos maravillosos y románticos, pero eso solo es una parte de la realidad. Se ha negado que cuentan cuentos cómicos y eso no es verdad. Sí que lo han hecho. Utilizaban la risa para sobrevivir».

La publicación coincide con la organización de unas segundas jornadas porque «quedan muchas cosas por ver. Quisiéramos ahondar en las tradiciones orales de otros continentes, por ejemplo», dice Marina Sanfilippo.

La filóloga señala que entre las conclusiones que se han podido extraer de estas investigaciones destaca que «la mayoría de los narradores son mujeres en tanto que hablemos de animación a la lectura o animación sociocultural e incluso en el teatro infantil; sin embargo, en cuanto se llega a circuitos artísticos de más prestigio, las mujeres no son aceptadas fácilmente y a ellas mismas les cuesta proponerse como artistas». La respuesta a esta cuestión no es sencilla. A juicio de Sanfilippo, «de alguna forma, quien narra en un espacio escénico se pone como líder porque está proponiendo una visión del mundo y la visión femenina ha estado dejada un lado», de ahí la necesidad de rescatar la voz de las mujeres.

En el libro, además, quisieron desde el principio «ensanchar la perspectiva» del estudio, de ahí que también se incluyan artículos dedicados a la televisión, en concreto a la serie Mujeres desesperadas, y a la ópera del siglo XIX.

«La narración es algo que atraviesa la vida humana de todo el mundo y las mujeres somos la mitad del mundo. Por eso creo que es un libro muy llamativo, sin perder en investigación y calidad, se exponen distintas visiones de la narración oral hecha por mujeres».

«En todas las profesiones las mujeres necesitan madres simbólicas para inspirarse. Mujeres que sí fueron intelectuales, líderes, creadoras... Todos estos ejemplos vienen muy bien para las narradoras de hoy».

Mujeres que cuentan
La suegra de Blancanieves

Marina Sanfilippo explica que las narraciones creadas por mujeres suelen presentar una diferencia muy clara con respecto a las de los hombres y es que el rol femenino en las primeras deja de ser pasivo. Un ejemplo de ello, dice la experta filóloga, son los cuentos tradicionales. Circulan versiones muy diferentes. «Hay un estudio canario que aparece en La tradición oral en la isla de El Hierro. Cuentos de la abuela Segunda, de Jaime Padrón Castañeda- en el que aparece una historia de Blancanieves a la que, al final, la que la rescata y salva es la suegra, que es el personaje que peor ponen los cuentos creados por hombres», recuerda. «En general, en muchos cuentos contados por mujeres no hay rivalidad, ni hay antagonismos entre la más guapa y la menos guapa. Hay más solidaridad», añade Marina Sanfilippo. El problema es que buena parte de esas historias son narraciones orales. «Las mujeres contaron y los hombres escribieron. Lo que queda es la escritura», sentencia.