Amaro Pargo, corsario con patente y plaza

El catedrático de Historia de América de la ULL Manuel de Paz lleva años indagando, junto al investigador David García Pulido, en los archivos de medio mundo para poder demostrar que el halo de leyenda que ha envuelto a Amaro Pargo desde que vivió en el siglo XVIII es más real de lo que pareciera. Muchos historiadores han abordado el personaje, pero pocos han llegado tan lejos.

ROSA RODRÍGUEZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Amaro Rodríguez Felipe (1678-1747), más conocido Amaro Pargo, ha fascinado a los amantes de las leyendas de piratas y ha obnubilado a los historiadores más prestigiosos de Canarias. Desde Antonio Romeu de Armas hasta Francisco Morales Padrón, pasando por Manuel Fariña y Manuel de Paz, todos han sucumbido al personaje y todos, sin excepción, lejos de desmontar la leyenda que con el devenir de los siglos se tejió a su alrededor la han dotado de la realidad que le faltaba o que la fantasía había ocultado.

La primera persona que se aproximó a la figura del pirata desde un punto de vista científico fue la escritora María Rosa Alonso, que, según explica el técnico del Museo de Historia de Tenerife, Jesús Duque, comenzó a indagar en el origen del apellido Pargo para descubrir que «primero fue un apodo y luego se convirtió en apellido». Pero quienes más lejos han llegado son el catedrático de Historia de América de la ULL Manuel de Paz y el investigador histórico David García Pulido, que han buceado en infinidad de archivos hasta dar con documentos inéditos que certifican que Amaro Pargo, si no fue pirata, al menos fue corsario y que la casa de Machado, conocida como la Casa del Pirata, «expoliada y arruinada por los buscadores de tesoros», fue suya. Como prueba aportan la escritura de compra la vivienda y la finca, ubicadas en el entorno de la ermita de Machado, levantada en 1534 bajo la advocación de la virgen de El Rosario, con la que tuvo una enorme relación, por su devoción, y de la que fue -como de muchas otras- un gran benefactor. En ella cuelga el que se creía que era el único retrato del hombre al que el rey Felipe V protegió y nombró capitán de mar para prestar servicio en la Compañía de Honduras y al que otorgó patente de corso. En ese retrato aparece como orante entre los siervos de Dios fray Juan de Jesús y sor María de Jesús.

Hay otro cuadro, o al menos lo hubo, en el que Amaro Pargo está retratado y, según De Paz y García Pulido, estaba en la Casa del Montañés, en La Laguna.

Pero, además, han dado con documentos que confirman que no solo tuvo un hijo en Cuba, como ya Romeu de Armas había averiguado, sino que en realidad tuvo dos, el segundo en Tenerife, con una mujer casa. Y más aún, De Paz y García Pulido han podido constatar la inmensa fortuna que acumuló Amaro Pargo. Su testamento da fe de que fue «el mayor propietario de tierras de la comarca, desde Llano del Moro hasta Barranco Hondo», amén de varias casas y haciendas en otros lugares, dicen Manuel de Paz y David García Pulido en Amaro Pargo: héroe y forajido. Volumen I, la primera entrega de una serie que calculan que puede ocupar «ocho o 10 volúmenes» con la que darán a conocer todo el material nuevo que han ido hallando en archivos como el General de Indias, el General Militar de Segovia, el Provincial de Tenerife o los fondos del Museo de Historia y Antropología Tenerife.

Los últimos documentos sobre Amaro Pargo se dieron a conocer en las VI Jornadas sobre referentes materiales, historia y coleccionismo en Tenerife que se celebraron la semana pasada bajo el título Amaro Pargo. Armas, devoción y comercio en el siglo XVIII y que tuvieron como hilo conductor una pieza única, el primer cañón de navío que se ha hallado de manera casual en Canarias, en 2015 en Punta del Hidalgo. Jesús Duque, organizador de las jornadas junto a José Antonio Torres, explica que el cañón, que han datado en el siglo XVIII, por el material del que está hecho -hierro- y el tamaño, les dio la idea para hablar de ese siglo, del comercio con América y de las relaciones internacionales, centradas en un personaje prototípico: Amaro Pargo que fue, dice, «un gran comerciante y que engrosó sus beneficios gracias a las capturas de navíos enemigos». La exposición Arma enmudecida. El rescate de un cañón del siglo XVIII, montada por distintos departamentos del Museo de Historia y Antropología, Arqueología y el Cosmos, se puede visitar en la Casa Lercaro de La Laguna hasta diciembre.