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El escritor Jon Arretxe, este jueves, en Los Llanos de Aridane, donde participa en 'Aridane Criminal'. ANDREW GALLEGO
Jon Arretxe: «Cada vez meto más denuncia social en las novelas de la saga de Touré»

Jon Arretxe: «Cada vez meto más denuncia social en las novelas de la saga de Touré»

El escritor vasco participa esta semana en el tercer Encuentro de novela negra y policiaca Aridane Criminal, que culmina el sábado en La Palma

Victoriano Suárez Álamo

Las Palmas de Gran Canaria

Jueves, 19 de enero 2023

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Con un protagonista alejado de los cánones y una mirada cruda de la realidad que lo rodea, el escritor vasco Jon Arretxe se ha hecho un hueco en el nutrido panorama nacional de autores de novela negra contemporáneos. Touré, un inmigrante de Burkina Faso, que se gana la vida como detective, protagoniza la saga cuya última entrega hasta el momento se titula'La mirada de la tortuga' (Eiren).

«Cada vez he ido metiendo más denuncia social en mis novelas negras de Touré. Pensaba al principio en hacer unas novelas divertidas, con humor, que se vendieran bien y que me siguieran ayudando a vivir de la escritura, lo que hoy hago y que es un milagro. Pero después está el otro lado de la balanza, la denuncia social que siento que cada vez tienen que cobrar más peso », apunta el escritor mientras se toma un té en una terraza de Los Llanos de Aridane, donde participa en la tercera edición del Encuentro de novela negra y policiaca Aridane Criminal que acaba mañana.

Reconoce que esta saga de Touré se aleja de los criterios puramente comerciales. «Lo que está de moda son las novelas negras más 'lights' y las grandes editoriales apuestan porque sean libros gordos, extensos. Mi editor me vacila, porque mis novelas suelen ser de unas 200 páginas solo», reconoce entre risas. Lo suyo, subraya, son relatos «duros y crudos, como es la realidad en los ambientes en los que se mueve Touré y otros protagonistas». «Huyo de los tópicos, muestro la realidad tal cual es. Ni todos los moros son delincuentes ni caigo en el 'buenismo'. Cabrones e hijos de puta hay en todos lados y son de cualquier raza y procedencia», añade Arretxe sin ambages.

Confiesa que en algunas entregas se la ha ido un poco la mano con la crudeza, dejando a un lado el humor que se colaba en las entregas iniciales de la saga y que ahora ha recuperado con 'La mirada de la tortuga'.

El enclave es determinante

En esta ocasión, Touré recala en el barrio madrileño de Lavapiés. No es baladí, porque el enclave donde se sitúa la novela es importante dentro de su universo literario. «Había estado antes en Lavapiés, cada vez que iba a Madrid me pasaba por allí. Para la novela me dediqué a patearla, a todas las horas del día, a sentarme en las plazas a ver a la gente. Me encontraba con cada personaje que al final lo acababa incorporando a la novela. Esa forma de trabajar la considero mucho mejor que quedarme en casa para ver qué me invento», defiende.

Y es que cuando se sienta a escribir, Arretxe tampoco sigue las guías de escritura para aprendices. «No tengo ni la trama. Hago lo contrario a lo que dicen las escuelas de escritura. Nunca hago una escaleta. Me voy al sitio donde voy a situar la novela, estoy allí y a veces a partir de una escena que veo nace la idea inicial de la novela. Después voy improvisando y se me van ocurriendo cosas. Cuando empiezo la novela no tengo ni idea de cómo va a acabar. Eso hace que me divierta mucho más mientras escribo», asegura quien reescribe y corrige después «muchísimo» sus manuscritos antes de pasárselo a una serie de lectores cero de muy distinto perfil que se lo valoran y le apuntan algunas variaciones o detalles.

Los 'banglas'

En Lavapiés, por ejemplo, primero él y después su personaje Touré se topó con la realidad de los llamados 'banglas'. «No conocía esa realidad, en esos restaurantes indúes siempre me topaba con una gente simpática atendiendo a la clientela. Lo descubrí al hablar con las asociaciones de la zona, algo que siempre hago. También me contó esa realidad tan dura, una monja medio guerrillera de la zona que ha escrito un libro muy interesante sobre ello. Resulta que todos, los dueños y los currelas, son de Bangladesh. Y los trabajadores viven en unas condiciones terribles, de esclavitud, hacinados en pisos, la mayoría sin contratos y con unos sueldos míseros», explica este escritor que no descarta que una de las futuras entregas del detective Touré transcurra en el archipiélago canario.

Jon Arretxe, en Los Llanos de Aridane. andrew gallego

Un personaje nacido del reflejo de su propio hijo adoptado y procendente de Etiopía

Jon Arretxe pensaba que su personaje Touré, ese detective negro e inmigrante burquinés, nacía de su pasión por un continente africano que conoció en sus viajes de juventud y por su idea de crear algo original que lo diferenciara de otros protagonistas de las novelas negras españolas contemporáneas. Una visita a un «psicosomatólogo» lo sacó del error, confiesa. «Me preguntó qué había pasado en mi vida más o menos cuando creé este personaje. Le dije que lo más destacado era que había sido padre. Me preguntó que cómo era mi hijo. Le dije que negro, un niño adoptado etíope. Su respuesta fue que lo creé con cariño pensando en él. Después lo pensé y creo que es cierto. Touré nace por defender a personas como mi hijo. Africanos, inmigrantes, aunque mi hijo no sea inmigrante sino adoptado. Hasta ahora ha sido un niño, un negrito simpático pero ahora es un adolescente, ya estudia en la ciudad y se va a convertir en un negro más, incluso en un puto negro para algunos. Tendrá que sufrir esa xenofobia y ese racismo que ha crecido con el auge de la extrema derecha, con sus argumentos facilones que calan muy rápido y que hacen ver al extranjero como a un enemigo», dice un escritor que vive desde hace años en un pequeño pueblo de Navarra.

Arretxe llegó a la literatura tarde y fruto de su pasión viajera. Antes de crear a Touré, ese inmigrante detective del barrio bilbaíno de San Francisco, lo que le permite mostrar el contraste entre la ciudad rica y la degradada, viajó por enclaves lejanos de África, Asia y la Amazonía. Tras uno en bicicleta por el desierto del Sáhara, que culminó con un viaje en barco desde Dakar hasta Las Palmas de Gran Canaria, decidió contarlo en forma de diario. Así nació su libro 'Tibabu'. «Lo presenté a un concurso de libros de novelas de aventuras y gané. Gracias a ese dinero me fui haciendo escritor, poco a poco», rememora en La Palma.

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