Dos actores en los alrededores de César

02/09/2019

Alrededor de los papeles que interpretan Maykol Hernández y Víctor Formoso gira buena parte de la trama de la gran producción escénica César Manrique, el musical, cuyo estreno se producirá el próximo día 12 de septiembre en el teatro Pérez Galdós de la capital grancanaria.

Formoso se transmuta en el perspicaz e incisivo diablo de Timanfaya, que centrifuga la conciencia de un César cuyo espíritu se somete a partes iguales a la exaltación y al pánico. Hernández encarna al que fuera amigo de la infancia del genial artista, Pepín Ramírez, quien liderara con una aguda perspectiva de futuro durante la década de los sesenta del siglo pasado, la progresiva transformación y modernización que sufrirá Lanzarote.

Maykol Hernández explica que el guion escrito por Manuel González «recoge la relación de amistad que Ramírez mantuvo con César, jalonada por los proyectos que llevaron a cabo juntos y que convirtieron a la isla de Lanzarote en un destino turístico de calidad en los que se conjugó el respeto por el medioambiente con la modernidad de sus diseños. Pepín ayuda a César a desarrollar y materializar su energía creadora», señala el actor canario, cuya familia materna procede de Lanzarote.

«El público podrá ver al Pepín de la juventud y al que llega a convertirse en presidente del Cabildo de la isla, pero sobre todo al amigo que se mantuvo fiel a César», añade. Por su parte, Formoso entiende a su diablo de Timanfaya como «una licencia poética que se ha permitido González» en el contexto de esta ficción sobre la vida del multifacético y apasionado creador conejero.

«Represento su alter ego, al antagonista que le acompaña durante el viaje de su existencia, desde que se plantea abandonar Lanzarote para alcanzar en Madrid una meta artística más sólida o al Nueva York en el que descubre el impacto de las vanguardias. Soy la tentación que le hace replantearse todos sus propósitos y convicciones, procediendo también de catapulta de su inspiración a la hora de crear, sin renunciar a buenas dosis de sarcástico humor y a enmascararme en otros personajes presentes en la vida de César», añade.

Ambos actores pertenecen a una generación que ha sabido rentabilizar en la última década su profesión desde un territorio geográficamente alejado de los focos de producción. Nacido hace 36 años, Formoso, que hace poco dirigió en el teatro Cuyás Siempre Alice y un rompedor Alceste, acaba de formar parte del elenco de corifeos de la ópera Sansón y Dalila producida por Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y el Teatro de la Maestranza de Sevilla, con dirección de Paco Azorín.

Maykol Hernández, de 38 años de edad, participó en el musical gamberro inspirado en La venganza de don Mendo de Muñoz Seca que dirigió Israel Reyes, precisamente el mismo director bajo el que se pone ahora a las órdenes en esta nueva producción que impulsan Mestisay y Clapso Producciones Teatrales. La televisión le ha reportado últimamente muchas satisfacciones. Lo pudimos disfrutar en la hipnótica ficción policíaca de Movistar+ Hierro interpretando al picoleto Braulio, y acaba de concluir en Hungría el rodaje para la televisión sueca titulada The ambassador, cuyo estreno en distintos países nórdicos está previsto para principios de 2020.

Tanto Hernández como Formoso subrayan que sienten que esta producción escénica que permanecerá en cartelera del 12 al 22 de septiembre, con diez funciones previstas, formará parte de sus vidas y de sus respectivas trayectorias profesionales una vez baje el telón. «Se trata de un producto en el que participan más de 70 personas de distintas disciplinas, con un concepto estético riguroso, que aborda la figura de un ser muy emblemático para los canarios, lo que implica asumir responsabilidad y los costes de una expectativa que ya percibimos en la calle», avanza Formoso. «La responsabilidad que conlleva poner sobre el escenario la vida de un ser tan querido en las islas como fue Manrique nos obliga a entregarnos con mucho esmero y celo, más allá del compromiso con la calidad artística que a toda producción seria ya se le presupone», añade Hernández, quien sostiene que este tipo de montajes «no solo llenan a los actores a nivel profesional, sino desde un punto de vista humano. Si en realidad crees en un proyecto creces siempre. Esto es una carrera de fondo y esta profesión es muy inestable. Hay que disfrutar de cada momento y valorar en lo que te encuentras comprometido que es lo que te permite dar lo mejor de ti», dice.

«Trabajamos con muchos equipos humanos de producción distintos –prosigue Formoso- y afortunadamente, los que tenemos un recorrido profesional en Canarias, podemos elegir lo que conviene o no a tu carrera».