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Daniel Abreu. Daniel Olsson
Daniel Abreu: «La danza no son croquetas o cerveza, no tiene que llegar a todo el mundo»

Daniel Abreu: «La danza no son croquetas o cerveza, no tiene que llegar a todo el mundo»

El bailarín tinerfeño vuelve al Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada de Gáldar con 'El Arco' el jueves, a las 20.30 horas

Gabriela Vicent

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 24 de octubre 2022, 23:32

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Nadie es profeta en su tierra, pero Daniel Abreu lleva más de 20 años haciendo danzar el nombre de Canarias por los escenarios de medio mundo. El reconocido bailarín tinerfeño, con compañía propia desde 2004, nunca se pone límites. Para él, la danza es «un arte efímero que nos pone en comunicación con nuestros ancestros». Quizás por ello, la simbiosis de su obra 'El Arco', representada en el escenario del Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada, es casi espiritual. Tras una primera toma de contacto en junio, la danza vuelve a tomar prestada la herencia de los antepasados para hacer que cobre vida. La cita es el próximo jueves, día 27 de octubre, a las 20.30 horas. La entrada es libre.

Abreu señala que adaptó para su actuación prevista «una obra ya creada al yacimiento de Cueva Pintada». «'El Arco' fue concebida para representarse en teatros, pero en Gáldar se apropió de una nueva dimensión que me ayudó a entender más la obra. Parecía que el público que la vio allí el pasado mes de junio, pudo recoger aquel yacimiento con vida, como si esas figuras que danzaron, fueran una prolongación de lo que allí se vivió siglos atrás. La arqueología pone sobre la mesa el alma de las civilizaciones y la danza es el motor para ver el alma de cada uno de nosotros. La danza, a pesar de tener una vertiente académica y codificada, responde al cuerpo. Y es ahí donde se aúnan arqueología y danza, en la búsqueda de sentido de lo humano», asegura.

Libre interpretación

Según Abreu, 'El arco' «es un juego de luces y sombras, de cuerpos que casi no se pueden ver, que se tocan y se separan, que se confunden y se vislumbran en muchas direcciones. Son figuras que narran una historia de cuidado, de amor adulto, diría yo. Hay muchos caminos para encontrarse y seguir. Pero siempre me parece más seductor que cada uno de los espectadores se haga una idea de lo que ve. Es una obra estética, y en el Museo de Cueva Pintada se remarcó más aún».

Después de 'La Desnudez', una obra con la que consiguió tres premios Max, Daniel Abreu confiesa que se planteó 'El arco' como un reto. «No me enfrento a mis propuestas como retos. Cada obra es el escalón de la siguiente. Así que cada obra nace como consecuencia de lo vivido, y su impronta marca los demás trabajos. Quizás lo difícil de 'El Arco' era estar Dácil González y yo juntos otra vez, con la compañía de música de Elisa Tejedor, y no caer en las mismas representaciones o caminos de 'La Desnudez'. Llevamos casi quince años trabajando juntos, sabemos entendernos y cuál es el camino de la creación. Eso ayuda, pero también sabemos que en el 2017 y en el 2021 no éramos los mismos ni creamos en las mismas circunstancias. Si alguien habla de una segunda parte de 'La Desnudez' o de una trilogía con otras obras, como han dicho por ahí, está hablando más de sus deseos que de una realidad, al menos no consciente», subraya.

Si no se consume no se conoce

No considera que la danza sea una manifestación elitista. «Lo que sí es verdad es que la danza no son croquetas o cerveza. No tiene que llegar a todo el mundo. Hay obras de danza para teatros o para espacios no convencionales, para practicar de forma profesional, como entretenimiento o incluso terapéutica, para ver en video o en un videoclip, para practicar en casa o en la disco. Así, a quien le gusta ver danza no tiene que gustarle practicarla, y así podría poner en duda todas las combinaciones. Lo que sí es verdad es que si algo no se conoce no se puede consumir. Que las programaciones de danza se vean reducidas por escasez de público o porque al responsable de la programación, ese médium entre el arte y las personas, no le interesa, habla más de otras cosas. Además, no todas las obras de danza son buenas, no todo el cine es bueno, no todas las croquetas están ricas… El gran público, ese que somos todos, necesita acercarse a los demás y a las cosas con menos arrogancia. No se puede pretender ver una obra de danza con códigos de teatro o cine, o en el peor de los casos, promocionarlo así. Imagínate querer entender la mecánica de un teléfono móvil con los conocimientos que se tiene para guisar papas. La danza tiene su lenguaje y no es el de la cabeza. Te puede no gustar, pero algo que está bien hecho siempre te va a tocar en algún sitio. No hablemos de danza metiendo en la misma caja todo lo que es, y todos los que somos», propone Abreu.

Referencias isleñas

El bailarín tinerfeño estima que hoy por hoy «la danza mueve y se mueve en Canarias» y destaca eventos como Masdanza, Danzattack, Traslación, Transitando o Mapas Fest, así como teatros con programación continua.

«Hay compañías que presentan su trabajo en estos y otros festivales, y muchos de ellos son referentes para otros artistas. Roberto Torres, Natalia Medina y José Luis Rivero han hecho posible la presencia, junto a las escuelas, los artistas y el público. A ellos se suman Acerina Toledo, Esther Martínez, Juan Reyes. También son importantes los espacios que acogen danza y programas de televisión como 'Somos Gente Fantástica', que hacen unos reportajes maravillosos de la agenda cultural de las islas…», comenta.

Daniel Abreu no cree que la danza deba trascender como género artístico para adquirir también una función social.

«No, no debe. Tiene fuerza para los que también queremos y podemos disfrutarla sin tener que mirar la vida como un déficit a reparar. Siento que últimamente hay un complejo de ayuda y de imposición moral que, en muchas ocasiones, se lee con otros intereses. Parece que se ha puesto de moda justificar la existencia, y en este caso, justificar lo artístico con ese buenismo colectivo que se apodera de nosotros no es sano. Igual este pensamiento se impone como una estrategia para crear públicos o para justificar subvenciones. Yo voto por ser menos políticos en los discursos», concluye el el Premio Nacional de Danza 2014 en la categoría de creación, otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

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