Imagen aérea de Maspalomas, en el sur de Gran Canaria. / Arcadio Suárez

Turismo a media asta

David Morales
DAVID MORALES Las Palmas de Gran Canaria

En donde desempeño profesionalmente, las banderas de la fachada siguen a media asta. Fuimos de los últimos negocios turísticos no sólo de Canarias, sino de toda España, forzados a cerrar el 26 de marzo pasado por motivo de la dura, inesperada e impactante pandemia.

Y en ese delicado momento en que tanto el empleo pasaba a absoluta fase hibernación, como en que -aún peor- cientos de compatriotas fallecían un día sí y otro también, los pocos que por allí aún quedábamos, decidimos, antes de echar el cierre, improvisar un sentido homenaje a nuestras islas y a nuestro país a través de un humilde acto a las banderas de Canarias y de España, símbolos por excelencia de las personas que aquí convivimos al cobijo de las mismas. Ya nos sintamos con ellas cobijados sentimental y/o institucionalmente.

Han pasado casi cinco meses desde aquella emoción compartida con mi equipillo del alma, el que de verdad te sustenta y da apoyo humano, emocional y profesional los 365 días del año. Y las banderas siguen a media asta. Aun siendo consciente de que el luto oficial del Estado tuvo lugar protocolariamente durante los diez días que transcurrieron entre el 26 de mayo y el 05 de junio de este actual 'annus horribilis' no, lo siguiente.

La esperanza -que claro que es lo último que se pierde- estaba puesta en que la actual temporada de verano sirviera de período de prueba y de readaptación para nuestro sector turístico. O lo que viene siendo lo mismo. De toda nuestra economía isleña.

Modesta (porque veníamos del ya mítico 0 turístico) fase preparatoria de todo el sector con la vista puesta en la próxima temporada de otoño e invierno, la temporada 'alta' del turismo en Canarias, en la que tradicionalmente miles de europeos huyen de las frías temperaturas invernales en busca de su recarga energética a través de nuestro sol. Y en la que se confiaba -y aún se confía a pesar de los pesares- en que se logre poner cerco real al Covid19, permitiendo así regenerar la confianza tanto de los actores y empresas privados que constituyen la locomotora turística; como la confianza del elemento clave: el usuario, el consumidor, el demandante. En definitiva, el turista.

Que la recuperación no resultaría fácil, no se discutía. Pero cierto es que, en el caso de Canarias, y tras la reapertura de fronteras varias desde el 01 de julio que a su vez llevó aparejada la reapertura paulatina de hoteles, apartamentos, restaurantes, comercios, rent-a-cars, complejos de ocio, etc., el referido optimismo tenía por bandera tanto los muy positivos datos de la presencia y control de la pandemia en las islas; como la también reactivación paulatina de nuestra fundamental e imprescindible conectividad aérea (sin la cual les recuerdo que n-o-s-o-m-o-s-n-a-d-i-e). Todo lo cual -baja incidencia del coronavirus y aumento progresivo de nuestra conectividad- nos situaba en una favorable posición de cara a las preferencias turísticas de esos, insisto, miles de visitantes deseosos de esa experiencia de libertad y oxígeno post-confinamiento.

Ahora nos encontramos con que, al igual que una piedra en mi camino me enseñó que mi destino era rodar y rodar, de un lado nos llevamos al inicio de agosto el varapalo reinounidense de exigir cuarentena al regreso a The United Kingdom de todos los viajeros que pisen suelo español, Canarias incluida (con la lógica consecuencia empresarial de que TUI y Jet2, bien han dejado aparcaditos sus aviones hacia Canarias; bien los han redirigido hacia Turquía y Grecia, para regocijo turístico de aquellos lares); como, aún más doloroso, observamos perplejos como en las islas, de tener no más de 60 casos activos positivos en coronavirus a primeros de julio, ya hemos superado los ¡500 positivos! Cierto que la inmensa mayoría de los casos, sin revestir gravedad para las personas contagiadas. Pero sí que grave, una vez salvaguardada la salud a niveles de no riesgo vital, para nuestra economía igual a turismo.

El reloj de la cuenta atrás de cara a la temporada turística de otoño-invierno 2020-2021 ya está en marcha. Y de tan vital trascendencia para nuestra sociedad canaria es la necesidad de reactivar el turismo -en términos de empleo, seguridad, confianza y estabilidad socioeconómica- que, por favor,… ¡no deje de usar la mascarilla! Porque sí o sí necesitamos pasar del 0 turístico al 0 vírico técnico. Para reposicionarnos como destino turístico, si no seguro del todo, sí que muy seguro. Y para que nuestra frágil economía empiece a mostrar signos vitales que le permitan salir de la UCI en la que se encuentra.

A cuenta de que el incremento de contagios en las islas se ha producido, en un 85% de los nuevos casos, en menores de 30 años contagiados en momentos de ocio, reseñaba recientemente mi amigo y periodista Jaime Pérez Llombet en su perfil de Instagram que «…algunos no se han enterado de que sus siguientes 30 años pueden ser un interminable posguerra de desempleo y falta de oportunidades..(y que)..también ellos están jugándose la vida, la vida que les espera…».

Por desgracia, el turismo, como nuestras banderas, sigue a media asta. Y sólo cuando nuestro motor económico muestre señales de una auténtica recuperación (lo cual seguro coincidirá con ese por mí anhelado momento de reencontrarme con mis compañeros y amigos de faena), coincidente a su vez con una ansiada real normalidad en la que nadie queda por el camino a causa de la pandemia, sólo en ese momento, seguro que con mayor emoción si cabe y lágrimas en los ojos, volveremos a izar nuestras banderas.

Mientras tanto solo queda seguir remando. Y seguir honrándoles. A ellas y a ellos.