Rodrigo Cortés, con su 'Verbolario', un libro trufado de humor. / VIRGINIA CARRASCO

Un antidiccionario irónico del mundo

El cineasta y escritor Rodrigo Cortés publica 'Verbolario', un glosario de definiciones atravesadas por el humor y la ausencia de solemnidad

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

Más que un diccionario, Rodrigo Cortés ha compuesto un antidiccionario. En la misma entrada, el escritor y cineasta ofrece definiciones que pueden llegar a ser incluso contradictorias. 'Verbolario' (Random House), sección que todos los días aparece en el diario 'ABC', es el nombre también de la última obra de Cortés, un hombre polifacético que arroja una mirada lúcida, punzante y humorística sobre las cosas. De la A a la Z, desde «abandono» a «zuzón», el escritor despliega altas dosis de ingenio poético y filosófico. «Trato de contemplar el mundo de una forma muy desapasionada. La realidad es en ocasiones cruel porque resulta implacable», asegura Cortés sobre su libro, editado con esmero y a la antigua usanza, con factura artesanal. El autor es consciente de que pisa un terreno resbaladizo cuando trata de aprehender la realidad y reducirla a su esencia, como hacen los poetas. Por esta razón, para quitar gravedad a lo que trata, aporta una visión irónica. «Procuro no caer en la gravedad ni en la solemnidad».

Fue Juan Gómez-Jurado, amigo y compañero del podcast 'Aquí hay dragones', quien envió sin que Rodrigo Cortés lo supiera una muestra de su trabajo al director de 'ABC'. Desde entonces este cultivador del arte de la brevedad saca filo a las palabras. Su propuesta fue bien recibida por el director del rotativo y desde el 1 de agosto de 2015 ilustra una página con un fogonazo de perspicacia. Es así como ha escrito 2.500 entradas en su particular diccionario.

Los lectores se encuentran con una o varias acepciones que deslumbran y durante breves momentos descolocan la mente del lector. Las sinapsis cerebrales se descuajaringan, por ejemplo, cuando se lee la definición de «ajedrez»: «Juego que consiste en apretar las sienes mientras pasa el tiempo».

El autor metido a lexicógrafo parte de la premisa de que «el lenguaje sirve más para ocultar que revelar». El intríngulis de cada palabra, el verdadero significado es a menudo el «opuesto» que le atribuye la Real Academia Española (RAE). Es ese espíritu el que le lleva a concebir «fallo» como «veredicto del jurado incluso cuanto acierta».

«Comprender la pequeñez»

A veces se infiltra en el libro un sentimiento de pesimismo, pero al final siempre se impone el escepticismo. Si toma distancia respecto a su obra, Rodrigo Cortés piensa que nunca se toma demasiado en serio a sí mismo. «Comprendo mi pequeñez, contemplo las palabras desde muchos puntos de vista, todos susceptible de provocar algún tipo de risa».

 

El autor trata de aprehender la realidad y reducirla a su esencia, como hacen los poetas

 

 

'Verbolario' no existiría sin Isabel Vigiola, viuda del dibujante Mingote. Vigiola leía a Cortés y un día le invitó a comer y le enseñó su biblioteca, donde le mostró un ejemplar del 'Diccionario del diablo' , de Ambrose Bierce, un libro difícil de encontrar y cuya adquisición exige pesquisas de coleccionista. Es una obra rara, en las que el autor despliega su talento satírico y sarcástico para poner patas arriba el mundo. Isabel Vigiola vio la fascinación que suscitaba en su invitado aquel volumen, en el que Bierce invirtió 25 años de su vida, y se lo regaló. Ya en casa, el cineasta empezó a jugar con verbos y sustantivos y extrajo de la veta del lenguaje descubrimientos insospechados. Hallazgos que reunidos en un libro obran la magia: las palabras se relacionan entre sí y desvelan mensajes encriptados entre sus pliegues.

«Isabel Vigiola era una mujer especialísima, de mando en plaza. Lo anotaba todo en un cuaderno. En una ocasión fue a comprar un lenguado al mercado y se presentó con un metro para asegurarse de que cabía en el horno».

 

El autor parte de una información compleja para expresar la mayor densidad en el menor espacio posible

 

 

Sabedor de que el humor y la actualidad conjugan mal, el autor ha huido del trabajo del periodista para imprimir a su trabajo una vitola de permanencia. «Humor y actualidad no son necesariamente antitéticos, pero no son los mejores amigos del mundo. Aquello que se ciñe a la realidad generalmente es fungible, tres días después carece de vigencia, aunque a veces se producen extrañas sincronías». No ha estado tampoco en la intención del escritor perseguir el aforismo, género que ha cultivado en otras ocasiones. «En cuanto algo corre el riesgo de solemnizarse, procuro romper el vaso».

A diferencia de Bierce, que se explayaba en su definiciones, Cortés busca la esencialidad. Parte de una información compleja para expresar la mayor densidad en el menor espacio posible. «El lector toma una píldora que se descomprime en su boca y recupera todos los aromas y evocaciones de la información». Al cabo de siete años, Cortés no se ha cansado: su vocación de lexicógrafo perdura y seguirá dando juego.

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