El cineasta Gaspar Noé, en la capital grancanaria. / LPAFILMFESTIVAL

Gaspar Noé: «Algunos que me odiaban ahora me entienden»

El controvertido director argentino radicado en Francia presenta 'Vortex', donde aborda la demencia senil, en la Sección Panorama

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Con Gaspar Noé no hay término medio. Se le adora o se le odia. El propio cineasta argentino radicado desde hace años en Francia lo reconoce sin rubor. «Están los que me odian, los que me quieren y los que me ofrecen drogas en los festivales. Mi fama me precede. Algunos de los que me odiaban ahora me entienden, porque por ejemplo en mi última película se reconocen», explica el controvertido director durante la presentación de su último largometraje, 'Vortex', dentro de la sección Panorama del 21º Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.

El autor de títulos tan impactantes y polémicos como 'Irreversible' (2022), 'Love' (2015) y 'Climax' (2018), entre otros, fijó su mirada en esta ocasión en el ocaso vital de una pareja de ancianos. «Estuve en Buenos Aires, porque mi padre cumplía 89 años. Al volver a Francia planteé a los productores hacer una película rápida» sobre la demencia senil, una realidad que vivió de cerca con su madre y su abuela.

De esa idea primigenia salieron diez páginas de guion y contra lo esperado logró el «subsidio» de las instituciones públicas francesas y de Canal Plus para llevarla a cabo. La rodó en un edificio vacío y se decantó por la veterana actriz Françoise Lebrun que le había fascinado en 'La madre y la puta' y por el cineasta Dario Argento. «A él lo había frecuentado hace 30 años. Habla francés, es divertido y rápido. Además, me gusta su cine y él», explica con ironía.

La película la filmó muy rápido, en 25 días y bajo un duro protocolo sanitario por la pandemia. «En el piso en el que rodamos el techo era bajo. Éramos siete personas en torno a los dos actores. Fue asfixiante rodar con máscaras, con un clima paranoico por la covid-19. El primero que enfermó durante el rodaje fue el inspector de la covid», recuerda.

La culminó en abril y la estrenó en el pasado festival de Cannes. «Después hemos tenido que esperar nueve meses para que se distribuya», confiesa.

'Vortex' parece una anomalía dentro de su cine, donde la violencia, a veces extrema, es un elemento esencial. Gaspar Noé advierte de que puede ser una apariencia falsa. «Cuando vayan a verla traigan pañuelos. Muchos dicen que es mi película más violenta y al salir del cine de verla no me hablan. Los llamo a los dos días y se ponen a llorar y me dicen: ¿por qué me has hecho esto?», apunta entre risas.

En la película divide la pantalla en dos. «Es algo que ya hice en dos cortometrajes y en una película de nueve minutos para moda, que se llama 'Summer of 21'. Tiene más sentido en 'Vortex' porque refleja la doble soledad de dos personas desconectadas. Puede parecer un concepto artificial, pero es que viven en una burbuja».

Cuestionado sobre los paralelismos que el espectador pueda ver con 'Amor' (Amour, 2012), de Michael Haneke, Gaspar Noé se muestra muy claro. «La vi un mes antes de la muerte de mi madre. Lloré mucho. Pero la vejez no la inventó ni Haneke ni Vittorio De Sica. Existe desde siempre. Lo bueno es que el éxito de Haneke abrió la puerta para que los productores la vean rentable».