La biografía de un «estoico apasionado»

13/03/2019

«Me considero un estoico apasionado, desde el convencimiento de que sin pasión no hay vida». Esta es una de las reflexiones sobre su propia figura que aparecerá en Martín Chirino, la memoria esculpida. Conversaciones con Antonio Puente (Galaxia Gutenberg), que llegará a las librería las próxima primavera.

ETIQUETAS:

Desde la editorial se apunta que se trata de una biografía artística e intelectual, además de humana, del escultor grancanario, que falleció este lunes, en Madrid, a los 94 años.

Durante tres años se han desarrollado las conversaciones entre el autor de las inmortales espirales y el escritor y periodista Antonio Puente, que lleva también la comunicación de la Fundación Arte y Pensamiento que vela por el legado del artista isleño, en el castillo de La Luz de la capital grancanaria.

Las charlas se desarrollaron tanto en la casa del artista en la isla como en su residencia de Morata de Tajuña, a las afueras de la capital del Estado.

Comenzaron en marzo de 2015, con la puesta en marcha de su Fundación, y se extienden hasta la inauguración de su exposición monográfica, titulada Martín Chirino en su Finisterre, que se pudo ver en la galería Marlborough de Madrid, a comienzos del pasado año. Aquella muestra incluyó piezas nuevas del artista, ya con 93 años, y contó con Francisco Calvo Serraller como comisario.

En aquel momento se cumplían 60 años de su primera individual, titulada Los hierros de Martín Chirino (1958), donde expuso su primer Viento, apuntan desde Galaxia Gutenberg.

A lo largo de esta biografía, el artista «desgrana la evolución de su pensamiento sobre la vida en general y el arte en particular». Para ello, se desarrolla un «testimonio cruzado que, a partir de su origen insular, tan determinante en su obra, se extiende a tres continentes: África, clave en la primera etapa de su formación; América, donde residió; y Europa, de cuyas vanguardias bebió para erigirse en aventajado representante del grupo El Paso».

Aquel movimiento lo define Chirino como «un oasis de informalismo en el páramo de la posguerra española».

Asegura a su vez en estas memorias que es «el hombre que, gracias a su obra, está hecho de una sola pieza, pero también está lleno de dudas».

Se autodefine incluso como «un solitario errante y cosmopolita». Considera que «el único límite al nomadismo perpetuo está en el taller, que es tal vez mi verdadero hogar».

Alude a su adorada playa de Las Canteras. Mientras pasea por ésta, dice, se pregunta «como podría abrir el horizonte y pasar al otro lado. En cierto modo lo he logrado», apunta.

«Los que nos fuimos hemos sentido tanta incertidumbre y orfandad como los que se quedaron. Tanto Manolo Millares como yo mismo quisimos explorar nuestros orígenes insulares, y, de una forma un tanto fortuita, los encontramos en el exterior», le dijo a Antonio Puente.