Imagen del estudio 'Cell transcriptomic atlas of the non-human primate Macaca fascicularis'. / nhpca

Ciencia | Biología

El primer atlas celular del cuerpo de un mono abre vías de tratamiento de enfermedades humanas

La investigación es «una referencia fundamental y muy útil para futuros estudios de primates, pues ayudará a entender la naturaleza de nuestra propia especie», dicen los experos

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

Hace apenas un mes que se hizo público el hito histórico de haber descifrado, al completo, el 'libro de códigos' genético del ser humano (el genoma). Sin embargo, los genes se encuentran en los cromosomas, que a su vez se localizan en el núcleo de las células, por lo que el siguiente paso sería conseguir crear un mapa celular humano, con el fin de conocer cómo actúan las estructuras celulares frente a determinadas enfermedades y diseñar tratamientos más eficaces. Sí se ha conseguido, en cambio, el paso previo: la elaboración del primer atlas celular de todo el cuerpo de un primate no humano, un avance que abre una interesante vía de estudio para el abordaje de patologías humanas.

Gracias a la tecnología de secuenciación avanzada, que permite analizar células individuales con una gran sensibilidad y precisión, un equipo de investigadores de 35 instituciones internacionales de China, Alemania, Italia, Singapur, Suecia, Reino Unido y España, examinó 45 tejidos y órganos de monos macacos de cola larga (Macaca fascicularis) adultos, obteniendo un total de 1,14 millones de datos unicelulares e identificando 113 tipos de células principales. Los resultados se han publicado en la prestigiosa revista 'Nature'.

La elección de estudiar a los macacos de cola larga se debe a que este animal, junto a otros como los simios, es un tipo de primates no humanos, las especies más cercanas a las personas en el árbol evolutivo y, por lo tanto, las que más se parecen a nosotros a nivel celular, dándonos una idea más aproximada de cómo actúan nuestras propias células ante la enfermedad.

La base de datos podrá utilizarse con fines como: identificar los tipos de células que pueden contribuir a las dolencias humanas o hacer que las personas sean más susceptibles a enfermar, desarrollar métodos de diagnóstico y tratamiento de enfermedades, evaluar la eficacia de los fármacos clínicos, analizar la evolución celular entre especies y analizar las funciones cognitivas avanzadas del cerebro.

Identificar la Covid-19

Por ejemplo, en Covid-19, la mayor manifestación es la neumonía, porque SARS-CoV-2 infecta un pequeño grupo de células en el pulmón, pero también puede afectar a las células de otros tejidos, como el hígado y los riñones. Así, el mapeo unicelular del macaco puede ayudar a los médicos a entender dónde buscar signos de Covid-19 en los pacientes.

Esta herramienta también contribuirá a identificar qué células metabolizan las calorías de la grasa, permitiendo a los investigadores comprender los factores subyacentes que contribuyen a la obesidad; así como servirá para determinar qué células regulan los circuitos neuronales en el cerebro, lo que podrá conducir a posibles tratamientos para enfermedades neurológicas.

«Este trabajo será una referencia fundamental y muy útil para futuros estudios de primates, incluidos los humanos, pues ayudará a entender la naturaleza de nuestra propia especie«, expresa Pura Muñoz-Cánoves, una de las autoras del estudio, catedrática de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y profesora del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC). »Al comprender los tipos de células y sus características, los científicos podrán predecir el impacto de los tratamientos de enfermedades en estructuras celulares específicas y, por lo tanto, desarrollar enfoques más específicos para enfermedades genéticas monogénicas o complejas«, agrega el doctor Xu Xun, coautor del artículo y director de BGI-Research, el laboratorio chino que ha desarrollado la plataforma de secuenciación de datos utilizada en la investigación.

«Este estudio llena el vacío del mapa unicelular de los primates no humanos y constituye un rico recurso de datos que servirá de referencia para la evolución de las especies en el futuro, la ciencia del cerebro, la evaluación y el cribado de fármacos y los estudios de investigación preclínica», añade otro de los autores españoles, Miguel A. Esteban, de la Universidad de Jilin y los Institutos de Biomedicina y Salud de Guangzhou (Academia China de Ciencias).

Eso sí, los investigadores advierten de que, aunque las células entre monos y humanos puedan ser las mismas, han comprobado que la sensibilidad a los fármacos entre unos y otros difiere en algunos casos, por lo que un tratamiento que funcione bien en estos animales puede no tener la misma eficacia en indivisuos. Así, sostienen que se requiere una utilización cautelosa de estos datos al alicarlos enfermedades humanas.