Sandra Lavorel posa en la sede de la Fundación BBVA en Bilbao. / Luis Ángel Gómez

Entrevista | Ecología

«Ya no podemos confiar solo en las plantas para secuestrar todo el CO2»

Galardonada con un Fronteras de Conocimiento por defender la biodiversidad: ha creado un enorme catálogo de plantas que biólogos de todo el mundo usan para mitigar los impactos de la crisis climática

Isabel Ibáñez
ISABEL IBÁÑEZ

Sandra Lavorel ha impulsado la creación de un enorme catálogo de plantas, son ya más de 200.000 y creciendo. Mide cada uno de sus rasgos –altura, forma, tipo de hoja, tamaño de sus semillas...– con el objetivo de identificar patrones de biodiversidad. Se trata de relacionar esas características recogidas con la función que cada una de ellas desempeña en el ecosistema, para poder estudiar el impacto del cambio climático y buscar la forma de mitigarlo. Le ayudan en esta tarea los otros dos biólogos con los que compartió el año pasado el galardón Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación, Mark Westoby y Sandra Díaz, además de una legión de biólogos que alimentan y utilizan ese catálogo por todo el planeta. La base de datos se llama TRY (intentar en inglés) por la complejidad a la hora de ponerla en marcha y de conseguir que otros colegas compartieran ahí sus datos.

– ¿Podría explicarnos cómo puede ayudarnos la denominada 'ecología de los rasgos' que usted ha impulsado a la hora de conservar la biodiversidad?

– Con estos rasgos mostramos que es posible caracterizar el comportamiento de estas plantas dentro de su ecosistema y también el comportamiento del clima. Por ejemplo, en la selva Amazónica hay muchísimas especies y es importante saber cómo funcionan, pero es imposible descubrir y catalogar cada una de ellas porque nos llevaría siglos y miles de euros. Pero si conocemos características sencillas como sus rasgos, que se pueden detectar con sensores remotos, podemos conocer así la función que cumplen, facilitándonos el poder valorar estos bosques.

– Dice que determinadas plantas son polinizadas por determinados insectos teniendo en cuenta las características físicas de ambos. Si esos insectos en concreto desaparecen, y eso está ocurriendo, entonces esas plantas desaparecerán también. ¿Cómo podríamos usar su conocimiento para impedirlo?

– Algunas plantas dependen de insectos muy específicos para ser polinizadas y esto tiene relación con la morfología especial entre planta e insecto, y si no son polinizados exclusivamente por ellos pueden no reproducirse o morir. Conocer el encaje entre las plantas y sus insectos nos ayuda a comprender lo que significan estos para ellas, lo que debería conllevar una protección de los mismos e incidir en la lucha contra los pesticidas.

– Al margen de reducir las emisiones de CO2, tendremos que adaptarnos a los cambios que están produciéndose.

– No somos conscientes en nuestra vida cotidiana de que debemos adaptarnos, porque no nos afectan en el día a día esos incendios, esas inundaciones, el agua potable que nos va a faltar. Así que creo que es más fácil motivar a la gente a que la adaptación sea un fenómeno local, porque es más fácil pensar así que en todo el planeta. La adaptación es importante porque puede asumir formas diferentes, cada pasito puede provocar muchos movimientos y que estos generen a su vez cambios más grandes. Como modificar nuestros patrones de consumo; no es solo que beneficie al planeta, sino que nos beneficia en nuestro día a día.

La extinción de plantas

– ¿Quiénes son los culpables de la extinción de plantas?

– Yo no culparía a la gente, en la situación actual el causante principal tiene que ver con la destrucción y la degradación de los hábitats. Otras causas son la contaminación y la llegada de especies invasoras, gente que se lleva especies concretas por su valor médico y que colonizan otras zonas, o simplemente las sacas de su sitio y la extingues allí... Y todo esto interactúa con el clima, que aún no ha tenido un papel de extinción, al cambio climático me refiero, pero va a contribuir al empeoramiento de esos efectos.

– Muchos virus nos llegan por la pérdida de la biodiversidad, y más concretamente de vegetación, por la deforestación.

– Cuando los hábitats de algunos animales se destruyen y van hacia zonas habitadas o cuando los humanos se acercan a ellos por tener más campos para la agricultura, hay contactos y se transmiten enfermedades. También cuando la gente se lleva animales exóticos a su casa. Hay una historia poco conocida: cuando el ser humano empezó a domesticar los animales que ahora todos conocemos y que conviven con nosotros, surgieron muchas nuevas enfermedades que mataron a muchos humanos.

– Son las plantas los elementos que más ayudan a secuestrar el CO2?

– No hay una receta mágica. Sí desempeñan un gran papel, como también muchas algas en los océanos, así como que hay un carbono permanentemente secuestrado en los arrecifes de coral. Pero también contribuyen los organismos de la biota del suelo. Las plantas no pueden hacerlo todo ellas solas. Y es muy poco probable que, teniendo en cuenta la velocidad que necesitamos para encontrar soluciones, sea suficiente confiar ese papel solo a las plantas. Tiene que haber otros sistemas basados en la tecnología.

– Por cierto, con tanto tiempo entre plantas, ¿cree que sienten, que gritan si se les hace daño, que se comunican entre sí?

– No soy consciente de tanto, pero sí de que emiten o liberan sustancias químicas para comunicarse entre ellas. Y bajo tierra tienen las raíces interconectadas para transmitir información y signos de estrés.